About the work
Yo no odio la ley,
odio cuando la ley se olvida del que nació abajo.
No me hables de moral
si nunca tuviste que escoger
entre dormir tranquilo...
o sobrevivir despierto.
RoFlow.
Yo no vendo ideología, yo relato lo que vi,
muchos hablan del sistema desde un cuarto con jacuzzi,
yo aprendí que la justicia cambia según el ZIP,
y que el hambre da lecciones que no enseñan en la uni.
Mis letras tienen cicatrices, no palabras por llenar,
cada barra tiene un muerto que no pudo regresar,
yo también fui aquel muchacho que quería progresar
con dos pesos en el bolsillo y demasiada oscuridad.
En mi peor momento solo había ambición y engaños,
una jeva que mentía, par de socios temporarios,
los que estaban por la foto desaparecen con los años,
cuando el barco empieza a hundirse se conocen los contrarios.
Salía cuando anochecía, regresaba con el sol,
ojos rojos, mente fría, corazón en modo avión,
con un fierro que ni era mío dando vueltas por el block,
creyéndome inmortal porque todavía no llegó Dios.
La corta en la cintura, la conciencia por el piso,
mucho humo pa’ olvidarme de lo que nunca cicatrizo,
el dinero entraba rápido, más rápido se nos hizo
ver normal lo que de niños nos hubiera dado escalofríos.
La patrulla nos paraba, ya sabía nuestros nombres,
las mujeres comentaban, los menores querían ser hombres,
nos sentíamos intocables porque hablaban de nosotros,
hasta que vi que ser famoso en una esquina sale caro.
El respeto sale caro,
la calle cobra intereses aunque pagues por adelantado,
hoy preguntan por los nombres que ayer tenían al lado,
unos duermen en la cárcel...
otros duermen enterrados.
El respeto sale caro,
yo también creí que un fierro me volvía más pesado,
hasta que vi llorar la madre de un hermano condenado,
ahí entendí que ser temido
no es lo mismo que ser respetado.
Éramos gurises jugando a convertirnos en leyenda,
con la pólvora en la ropa y las cuentas en la libreta,
uno quería una cadena, otro soñaba una camioneta,
nadie hablaba de la cárcel hasta escuchar cerrar la reja.
Fierros debajo ’e la ropa, paranoia en la mirada,
una llamada a las tres podía cambiarte la jornada,
había códigos que valían más que toda la palabra,
pero un código se rompe cuando el miedo compra el alma.
Yo vi amigos por dinero convertirse en informantes,
vi enemigos darse abrazos cuando el negocio era grande,
vi al más duro de la esquina derrumbarse frente a su madre,
porque ninguna reputación te hace inmune a que te maten.
Pasamos del recreo a correr cuando sonaban tiros,
de cambiar figuritas a contar quién seguía vivo,
Barrio Nuevo fue testigo de que el juego no era un juego,
cuando un nombre en una pared reemplazaba a un compañero.
La televisión te llama delincuente en treinta segundos,
pero nunca te pregunta qué encontraste en ese mundo,
qué faltaba en esa casa, quién te enseñó aquel rumbo,
ni por qué un niño de doce ya quería controlar puntos.
No justifico lo que hice, tampoco voy a disfrazarlo,
hubo noches que fui mierda y tuve huevos pa’ aceptarlo,
pero si vas a contarme, cuenta entero el escenario:
no nacimos con un fierro...
alguien nos enseñó a necesitarlo.
El respeto sale caro,
la calle cobra intereses aunque pagues por adelantado,
hoy preguntan por los nombres que ayer tenían al lado,
unos duermen en la cárcel...
otros duermen enterrados.
El respeto sale caro,
yo también creí que un fierro me volvía más pesado,
hasta que vi llorar la madre de un hermano condenado,
ahí entendí que ser temido
no es lo mismo que ser respetado.
Hoy sigo con los códigos, pero pienso diferente,
la lealtad sigue primero, solo cambió lo que defiende,
antes cuidaba una esquina, hoy protejo a los presentes,
porque un hombre vale más por quién sostiene que por quién teme.
Todavía hay una Glock en muchas letras que escribimos,
porque negar de dónde vengo sería mentirme a mí mismo,
pero aprendí que el gatillo no corrige lo perdido,
puede callar a un enemigo...
nunca calla lo vivido.
Yo no soy ningún Mesías, solamente sobreviví,
con pecados que no cuento y cosas que jamás pedí,
si algún pibe escucha esto y se reconoce en mí,
que entienda que estar en guerra
no significa saber vivir.
El respeto sale caro...
pero perderte a vos mismo
sale todavía más.
RoFlow.
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RODRIGO MATHIAS BARBÉ GUERRA
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AI |
Human |
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| Creative direction |
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| Production |
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Title Calle y realidad
Yo no odio la ley,
odio cuando la ley se olvida del que nació abajo.
No me hables de moral
si nunca tuviste que escoger
entre dormir tranquilo...
o sobrevivir despierto.
RoFlow.
