¿Pintar te convierte en una persona más feliz? Alai Ganuza cree que, como poco, «ayuda a dar color a la vida cotidiana». Esta pintora bilbaína nacida en 1993 ha convertido su singular paleta en seña de identidad y fuente de inspiración de los más de 639.000 seguidores de Instagram y 56.000 de TikTok. Además, cientos de ellos aprenden a pintar en su academia online y en los retiros artísticos que organiza bajo la consigna de «sí, se puede».
Tips de Safe Creative se reúne con la artista al final de la jornada de uno de sus cursos, donde un lujoso hotel donostiarra se convierte en aula de pintura para sus alumnas, sobre todo llegadas de Estados Unidos. Este país es el principal mercado de su oferta docente y artística, y allí enseña y vende unos bodegones que no se limitan a frutas y otras viandas y también congelan chuches, peluches o fregaderos. La observación de todos ellos transmite un sorprendente buen rollo. Un mensaje muy consecuente, teniendo en cuenta que el nombre de la artista –Alai– significa alegre en euskera.
Pero sus creaciones más personales también incluyen retratos y otros géneros que no solo seducen en redes sociales. Alai Ganuza ha girado con su arte por Estados Unidos y participado en ferias españolas como JustMad y salas de exposiciones donde asegura tener que defender su personal mirada del arte: «Yo quiero salir del típico cubo blanco de la feria o de la galería. Quiero que mi stand sea como ‘¡ah, ¡qué bien estoy aquí!’, que es lo que me dice mucha gente”. Pero romper el molde del mercado del arte no siempre es fácil: «Me ha tocado pelearme para poner la pared rosa, pero yo sé bien cómo vender mi obra», defiende una artista a la que conviene tener en el radar.
¿Quién soy?
Alai Ganuza es una pintora que se intentaba autodescubrir en redes sociales y ahora, sin embargo, es una pintora profesional. Entonces, estoy muy orgullosa de que se pueda, ¡se puede! Y no solo eso, sino también educadora, instructora, llámalo como quieras. Y mi objetivo, es inculcar a la gente que se puede pintar.
De la facultad de Física a la de Bellas Artes
Tuve un profesor, pues que era super cercano e incluso hacía la ciencia como un juego, y a mí eso me gustaba mucho. Yo me acuerdo, ¡superempollones!, pero yo me acuerdo que había un grupito, cuatro, seis… que volvíamos corriendo del recreo para ponernos en la pizarra para hacer los primeros el problema, o sea, una locura. Y eso me llevó a hacer física. Lo que pasa es que yo he crecido con mis abuelos, he tenido una circunstancia en la que tenía que al final cuidar de ellos.
Y no podía presentarme a exámenes. Repetimos, repetimos… y acabé cansada, dije: «¡Ya está, no quiero saber nada más!». Y fue en ese momento cuando pensé en dejar de estudiar, al final ni una cosa ni otra. Nada. Y me dijo mi pareja: «No te veo yo que cada vez que estás en un momento duro, que no sabes cómo agarrar, lo que haces es pintar. Siempre estás creando algo». Siempre era mi hobby, «por qué no te dedicas a esto de manera… ¡de verdad!».
De la universidad a las redes sociales
Es cierto que me enamoré de la pintura, pero cada vez se enseña menos tradicionalmente y más expresivo, abstracto, contemporáneo, más a ver qué pasa en la universidad y yo no… no me gustaba lo que yo estaba haciendo.
Entonces, empecé a pintar para mí otra vez, chiquito, todos los días. Y las redes sociales, para mí, eran una obligación: ya que lo estoy publicando, pues no puedo fallar al día siguiente. Y pinto otro, y pinto otro…
De las redes sociales a la venta online
Y de esa manera, no solo encontré mucha gente que empatizaba con el concepto de no saber lo que quieres pintar, estás intentando buscarte a ti misma o no te gusta y pruebas diferentes estilos, sino que encontré realmente algo que me gustaba mucho. Crecieron esas redes sociales, la gente empezó a primero comprarme las cositas que hacía, lo cual para mí era muy loco: tener que hacer una tienda. Verme forzada a hacer una tienda online chiquita, rápida y corriendo, porque la gente quería comprar los estudios que yo estaba publicando. Y luego, encima, que la gente demandaba en plan: «¿Cómo has hecho esto?». Y «¿me enseñas?». Y «¿me haces un tutorial?». Y «¿puedes grabar la próxima que hagas esto?» Entonces, todo eso creció mucho: plot twist!, aquí estamos.
