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Spline: el editor 3D que funciona en tu navegador 

  • Spline es un editor de diseño 3D que funciona íntegramente en el navegador, sin necesidad de instalar ningún programa. 
  • Permite crear objetos, materiales y escenas tridimensionales, animarlos y añadirles interactividad con clics, desplazamientos o físicas realistas. 

Durante mucho tiempo, diseñar en tres dimensiones ha sido terreno reservado para manos expertas. Herramientas como Blender o Maya ofrecen posibilidades extraordinarias, pero cualquiera que haya intentado utilizarlas sabe que dominar incluso sus funciones más básicas puede requerir meses de práctica. 

Esa fue precisamente la oportunidad que Alejandro León detectó a comienzos de 2020, cuando empezó a presentar a inversores una idea que entonces despertaba más dudas que entusiasmo. Así nació Spline, una herramienta que ha democratizado el diseño 3D con una forma de trabajar mucho más accesible. Te explicamos cómo surgió el proyecto y qué posibilidades ofrece una plataforma que no ha dejado de evolucionar desde entonces. 

Así nació un proyecto muy personal 

El contexto no ayudaba. Como el propio Alejandro ha explicado en varias ocasiones, cuando empezó a presentar el proyecto a inversores, allá por 2020, muy poca gente pensaba que todavía hubiera espacio en un mercado tan competido. Sin embargo, este joven emprendedor chileno no se rindió y consiguió entrar finalmente en el proceso de selección de Y Combinator, la aceleradora de startups más prestigiosa del mundo. Esto le abrió definitivamente las puertas de los grandes inversores y así logró cerrar una ronda semilla liderada por Gradient Ventures, el fondo de inteligencia artificial de Google, con el respaldo de figuras como Guillermo Rauch, CEO de Vercel, y Vlad Magdalin, fundador de Webflow. 

Cinco años después, la herramienta ya es una de las más conocidas en el sector. Comenzó siendo un editor colaborativo para crear escenas 3D, pero con el paso del tiempo ha ido añadiendo muchísimas más funcionalidades hasta convertirse en una plataforma integral de diseño. En estos años ha incorporado, por ejemplo, sistemas de animación e interactividad, exportación directa para web y aplicaciones, integración con React, bibliotecas de materiales y modelos, variables conectadas a datos externos y, por supuesto, nuevas herramientas de IA. Más recientemente, la compañía ha ampliado su ecosistema con Hana, un nuevo lienzo orientado al diseño interactivo en dos y tres dimensiones, y con Omma, un agente de IA capaz de diseñar todo tipo de aplicaciones o páginas web a partir de una simple descripción en texto.  

Qué es exactamente y qué no pretende ser 

Conviene explicar primero en qué consiste esta herramienta para entender bien sus características. Spline es un editor de diseño 3D que funciona íntegramente en el navegador y ha sido creado con el objetivo de crear escenas, objetos y experiencias interactivas en tres dimensiones sin necesidad de instalar software. No es, por tanto, un sustituto de Blender o Cinema 4D y tampoco es un motor de videojuegos como puede ser Unity o Unreal Engine, aunque comparte con ellos algunos conceptos que iremos viendo. 

Su especialidad es el diseño de elementos 3D interactivos y ligeros que nos servirán en nuestros proyectos digitales, ya sean webs o aplicaciones. Por ejemplo, un objeto que gira cuando nos desplazamos por la página, un escenario en 360º por el que nos podemos mover o una landing page con un fondo tridimensional animado. Si tuviéramos que compararlo con un software posiblemente se parezca más a Figma que a los programas que hemos mencionado antes.  

Cómo se trabaja dentro de Spline 

La interfaz nos recuerda de inmediato a otras herramientas de diseño. Tendremos un panel de capas a la izquierda, un lienzo central y un panel de propiedades a la derecha. La principal diferencia es que en este programa el lienzo tiene tres ejes en lugar de dos y sobre él colocaremos los objetos para trabajar su volumen real.  

El modelado nos permite crear las formas más convencionales, como pueden ser los cubos, esferas o cilindros, que después podremos ajustar mediante parámetros numéricos o manipulando sus vértices. Y si queremos crear modelos más complejos, Spline nos permite modificar cualquier parte de un objeto con precisión, moldeándolo casi como si fuera plastilina para conseguir formas más naturales. También incluye una herramienta de dibujo con la que se pueden crear siluetas y trazados personalizados directamente en el espacio tridimensional y funciones para unir, recortar o combinar varias figuras sencillas hasta construir modelos mucho más elaborados. 

