- Los modos de fusión controlan cómo se combinan los píxeles de una capa con las capas inferiores y permiten oscurecer, aclarar, añadir contraste o modificar el color.
- Photoshop incluye 27 modos de fusión para capas, aunque podremos resolver buena parte del trabajo habitual aprendiendo a manejar los seis más populares.
Abrimos Photoshop, buscamos el panel de Capas, desplegamos los modos de fusión y nos encontramos con 27 opciones. ¡Veintisiete! Es lógico, por tanto, que la mayoría de los usuarios no se atrevan a investigar esta potente característica de Photoshop. O, como es mi caso, lo único que haga sea pasar de un modo a otro comprobando si alguno me convence sin saber muy bien qué estoy haciendo en realidad.
Así que vamos a aprovechar este artículo para aprender a trabajar de una forma más inteligente y entender cómo se organizan los modos de fusión. Explicaremos cuáles usaremos con más frecuencia, cómo afectan a las capas y en qué ejemplos concretos nos ayudarán a editar con mayor control.
Cómo interpreta Photoshop dos capas
Empecemos por lo básico. Un modo de fusión es la forma en la que Photoshop combina los píxeles de la capa activa con los de la capa que ya existe debajo. Dicho de forma técnica, el programa toma el color de la capa superior, lo compara con el color de la capa inferior y calcula un nuevo resultado para cada píxel.
Así, por ejemplo, con el modo Normal, la capa superior cubre la inferior según el porcentaje de opacidad que hayamos establecido. Al seleccionar otro modo, el programa empezará a tener en cuenta propiedades como el brillo, el tono o la saturación. El resultado puede oscurecer la imagen, recuperar zonas luminosas, aumentar el contraste o trasladar el color de una capa a otra.
Los modos de fusión están organizados en grupos según su comportamiento, lo que ya nos da una pista bastante útil de para qué sirve cada uno. El primero contiene Normal y Disolver. Después encontramos los grupos que oscurecen y aclaran, seguidos de los modos de contraste, los que comparan los valores de las capas y los que trabajan con tono, saturación, color y luminosidad. De esta forma, cuando queramos integrar una sombra podremos comenzar por el grupo de oscurecimiento. Para añadir un destello buscaremos entre los modos que aclaran.
Los modos de fusión se aplican desde el menú situado en la parte superior del panel de Capas. Podemos utilizarlos sobre capas de imagen, texto, formas, objetos inteligentes, capas de ajuste y grupos. Su efecto permanece editable mientras conservemos las capas separadas, de modo que podremos cambiar el modo, reducir su intensidad o eliminarlo más adelante.
Cómo funcionan los modos de fusión
Empecemos por lo básico. Podemos imaginar las capas de Photoshop como varias hojas transparentes colocadas unas encima de otras. En el modo Normal, la hoja superior tapa las inferiores en las zonas donde contiene una imagen. Si reducimos su opacidad podremos ver parte de lo que hay debajo, del mismo modo que ocurriría con un papel cada vez más transparente.
Los modos de fusión cambian esa realidad. En vez de limitarse a colocar una capa encima de otra, Photoshop analiza sus colores y decide cómo combinarlos. Algunas opciones conservan las partes oscuras de la capa superior. Otras hacen visibles únicamente sus luces y otros modos aumentan el contraste o trasladan el color de una capa a la siguiente.
La lista está dividida en grupos separados por pequeñas líneas dentro del menú. Esta organización nos ofrece la pista principal para orientarnos. Los primeros grupos sirven para oscurecer o aclarar, después aparecen los modos relacionados con el contraste y al final encontraremos los que trabajan con el color y la luminosidad.
Así, cuando queramos añadir una sombra comenzaremos por el grupo que oscurece. Para integrar un destello podremos acudir al que aclara y si necesitamos reforzar el volumen de una fotografía probaremos con las opciones de contraste.
Multiplicar para eliminar el blanco y añadir sombras
Multiplicar es el modo más conocido dentro del grupo que oscurece. Su comportamiento se basa en una idea muy sencilla. El blanco de la capa superior deja de verse, el negro permanece y los colores intermedios oscurecen la imagen que tenemos debajo.
Imaginemos que hemos escaneado un dibujo realizado con tinta negra sobre un folio blanco y queremos colocarlo encima de una fotografía. Si usamos el modo Normal veremos el papel completo y la foto quedaría tapada. Cuando cambiamos la capa a Multiplicar, el fondo blanco desaparece y los trazos oscuros se integran con la imagen inferior.
También podremos utilizarlo para crear sombras. Añadimos una capa nueva, elegimos Multiplicar y pintamos sobre las zonas que queremos oscurecer. Después bajamos la opacidad hasta que el efecto se integre con la escena.
Trama para quitar el negro y añadir luz
La Trama resulta igual de útil cuando queremos trabajar con elementos luminosos. Su comportamiento se parece al de Multiplicar con los tonos intercambiados. El negro de la capa superior deja de verse, el blanco permanece y los colores intermedios aclaran lo que tienen debajo.
Si tenemos una fotografía de fuegos artificiales tomada sobre un cielo completamente negro, podemos colocar esa imagen encima de otra y elegimos Trama. De esta forma el cielo oscuro desaparece mientras las luces siguen visibles. Podemos hacer lo mismo con chispas, humo iluminado, destellos o reflejos.
