La inteligencia artificial (IA) tropieza de nuevo con los derechos de autor, aunque esta vez al ritmo de algunas de las canciones más conocidas de la historia. Sony Music Publishing, Warner Chappell y otros editores musicales han interpuesto una demanda conjunta contra Anthropic por el uso masivo y no autorizado de composiciones musicales para entrenar sus modelos Claude.
Incluyen en la denuncia a los fundadores
La denuncia, presentada el 28 de agosto ante un tribunal federal de California, también señala como responsables individuales al consejero delegado de la empresa, Dario Amodei, y al cofundador Benjamin Mann. Las compañías editoriales más grandes del mundo en el ámbito de la música consideran que este es el mayor caso de apropiación indebida de propiedad intelectual denunciados hasta la fecha, informa Music Business Worldwide (MBW), que ha tenido acceso al documento judicial. También acusan a Anthropic de haber recopilado y copiado «decenas de miles de obras protegidas» para entrenar sus chatbots y para generar respuestas a partir de ellas.
Cuatro cargos por infracción de copyright
La demanda articula cuatro cargos distintos por infracción directa e indirecta por descargas mediante torrent y otras dos figuras relacionadas con la manipulación de la información sobre derechos de autor. Del mismo modo, la acusación pone nombre a las canciones afectadas en un amplio listado y entre ellas se encuentran Paper Rings, uno de los éxitos más sonados de Taylor Swift, y temas que ya forman parte del acervo clásico de la música moderna como Eye of the Tiger de Survivor, Livin’ On a Prayer de Bon Jovi, Uptown Funk de Bruno Mars y Hallelujah de Leonard Cohen.
Precedente de piratería a gran escala
El origen del conflicto se remonta a prácticas ya conocidas por otro proceso judicial, el caso Bartz contra Anthropic. Según explica Xataka, en 2021, Benjamin Mann habría descargado mediante BitTorrent al menos cinco millones de libros de la biblioteca pirata Library Genesis, a los que se sumarían un año después otros dos millones de obras obtenidas por empleados de la tecnológica desde Pirate Library Miror. En aquel proceso, el juez estableció en el fallo que se había producido piratería «a gran escala», señala MBW.
A este material se suma la extracción de letras desde plataformas con licencia como MusixMatch y LyricFind y la digitalización de libros comprados de segunda mano para lo que fue necesario destruirlos, según hacen constar las editoriales musicales en el escrito judicial.
Reproducción de la obra protegida
Uno de los puntos que más ha molestado a las editoriales es que Claude es capaz de «reproducir letras completas» cuando un usuario lo solicita, apunta el diario digital Qué!, a pesar de los filtros que la tecnológica tuvo que incorporar por orden judicial tras una demanda previa de Universal, Concord y ABKCO. Estos límites, indican los demandantes, son «fáciles» de sortear con solo «volver a realizar la solicitud» al modelo, apunta el portal especializado Music Business Worldwide (MBW).
El precio de infringir la propiedad intelectual
El impacto económico del litigio puede ser considerable. Las editoriales piden hasta 150.000 dólares por cada obra infringida de forma deliberada, además de 25.000 dólares por cada eliminación de datos de copyright, lo que según Zona Movilidad, podría traducirse en «cifras multimillonarias» dado el volumen de canciones implicadas. Por otro lado, el litigio se produce en un momento delicado para la tecnológica que está preparando una salida a bolsa con la vista puesta en una valoración de «dos billones de dólares», indica Xataka.
Fair use frente a compensación económica
Anthropic no ha tardado en reaccionar a las acusaciones y, a través de un portavoz de la empresa, ha manifestado a Reuters que ya es «la tercera» demanda por parte de los mismos abogados que «reciclan acusaciones de otros casos». También ha asegurado que se defenderán con «firmeza» en los tribunales al considerar que el entrenamiento de sus modelos está amparado por el fair use estadounidense. Sin embargo, el precedente no juega a su favor, ya que en septiembre del año pasado la compañía tuvo que acordar el pago de 1.500 millones de dólares para cerrar una demanda en esta misma línea presentada por autores de libros.
Lo que sí está claro es que todavía quedan capítulos por vivir de la batalla que enfrenta a los dos modelos que buscan cómo convivir. Por un lado, una industria tecnológica que cada vez necesita más datos para desarrollar sus sistemas; y, por otro, los titulares de derechos que reclaman que ese combustible creativo no puede ser gratuito.
Fuentes: MBW, Xataka, Qué!, Zona Movilidad, Reuters.

