- Usar presets en Lightroom cambia la forma de editar fotografías. En lugar de configurar cada imagen desde cero, podremos usar estilos ya predefinidos que se aplicarán de forma automática.
- Entender cómo se configura un preset es fundamental para usarlo bien. No se trata solo de aplicar un efecto, sino de saber qué parámetros están modificando la imagen.
Si eres fotógrafo y te enfrentas a cientos o miles de imágenes de una misma sesión, es fácil caer en una crisis bastante común. Las primeras fotografías reciben toda la atención, ajustas cada detalle con precisión y mucho amor. Pero, a medida que avanza la edición y el tiempo pasa, el nivel de cuidado disminuye y acabas recurriendo a ajustes automáticos para terminar cuanto antes. Los presets, o ajustes preestablecidos en la terminología oficial de Adobe, son la respuesta a ese problema. Lightroom los está integrando cada vez de manera más natural y en internet es fácil encontrar a la venta multitud de catálogos de presets editados por fotógrafos profesionales o alimentados por IA. En este artículo te explicamos cómo configurarlos desde cero y la mejor manera de organizarlos.
¿Qué es exactamente un preset?
Un preset no es más que un conjunto de parámetros de revelado configurados previamente para que puedas aplicarlos directamente a tus fotografías con un solo clic. Podríamos equipararlo con un filtro de Instagram, aunque la comparación no sería justa porque el preset trabaja sobre los datos originales de la fotografía y podemos modificar o matizar cualquier detalle sin perder información.
Una confusión frecuente es pensar que basta con aplicar el preset y ya tenemos todo el trabajo hecho, pero no es cierto. Si utilizamos un buen catálogo de presets podremos agilizar mucho el proceso de revelado, pero, en la práctica, tendremos casi siempre que terminar de definir los detalles de la fotografía de manera manual.
Salvo en situaciones muy concretas, como puede ser en una sesión de estudio con una escena muy definida, lo normal es que cada fotografía tenga una exposición diferente o detalles variables como iluminaciones, sombras o ruido que tendremos que corregir de forma individual. Con el auge de la IA, han surgido algunas soluciones que intentan aplicar presets inteligentes para solucionar esto, aunque el resultado, de momento, no es tampoco perfecto.
¿Qué parámetros se pueden configurar en un preset?

Antes de configurar tus propios presets, conviene entender qué ajustes podemos definir o, mejor aún, cuáles conviene tocar y cuáles es mejor dejar fuera. Por ejemplo, mencionábamos antes la exposición y ese es precisamente un parámetro que no conviene nunca dejar fijado en un preset porque variará inevitablemente de una fotografía a otra. Lo que sí tiene sentido preestablecer son los parámetros que definen el estilo visual con independencia de la luz. Entre estos podemos incluir la curva de tono, el tratamiento del color, el viñeteo, la textura, el grano o la calibración de cámara. Y, si quieres darle un aire más creativo a la fotografía, también puedes definir un estilo en el tratamiento de sombras o las altas luces, entre otras muchas opciones.
Una buena idea es construir los presets por capas para tener mucha más flexibilidad a la hora de editar las fotografías. En un primer grupo podemos, por ejemplo, establecer parámetros personalizados para nuestra cámara como las correcciones de la lente. En la segunda capa podemos aplicar el estilo que queremos para nuestra fotografía configurando las curvas de tono, la saturación del color, la textura o el grano. Y, en una tercera podemos incluir los detalles más creativos como puede ser la calibración de los colores para tener siempre disponibles diferentes estilos de fotografía.
Cómo crear el preset paso a paso
El proceso para crear un preset es muy sencillo. Comenzamos editando una fotografía con los valores que queremos conservar y, una vez hayamos finalizado con la edición, tendremos que abrir el panel de Ajustes Preestablecidos, que encontraremos bajo las opciones de revelado en el menú principal. Ahí se nos abrirá el panel de administración con una lista de opciones que nos permitirá elegir exactamente qué parámetros formarán parte del preset. Tal y como decíamos antes, elegir qué incluimos será la decisión más importante.
Un buen consejo es prestar más atención al nombre de lo que normalmente haríamos. Llamarlo «Preset 1» u otro nombre genérico nos puede servir en un primer momento, pero, al cabo de un tiempo, cuando tengamos un catálogo más completo no recordaremos para qué lo creamos.