Este modo también puede ayudarnos a aclarar una fotografía oscura. Duplicamos la imagen, aplicamos Trama sobre la copia y reducimos su opacidad hasta alcanzar un resultado equilibrado. Una capa de Curvas nos dará más precisión, pero esta es una alternativa que puede ser más rápida en algunas circunstancias.
Superponer para dar más fuerza a la imagen
Superponer oscurece las sombras y aclara las luces. El resultado habitual es una imagen con más contraste, colores algo más intensos y una mayor sensación de profundidad. Podemos pensar en este modo como una forma rápida de dar más vida a una fotografía que ha quedado un poco plana.
Uno de sus usos más populares consiste en añadir texturas. Por ejemplo, podemos colocar encima de nuestra fotografía una imagen de papel, polvo, grano o una pared pintada y cambiarla a Superponer. La textura se mezclará con las luces y sombras originales en vez de cubrirlas por completo. Después bajaremos la opacidad para controlar su presencia y aplicaremos una máscara si queremos limitarla a determinadas zonas.
Superponer también permite aclarar y oscurecer zonas de forma manual. Creamos una capa nueva, la rellenamos con un gris medio y elegimos este modo. El gris deja de apreciarse sobre la fotografía. A partir de ese momento podremos pintar con blanco para iluminar y con negro para oscurecer. Si usamos un pincel con poca opacidad iremos construyendo el efecto de manera gradual.
Esta técnica se conoce como dodge and burn y se usa con frecuencia en retrato, fotografía de producto o publicidad. El nombre puede sonar complicado, aunque la idea es bastante sencilla. Pintamos luz donde queremos destacar volumen y añadimos sombra donde necesitamos profundidad.
La opción de Luz suave pertenece al mismo grupo y produce un efecto más moderado. También aclara las zonas luminosas y oscurece las sombras, aunque las transiciones resultan menos marcadas. Podremos usarlo para reforzar una fotografía de retrato, producto o interiores sin endurecer tanto la imagen.
Color para cambiar el tono de un objeto
El modo Color nos permite modificar el color de una zona mientras conserva buena parte de sus luces, sombras y texturas. Por eso resulta útil para cambiar el tono de una prenda, colorear una fotografía antigua o corregir una dominante localizada. Imaginemos que queremos convertir una camiseta roja en azul. Creamos una capa nueva, pintamos sobre la prenda con el azul elegido y seleccionamos el modo Color. Después utilizamos una máscara para evitar que la pintura afecte a la piel o al fondo. Los pliegues y las sombras de la camiseta seguirán visibles porque proceden de la fotografía inferior.
La Luminosidad es otra de las opciones y actúa sobre las luces y sombras mientras conserva el color de la capa inferior. Podemos verlo también con el ejemplo del retrato. Creamos una curva para conseguir más contraste y observamos que la piel se vuelve demasiado rojiza. Al cambiar esa capa de ajuste al modo Luminosidad, la corrección se concentra en las luces y sombras. Los colores mantienen un aspecto más cercano al original.
Qué diferencia existe entre Opacidad y Relleno
Los controles de Opacidad y Relleno aparecen juntos en el panel de Capas. Durante una edición sencilla suelen producir un resultado parecido porque ambos reducen la visibilidad del contenido. La diferencia se aprecia cuando la capa tiene efectos como un trazo, una sombra paralela o un resplandor.
La opacidad afecta a toda la capa junto con sus efectos. Si la reducimos en un texto con sombra, se irán desvaneciendo las letras y también la sombra. El relleno actúa sobre el contenido principal y permite conservar los efectos aplicados. Podemos bajar el relleno de un texto hasta cero y mantener visible su trazo exterior. Las letras quedarán huecas sin necesidad de convertirlas en píxeles.
Cuando trabajemos únicamente con fotografías podremos controlar la intensidad mediante Opacidad y olvidarnos de Relleno por el momento. Ya habrá ocasión de explorar sus diferencias cuando empecemos a usar estilos de capa o composiciones más elaboradas.
Qué hacen los demás modos de fusión
El resto de los modos está pensado para necesidades más específicas y no es tan habitual que las usemos. Disolver puede crear una textura formada por pequeños puntos, mientras que opciones como Subexposición o Sobreexposición permiten reforzar sombras y luces con más intensidad. También encontraremos modos orientados a generar contrastes marcados, acabados gráficos o efectos de color difíciles de conseguir con los ajustes habituales.
Otras opciones pueden ayudarnos en tareas menos creativas. Por ejemplo, Diferencia resulta útil para comprobar si dos imágenes están bien alineadas y otros modos permiten comparar colores, corregir dominantes o separar el tono de la saturación y la luminosidad. Probablemente los usaremos pocas veces, aunque conviene saber que están disponibles cuando aparezca una necesidad concreta.
Después de tanta información es posible que estés más perdido que antes de empezar. Por suerte, en la práctica basta con aprender a usar los seis modos principales, que serían: Multiplicar, Trama, Superponer, Luz suave, Color y Luminosidad. Podemos comenzar probándolos sobre una fotografía sencilla, reducir su intensidad mediante la opacidad y observar cómo cambia cada capa. Entender estos seis modos nos dará mucho más control sobre la edición y puede suponer un salto importante en la calidad de nuestras imágenes.

