Quizá nunca te has parado a pensar que el mayor valor de tu empresa podría ser invisible. Marcas, patentes, programas informáticos o incluso una buena reputación pueden valer más que los inmuebles o la maquinaria necesarios para la actividad. Por eso, vamos a explicar qué son los activos intangibles y cómo protegerlos. Coge papel y lápiz que empezamos.
Has de saber que los activos intangibles son bienes no físicos que generan beneficios y multiplican la competitividad. Entre ellos se encuentran los derechos de autor, las marcas, las bases de datos, el software o determinados conocimientos empresariales. Aunque no siempre se reflejan de forma evidente en la contabilidad, son fundamentales para la innovación, el crecimiento y la diferenciación en el mercado.
Ahora bien, para que un recurso inmaterial pueda considerarse un activo intangible debe cumplir tres requisitos. Primero, que se pueda identificar y vender por separado o surgir de derechos legales y contractuales; segundo, disponer del control de los derechos para explotarlo; y, por último, que genere beneficio económico de forma continuada.
Llegados a este punto, conviene entender por qué es tan importante su protección. Si una marca se copia, una obra se plagia o una información confidencial se filtra, el valor del activo puede disminuir de forma significativa. Por eso, protegerlos es una cuestión jurídica, pero también una estrategia para preservar la ventaja competitiva de la empresa.
Existen dos vías principales de protección. La primera es la propiedad intelectual, que ampara las creaciones artísticas, literarias o de software desde su nacimiento. No obstante, inscribirlas en el Registro de la Propiedad Intelectual o en plataformas como Safe Creative facilita la prueba de autoría y fecha de creación. La segunda es la propiedad industrial, que requiere el registro obligatorio en la Oficina Española de Patentes y Marcas para que nazca el derecho sobre las marcas, logotipos o diseños industriales. Para una protección más amplia se puede registrar en la Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea.
Por último, existen activos que no pueden registrarse como determinados métodos de trabajo o el know-how empresarial. En estos casos, es imprescindible documentar los procesos, establecer protocolos de confidencialidad y conservar la información bajo sistemas seguros que eviten la pérdida del conocimiento ante la rotación de personal.

