Una creencia bastante extendida entre emprendedores y empresarios es que registrar una marca equivale a protegerla para siempre, pero la realidad es que el registro solo es el principio. Si eres de los que piensa que el título de propiedad es inamovible, debes saber que se puede perder una marca por no usarla. Te contamos cómo evitarlo antes de que sea demasiado tarde.
Empecemos por aclarar lo más básico.
El registro otorga protección infinita en el tiempo mientras el propietario realice la renovación efectiva de la marca. En España y en la Unión Europea, la duración inicial del registro es de diez años desde la fecha de solicitud, renovables por períodos sucesivos idénticos de forma indefinida. Ahora bien, transcurrido el plazo de 10 años, la marca debe renovarse. Si no lo haces a tiempo, dispones de un periodo de gracia de seis meses, pero una vez superado, la marca caduca y se pierden los derechos sobre ella.
Dicho esto, la renovación por sí sola, tampoco es suficiente. La Ley de Marcas, en su artículo 39, establece que un signo distintivo puede declararse caducado si no se ha utilizado de manera real y efectiva durante cinco años consecutivos para los productos o servicios que se registró. En este caso, un tercero puede solicitar su caducidad por falta de uso. Además, ten en cuenta que no sirve un uso simbólico, debe tratarse de una actividad comercial con presencia real en el mercado.
Cuando se inicia un procedimiento de este tipo, la carga de la prueba recae sobre el titular de la marca. Es decir, eres tú quien debe demostrar que la has utilizado, por lo que es vital conservar facturas, contratos, campañas publicitarias, material de marketing o publicaciones digitales que acrediten que la marca ha estado activa. Si no puedes probarlo, perderás la exclusividad, aunque hayas renovado el registro en plazo.
Un caso que ilustra de forma práctica la falta de uso es el de la marca James Bond. Un tercero ha reclamado la caducidad de sus derechos en la Unión Europea y en Reino Unido alegando que no se ha explotado comercialmente en clases específicas de productos y servicios concretos durante años. Aunque el procedimiento se encuentra en curso y su alcance se limita a determinadas clases, si una marca tan icónica puede verse comprometida, ninguna está a salvo.
Todo esto demuestra que proteger una marca exige una gestión activa que incluye planificar las renovaciones, implantar sistemas de alerta y vigilar posibles usos no autorizados por terceros. Pero no te alarmes, puedes apoyarte en expertos como Safe Creative que se ocupan de estas tareas de forma profesional.