Es mucho mejor usar descripciones más claras como pueden ser por ejemplo «Configuración básica Canon», «Toque cálido para paisajes», «Retrato con contraste alto» u opciones similares que describan el uso que vamos a dar a ese preset. Un pequeño esfuerzo que nos ahorrará mucho tiempo en el futuro. Si tenemos una cuenta de Adobe Creative Cloud activa, los presets se sincronizan automáticamente entre dispositivos, de modo que cualquier preset creado en escritorio estará disponible también en la aplicación móvil.
La organización es muy importante
Entre los presets que creamos nosotros y los que podemos descargar de Internet, es fácil juntarse con decenas y cientos de opciones que acumulamos sin orden ni sentido. Lo más recomendable es comenzar a crear carpetas antes incluso de tener tu primer preset. Una estructura con sentido podría dividirse en grandes bloques según el tipo de preset. Por ejemplo: bases técnicas por modelo de cámara, estilos de color, blanco y negro, etc. Y, si realizas diferentes tipos de trabajo, también puedes crear carpetas por temática para separar los optimizados para retrato, paisaje, bodegón o arquitectura. Por supuesto, si acumulas veinte opciones para editar tus fotos de atardecer, lo mejor es que las reduzcas a dos o tres opciones.
Otro hábito que nos ayudará a ahorrar tiempo es mantener los presets de uso habitual en las primeras posiciones de cada carpeta o, mejor aún, añadirlos a nuestro listado de favoritos. Para lo primero tendremos que, simplemente, arrastrarlos hasta las primeras posiciones. Y, para añadirlos como favoritos, bastará con pulsar en el botón derecho del ratón sobre el preset que hayamos elegido y seleccionar «añadir a favoritos».
También conviene hacer copias de seguridad de los presets propios periódicamente. En macOS, los presets XMP se guardan en la carpeta de soporte de Adobe Camera Raw, mientras que en Windows se encuentran dentro de AppData/Roaming/Adobe/CameraRaw/Settings. Copiar esas carpetas a un disco externo o al almacenamiento en la nube no lleva más de dos minutos y evita tener que reconstruir toda la biblioteca si hay que reinstalar el sistema o cambiar de equipo.

No te vuelvas loco con los diferentes formatos
Si prefieres instalarte presets externos es posible que te confundan los diferentes formatos que están disponibles, pero tiene una explicación. Durante mucho tiempo, se guardaban en un formato «.lrtemplate», que era propio y exclusivo de Adobe. La propia compañía se dio cuenta de que no era lo más práctico y se introdujo el formato XMP que resulta ser compatible entre todas las plataformas y dispositivos.
El formato XMP, al no estar vinculado a ningún programa en particular, se ha convertido en el estándar por defecto para transferir ajustes entre aplicaciones, lo que permite aplicar configuraciones en diferentes plataformas. Si alguien te manda un archivo «.lrtemplate» antiguo, Lightroom Classic lo convertirá automáticamente al abrirlo. Si recibes un .xmp, puedes importarlo directamente desde la opción de «importar perfiles y ajustes preestablecidos» que hay en el menú de Archivo.
Presets externos: no es oro todo lo que reluce
El mercado de presets es enorme. Cualquier fotógrafo con cierto seguimiento en redes vende los suyos y sus fotos son tan bonitas que podemos creer que son milagrosos, cuando la realidad no es tan idílica. Antes de comprar o descargar conviene hacer una reflexión honesta sobre nuestras fotos propias, no sobre las imágenes de muestra que acompañan la venta.
Por poner un ejemplo, un preset creado para una foto de una Sony A7 sobre una playa bañada de luz mediterránea no nos va a servir de nada en la foto que sacamos ese día nublado con nuestra Canon. Lo más inteligente es no enamorarse de presets externos sin entender qué hacen y qué parámetros van a cambiar en nuestras fotos. De esta forma podremos ir aprendiendo a configurar nuestros propios presets con nuestra propia firma personal.
Porque, al final, los presets propios que vamos configurando con el paso de los años siempre van a ser más útiles que cualquier catálogo externo. Son más predecibles, más compatibles con el material propio y, en el mejor de los casos, acabarán definiendo nuestro propio estilo.