Yo no vendo ideología, yo relato lo que vi,
muchos hablan del sistema desde un cuarto con jacuzzi,
yo aprendí que la justicia cambia según el ZIP,
y que el hambre da lecciones que no enseñan en la uni.
Mis letras tienen cicatrices, no palabras por llenar,
cada barra tiene un muerto que no pudo regresar,
yo también fui aquel muchacho que quería progresar
con dos pesos en el bolsillo y demasiada oscuridad.
En mi peor momento solo había ambición y engaños,
una jeva que mentía, par de socios temporarios,
los que estaban por la foto desaparecen con los años,
cuando el barco empieza a hundirse se conocen los contrarios.
Salía cuando anochecía, regresaba con el sol,
ojos rojos, mente fría, corazón en modo avión,
con un fierro que ni era mío dando vueltas por el block,
creyéndome inmortal porque todavía no llegó Dios.
La corta en la cintura, la conciencia por el piso,
mucho humo pa’ olvidarme de lo que nunca cicatrizo,
el dinero entraba rápido, más rápido se nos hizo
ver normal lo que de niños nos hubiera dado escalofríos.
La patrulla nos paraba, ya sabía nuestros nombres,
las mujeres comentaban, los menores querían ser hombres,
nos sentíamos intocables porque hablaban de nosotros,
hasta que vi que ser famoso en una esquina sale caro.
El respeto sale caro,
la calle cobra intereses aunque pagues por adelantado,
hoy preguntan por los nombres que ayer tenían al lado,
unos duermen en la cárcel...
otros duermen enterrados.
El respeto sale caro,
yo también creí que un fierro me volvía más pesado,
hasta que vi llorar la madre de un hermano condenado,
ahí entendí que ser temido
no es lo mismo que ser respetado.
Éramos gurises jugando a convertirnos en leyenda,
con la pólvora en la ropa y las cuentas en la libreta,
uno quería una cadena, otro soñaba una camioneta,
nadie hablaba de la cárcel hasta escuchar cerrar la reja.
Fierros debajo ’e la ropa, paranoia en la mirada,
una llamada a las tres podía cambiarte la jornada,
había códigos que valían más que toda la palabra,
pero un código se rompe cuando el miedo compra el alma.
Yo vi amigos por dinero convertirse en informantes,
vi enemigos darse abrazos cuando el negocio era grande,
vi al más duro de la esquina derrumbarse frente a su madre,
porque ninguna reputación te hace inmune a que te maten.
Pasamos del recreo a correr cuando sonaban tiros,
de cambiar figuritas a contar quién seguía vivo,
Barrio Nuevo fue testigo de que el juego no era un juego,
cuando un nombre en una pared reemplazaba a un compañero.
La televisión te llama delincuente en treinta segundos,
pero nunca te pregunta qué encontraste en ese mundo,
qué faltaba en esa casa, quién te enseñó aquel rumbo,
ni por qué un niño de doce ya quería controlar puntos.
No justifico lo que hice, tampoco voy a disfrazarlo,
hubo noches que fui mierda y tuve huevos pa’ aceptarlo,
pero si vas a contarme, cuenta entero el escenario:
no nacimos con un fierro...
alguien nos enseñó a necesitarlo.
El respeto sale caro,
la calle cobra intereses aunque pagues por adelantado,
hoy preguntan por los nombres que ayer tenían al lado,
unos duermen en la cárcel...
otros duermen enterrados.
El respeto sale caro,
yo también creí que un fierro me volvía más pesado,
hasta que vi llorar la madre de un hermano condenado,
ahí entendí que ser temido
no es lo mismo que ser respetado.
Hoy sigo con los códigos, pero pienso diferente,
la lealtad sigue primero, solo cambió lo que defiende,
antes cuidaba una esquina, hoy protejo a los presentes,
porque un hombre vale más por quién sostiene que por quién teme.
Todavía hay una Glock en muchas letras que escribimos,
porque negar de dónde vengo sería mentirme a mí mismo,
pero aprendí que el gatillo no corrige lo perdido,
puede callar a un enemigo...
nunca calla lo vivido.
Yo no soy ningún Mesías, solamente sobreviví,
con pecados que no cuento y cosas que jamás pedí,
si algún pibe escucha esto y se reconoce en mí,
que entienda que estar en guerra
no significa saber vivir.
El respeto sale caro...
pero perderte a vos mismo
sale todavía más.
RoFlow.
Work type Music
Tags cumbia, plena, reggaeton, trap, maleanteo
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Registry info in Safe Creative
Identifier 2608216789856
Entry date Aug 21, 2026, 4:41 PM UTC
License All rights reserved
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Copyright registered declarations
Author - Composer. Holder RODRIGO MATHIAS BARBÉ GUERRA. Date Aug 21, 2026.
Author - Lyricist. Holder RODRIGO MATHIAS BARBÉ GUERRA. Date Aug 21, 2026.
Author - Song producer . Holder RODRIGO MATHIAS BARBÉ GUERRA. Date Aug 21, 2026.
Information available at https://www.safecreative.org/work/2608216789856-calle-y-realidad