¿Te has planteado alguna vez cómo enseñar música respetando los derechos de autor sin complicarte? Detrás de cada partitura y grabación hay algo más que notas, existe un marco legal que protege el trabajo de compositores e intérpretes. Respetarlo no solo evita conflictos legales, también forma músicos más responsables.
Antes de nada, conviene desterrar la idea de que todo vale si el fin es educativo. La ley permite utilizar fragmentos de capítulos de libros o artículos, pero esto no da carta blanca, este derecho de uso del artículo 32 de la Ley de Propiedad Intelectual tiene un límite: la reproducción del 10% de la obra.
No obstante, tal derecho de uso nada tiene que ver con las partituras ni las obras musicales, ya que el artículo 32.5 LPI, las excluye explícitamente de este precepto. No se pueden fotocopiar o distribuir sin autorización o sin una licencia. Aunque no exista ánimo de lucro, repartirlas completas a los alumnos infringe derechos de autor. Legalmente, no se puede fotocopiar una partitura para repartirla bajo el pretexto de uso educativo o sin ánimo de lucro, ya que, para hacerlo, el centro debe obtener una licencia de la entidad de gestión correspondiente, que autorice específicamente la reproducción de la misma. De aquí que en la enseñanza musical se recurra a clásicos como Beethoven o Bach, cuyas obras son de dominio público.
En España, para que una obra literaria o musical esté libre de derechos tienen que pasar 70 años desde la muerte del autor o último coautor y 80 si ha fallecido antes de 1987. A partir de ese momento se puede utilizar, adaptar y compartir. Eso sí, hay que asegurarse de que no se está utilizando una edición moderna que incluya anotaciones o arreglos de otro autor que podría tener derechos vigentes. Para comprobarlo, podemos revisar el año de su edición, que suele aparecer en la primera página de la partitura o en su reverso. Otra posibilidad es investigar la fecha de fallecimiento del autor o coautores y hacer las cuentas. Aun así, no debemos olvidar que la nueva edición o arreglo de una obra musical (aunque la original se encuentre en dominio público) activa la protección de nuevos derechos para el autor arreglista, y que, en todo caso, la legislación española de derechos de autor prohíbe la copia de partituras en el ámbito educativo si no existe la debida autorización de uso de por medio.
Pero existen otras alternativas para los docentes. Desde utilizar obras con licencias abiertas como Creative Commons, que permiten compartir y reutilizar citando al autor y sin fines comerciales, a los múltiples recursos legales que ofrece la red. Es el caso de la plataforma International Music Score Library Project, con miles de partituras de dominio público clasificadas por país y estado legal, así como Mutopia Project, que distribuye partituras editadas por voluntarios bajo licencias abiertas.
También son interesantes la Biblioteca Digital Hispánica y Europeana para encontrar a materiales históricos libres de derechos, o repositorios como MuseScore donde los usuarios comparten transcripciones y arreglos con licencias libres.
Además, las escuelas de música y conservatorios pueden contratar licencias colectivas con entidades de gestión de derechos como SGAE o CEDRO. En esta última, la licencia permite a los alumnos y profesores acceder a la biblioteca de partituras digitales ePartitura de forma legal.