De la venta online a la formación
Esto empezó porque empecé a hacer mis cursos chiquitos, empecé a hacer incluso los típicos talleres en estudios de otros artistas o en escuelas alrededor del país, pues que me llamaban, me decían: «Vamos a hacer un fin de semana». Y yo les he enseñaba, pues, a ocho, diez, quince alumnos y se quedaba pequeño.
Así que dije: «lo grabamos». Lo hacemos bien de una, o sea, editado, bien bonito, pues con múltiples cámaras, estudiado. Hacemos una plataforma en la que podamos volcar todo, de manera que cada uno lo pueda hacer a su ritmo. Y de esa manera, obviamente no tienes ese límite de número de usuarios al mismo tiempo, sino que puedes hacerlo, puedes llegar a muchísima gente.
Del pigmento al píxel
Es interesante porque, hoy en día, una de las muchas técnicas que existen —tenemos la acuarela, el óleo, el acrílico, el grabado… Hay de todo— pues una más es el digital. Y para mí el digital es un parque de juegos, porque no tienes ese compromiso con que estoy gastando pintura, estoy gastando espacio, no tengo que ceñirme a, no sé… no es un intento y «¡ay!», si me ha quedado mal, he arruinado el cuadro entero. No tiene esa presión. Obvio, se puede corregir, pero no es tan estricto. Así que para mí, el digital empezó como pues «¿probamos?». Voy a probar una paleta diferente o tengo que hacer un encargo y no estoy muy segura, pues lo pruebo primero en digital a ver qué tal quedan estos colores. Y ahora me he dado cuenta de que más allá de una prueba, realmente me parece un medio para expresarse creativamente. Así que he hecho también un curso.
El autodescubrimiento nunca acaba
Siempre sigo buscándome. Además, hay una cosa agridulce que pasa en las redes, que es cuando enseñas mucho, siempre hay mucha gente que pinta como tú. Entonces, por una parte, está esa competitividad y esa duda de si tengo que dar, de si tal, pero por otra parte, el que también haya gente pisando hace que tú también nunca pares: «¿A ver cuál es lo siguiente que puedo? ¿A ver qué más puedo?».
Derechos de autor
Por suerte ahora estoy encontrando cómo proteger toda mi obra. Porque al principio, si te dicen que no hay mucho problema porque, por el mero hecho de haber hecho tu obra, tú ya tienes los derechos sobre ella. Pero es cierto que yo creo que hace falta un pasito más. Porque nos enfrentamos a tiendas online, tiendas chinas que, ¡bueno!, pues hacen productos en masa. Ya he encontrado mis pinturas siendo vendidas en puzles y pinturas para pintar por números, y cosas así. Por supuesto. Entonces, creo que es necesario que tengamos cada vez más información y más acceso a proteger nuestra obra para que luego podamos reclamar. Siempre te piden: «Dame prueba de…», «la autoría de…». Entonces, creo que es fundamental poder proteger nuestra obra para defendernos sobre plagios, venta no autorizada, merchandising hecho con tu imagen de tiendas que no tienen tus derechos. Ese tipo de cosas.
Inspiración en lo cotidiano
Así que he seguido explorando todo el tema de la casa, los objetos cotidianos, peluches también. Mucha gente piensa que el bodegón solo es las uvas, el pajarito y la botella de vino. Bodegón es cualquier cosa, viene del inglés, el still life, todo lo que capturas, still, quieto. Bodegón es un peluche, puedes hacer bodegones divertidos, cosas que hagan sonreír, cosas más felices, no solo una botella.
El mercado
Yo creo que no es tan raro en Estados Unidos. Y es cierto que Estados Unidos es mi mayor cliente, así que yo imagino que están un poco más abiertos a estos colores.
Yo creo que en España todavía hay un arte muy tradicional arraigado en algunos casos y todo lo opuesto. Por ejemplo, aquí en el País Vasco, supercontemporáneo, superabstracto, metales, cosas grandes, cosas… Sin embargo, en ferias cuando me encuentro con el público que es algo muy bonito, encuentras ese choque, pero inmediatamente se abren. Inmediatamente encuentran lo bonito en ello. Y es muy guay, ver que aquí también, poquito a poco. Vamos alcanzando ese objetivo de entrar.
Me ha tocado pelearme. Ya no solo por meterme, porque voy encontrando gente que va confiando en mí: «Vamos a esta feria, vamos a la otra» Ya no solo por pelearme y entrar, sino por luego pelearme a la hora de cómo exponer mi obra. Porque yo quiero salir del cubo blanco de la feria típica, de la galería típica, quiero exponer… quiero que cuando voy a una feria mi stand sea como, «Ah, ¡qué bien estoy aquí!». Eso es lo que me dice mucha gente y me ha tocado pelearme con déjame poner la pared rosa, déjame poner, que yo sé cómo voy a vender bien mi obra.

