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¡Libro digital, levántate y anda!

¡No me mienta! Empezaba usted a perder la fe en el libro electrónico, ¿a qué sí? ¡Penitenciagite, descreído! El libro digital en castellano, ese formato que llevaba años y paños prometiendo una revolución que nunca llegaba, se ha echado a andar. Los datos están ahí, mondos y lirondos. Eso sí, conviene leerlos con atención… Dos fuentes principales confirman el despegue. Por un lado, el Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros en España 2024 (elaborado por la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE) con el patrocinio del Ministerio de Cultura y de CEDRO), presentado en enero de 2025. Por otro, el Informe Anual del Libro Digital 2024 de De Marque (o DDCDCACL para los amigos: distribuidora de contenidos digitales conocida anteriormente como Libranda). Juntos, ofrecen una imagen bastante clara de lo que está ocurriendo, aunque (siempre hay un aunque) tampoco hay que exigirles más precisión de la que pueden dar. 

El número que importa 

Tras varios años de crecimiento moderado, el Barómetro refleja otro avance de los lectores en formato digital, que alcanza el 31,7% de la población española. No es que sea una cifra que permita hablar de hegemonía (a ver, siete de cada diez siguen más fieles al papel que Penélope a Ulises), pero sí supone un progreso real tras una etapa de vacas más flacas que las del sueño del Faraón. Conviene matizar qué significa exactamente ese porcentaje: incluye cualquier forma de lectura digital (libros comprados, descargados, prestados o leídos en plataformas), no únicamente el mercado comercial. Aun así, la tendencia es clara: el lector digital crece… y crecerá. El entorno, como diría Jorge Valdano, refuerza esa idea. Por primera vez, el porcentaje de población que lee libros en su tiempo libre supera el 65% (65,5% ¡me pondría a llorar!), y desde 2017 el crecimiento acumulado ronda los seis puntos. El lector español, en suma, no desaparece. Más bien amplía sus hábitos. ¿A qué le cuesta creérselo? Tranquilo, al que suscribe también. Pero ahí está el frío dato. 

Las pantallas preferidas 

Cuando se trata de elegir dispositivo, el panorama aporta menos sorpresas que el menú de un hospital. El e-reader sigue siendo el soporte preferido para leer libros digitales, seguido del ordenador y el móvil. No se trata de preferencias excluyentes (la mayoría utilizan varios a la vez), pero sí dibujan una jerarquía funcional. Que el e-reader lidere la lista es lógico: lo diseñaron justo para eso, oiga. Lo interesante es que la consolidación del móvil confirma un cambio de hábito más profundo. La lectura digital ya no se limita a momentos dedicados exclusivamente a leer; se integra en los tiempos muertos, en los desplazamientos, en los intervalos. Leer, en ese contexto, compite con notificaciones, correos y otras distracciones. Que prefiera un libro dice bastante a favor del usuario. 

El mercado en cifras 

Para observar el comportamiento económico del libro digital hay que volver al informe de De Marque. Las cifras apuntan a un crecimiento del mercado en el conjunto del ámbito hispanohablante en 2024, aunque a un ritmo inferior al registrado en el año anterior. Es decir: el mercado crece… pero con menos impulso. Más no se apure, amante del e-book, eso, lejos de ser malo, suele indicar maduración: los crecimientos sostenidos, aunque no proporcionen titulares, tienden a ser más estables. Piano, piano si va lontano, que decía mi amigo Mario, el fontanero. España (¡oh, sorpresa!) continúa siendo el principal mercado del libro digital en castellano, seguida de México y Estados Unidos. En América Latina, el comportamiento va por barrios: unos mercados crecen con dinamismo, mientras que otros se ven lastrados por contextos económicos hostiles. 

Lo que la gente quiere leer 

Si hay un dato que no admite interpretaciones es este: la ficción domina el consumo digital. Novela contemporánea, género negro, romántica o histórica concentran la mayor parte de las descargas y ventas. Tampoco hacía falta ir a Delfos para averiguarlo: son géneros que favorecen la lectura continuada, que se adaptan bien a la pantalla y que invitan a seguir leyendo. El formato no ha cambiado las preferencias del lector; simplemente ha ofrecido otra vía para satisfacerlas. Otro rasgo relevante es el peso del fondo editorial. Una parte significativa de las ventas digitales corresponde a títulos publicados hace más de un año. A diferencia del mercado impreso, donde la novedad impone su ley con mano de hierro, el libro digital prolonga la vida comercial de las obras. No es una revolución, pero sí una corrección interesante de ciertas inercias del sector. Al menos el e-book no vive pendiente solo de la maldita mesa de novedades… 

El elefante en la habitación 

Toda esta imagen de crecimiento tiene, inevitablemente, su contrapunto: una parte muy importante de la lectura digital en España se realiza sin pasar por caja. El propio Barómetro indica que más de la mitad de los lectores digitales acceden a libros de forma gratuita, ya sea a través de bibliotecas, plataformas de préstamo o servicios de suscripción, junto con otros canales cuya legalidad es, vamos a decir discutible, por no mentar cosas más gordas (y más ciertas). Este dato no invalida el crecimiento del formato, aunque le echa agua al vino. El aumento de lectores no se traduce en un crecimiento de ventas. Y sin dinerito, pues ya se sabe… 

En este contexto, los modelos de acceso legal, especialmente bibliotecas y plataformas de suscripción, han experimentado ciertas dificultades. Algunos informes señalan una reducción en el volumen de préstamos digitales, vinculada tanto a cambios en la financiación pública, como al final de determinados programas europeos. Hablando en plata: a ver qué pasará cuando haya que rascarse el bolsillo. Y a todo esto se suma un formato que no deja de ganar terreno: el audiolibro. Su crecimiento ha sido notable, impulsado sobre todo por modelos de suscripción y por un público que incorpora la escucha a rutinas cotidianas como desplazamientos o tareas domésticas. Sí, ya: no es exactamente lo mismo que el libro digital tradicional, pero comparte ecosistema tecnológico y, en cierto modo, la misma lógica de consumo flexible. 

Lo que dicen los números (y lo que callan) 

Pero no seamos siesos: el panorama general es positivo (sin echar cohetes, vale, pero positivo). El lector digital crece, el mercado avanza, los dispositivos se diversifican y los hábitos se adaptan. No entierre usted al libro en papel, pero tampoco caiga en el error de afirmar lo que decían del teléfono móvil: esa es una moda de pijos que durará dos telediarios. ¿Se consolidará este crecimiento en transformación profunda? Podría. ¿Se trata de una adaptación progresiva a un entorno cada vez más digitalizado? Parece. ¿Apostamos sobre seguro? Ambas cosas ocurren simultáneamente. Pero sí: el libro digital en castellano crece. Sin estridencias, sin desplazar al papel, sin ganar en nada. Que no sea esa la clave de su éxito: que ha dejado de prometer una revolución para limitarse a existir. Porque existir, en el mundo editorial, ya es para darse con un canto en los dientes. 

🪧 Aviso: los artículos de Opinión reflejan las perspectivas de sus autores. SafeCreative no se identifica necesariamente con los puntos de vista expresados en ellos.
Jordi Solé
Jordi Solé
Es licenciado en Ciencias de la Información. Tras dos décadas ejerciendo como periodista en diversos medios decidió pasarse al mundo de la ficción. Desde entonces, es autor de más de una docena de novelas de distintos géneros habiendo ganado los premios Néstor Luján de novela histórica y Prudenci Bertrana, ambos en catalán.

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