Otro de los puntos fuertes de Spline es la creación de materiales y acabados. El programa nos permite dar a los objetos el aspecto que queramos. Ya sea cristal, metal, plástico, dibujos animados o superficies brillantes, además de añadir texturas, degradados, vídeos y otros efectos visuales. Todo ello mediante una interfaz muy intuitiva, sin necesidad de que tengamos conocimientos de programación. No es que sea el programa más fácil de aprender a manejar, porque el diseño 3D siempre es complicado, pero resulta mucho más accesible que otras herramientas similares.  

También podemos hacer animaciones para mover, girar o cambiar el tamaño de cualquier objeto de forma visual.  

Aunque donde Spline realmente destaca, como ya hemos dicho, es en la creación de elementos interactivos. Por ejemplo, un objeto puede transformarse cuando el usuario hace clic sobre él, pasa el cursor por encima o se desplaza por la página, permitiendo crear escenas que responden a cada acción como si fueran una pequeña aplicación. Incluso es posible simular comportamientos físicos, como la gravedad o los choques entre objetos, para que las animaciones resulten mucho más naturales y realistas. 

De la pantalla al proyecto real 

Una vez terminado el proyecto, Spline ofrece varias formas de publicarlo o reutilizarlo. La opción más típica será insertar nuestra escena u objeto directamente en una página web mediante un pequeño fragmento de código que la plataforma genera automáticamente, sin necesidad de conocimientos avanzados de programación. Si desarrollas aplicaciones o proyectos más complejos también puedes integrar las creaciones en tus propios desarrollos mediante diferentes lenguajes y herramientas de programación. 

Además, los modelos pueden exportarse como vídeos, GIF animados o archivos compatibles con la mayoría de los programas de diseño 3D, por si queremos seguir trabajando en otras aplicaciones o compartir el resultado final. Una de las novedades más interesantes es la posibilidad de crear aplicaciones para iPhone y Android directamente desde Spline, sin recurrir a motores de videojuegos u otras plataformas de desarrollo. 

El trabajo colaborativo ha sido uno de sus puntos fuertes desde sus inicios. Varias personas pueden editar el mismo proyecto al mismo tiempo, viendo en directo los cambios que realizan sus compañeros, de una forma muy similar a lo que ocurre en herramientas colaborativas como Figma o Google Docs. Además, un mismo proyecto puede reunir numerosas escenas tridimensionales, lo que facilita organizar trabajos complejos sin tener que repartirlos en múltiples archivos. 

Su modelo de precios 

Spline funciona con un modelo freemium por tramos. El plan gratuito permite probar la herramienta y trabajar en proyectos personales o de aprendizaje, aunque las exportaciones para web incluirán una marca de agua que limita su uso en proyectos profesionales. Empezando con los planes de pago, el plan Starter tiene un precio de 12 dólares al mes con facturación anual o 15 dólares con facturación mensual. Aquí ya no tendremos esa marca de agua, podremos crear archivos ilimitados y, además, tendremos a nuestra disposición la biblioteca de materiales y la posibilidad de generar vídeos.  

El plan Professional es el siguiente tramo y el precio sube a 20 dólares al mes por asiento en modalidad anual o 25 en mensual. A cambio, podremos exportar el código, fundamental para el trabajo en web, y generar un número ilimitado de escenas por proyecto. Existe también un plan Enterprise, orientado a empresas que tiene un precio personalizado y añade inicio de sesión único mediante SAML, con soporte prioritario, entre otras funciones orientadas a empresas grandes. Al margen de estos planes, el uso de la inteligencia artificial tiene un coste extra de 5 dólares al mes, con los que compramos 2.000 créditos para usar en las funciones de IA, como la generación de objetos mediante texto o imagen.  

Cinco años después de aquellas conversaciones con inversores escépticos, la apuesta de Alejandro León parece haber resultado ganadora, aunque su futuro estará muy ligado a la evolución de la inteligencia artificial, que está simplificando cada vez más la creación de contenidos en tres dimensiones. La empresa es plenamente consciente de este cambio de paradigma y, en lugar de competir contra él, ha decidido integrarlo en el corazón de su estrategia. El mejor ejemplo es Omma, su nuevo agente de IA. De algún modo, Spline ha optado por aplicar la vieja máxima de «si no puedes con tu enemigo, únete a él». 

Christian Rojo
Christian Rojo
Periodista y fotógrafo con más de 20 años de experiencia colaborando con medios de comunicación en contenidos relacionados con tecnología y turismo. Diplomado en marketing digital, dirige la revista Descubrir, especializada en viajes, gastronomía y lifestyle. 

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