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Memories
26 works in the collection
Antonio Guerra Alvarez
About the collection
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2023-08-07 Tempestades dentro
08/07/2023
Antonio Guerra Alvarez
Sus emociones iban sedimentándose unas sobre otras de una manera atropellada, sin ningún orden, haciendo que su alma creciera como crecen los terrenos de aluvión, de una manera intencionalmente desordenada, a fuerza de riadas, de tormentas, de avenidas, de diluvios y sequías, de días de pleno sol y de nubarrones. Sospechaba que era un alma vieja, siempre lo había pensado, y que eso había provocado que sintiera, a veces, más allá de los límites de ella misma. Esa era la razón por la que creía haber llegado a comprender el verdadero sentido de la vida, a encontrar el porqué de que a veces lloviese bajo el paraguas con el que se protegía de las tormentas que, de manera histriónica, estallaban de improviso, siempre en su interior, cuando el cielo era más azul. Jamás sintió miedo de atravesarlas.
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2308034964113
2023-08-02 reflejos
08/03/2023
Antonio Guerra Alvarez
Cada día, cuando se abría paso la mañana y todo comenzaba de nuevo , celebraba su particular liturgia de las horas. Lo hacía sin solemnidad alguna, sin alharaca ni boato, sin aspavientos ni golpes de pecho, con la naturalidad de quien sabe que al hacerlo renacería una vez más. Al despertar solía mirarse en un viejo espejo que siempre, desde que tenía recuerdo, estuvo apoyado en uno de los límites del universo desordenado y caótico en el que siempre había habitado. Le gustaba hacerlo porque tenía la certeza de que, como siempre, encontraría reflejada su alma. Un alma inocente, ilusionada e ilusionante, a veces pueril que abrazaba a un corazón que jamás reconoció las fronteras entre lo posible y lo imposible, entre lo real y lo irreal y que no sabía vivir abstraído de la emoción. Disfrutaba con la visión de quien fue, tal vez quien era aún, abstraída del tiempo, abstraída de su historia, como si nada hubiera pasado, como si nada fuese a ocurrir. Libre. Su reflejo era realmente ella.
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2308034964113
2023-08-02 reflejos
08/03/2023
Antonio Guerra Alvarez
Cada día, cuando se abría paso la mañana y todo comenzaba de nuevo , celebraba su particular liturgia de las horas. Lo hacía sin solemnidad alguna, sin alharaca ni boato, sin aspavientos ni golpes de pecho, con la naturalidad de quien sabe que al hacerlo renacería una vez más. Al despertar solía mirarse en un viejo espejo que siempre, desde que tenía recuerdo, estuvo apoyado en uno de los límites del universo desordenado y caótico en el que siempre había habitado. Le gustaba hacerlo porque tenía la certeza de que, como siempre, encontraría reflejada su alma. Un alma inocente, ilusionada e ilusionante, a veces pueril que abrazaba a un corazón que jamás reconoció las fronteras entre lo posible y lo imposible, entre lo real y lo irreal y que no sabía vivir abstraído de la emoción. Disfrutaba con la visión de quien fue, tal vez quien era aún, abstraída del tiempo, abstraída de su historia, como si nada hubiera pasado, como si nada fuese a ocurrir. Libre. Su reflejo era realmente ella.
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2308074998192
2023-08-07 Tempestades dentro
08/07/2023
Antonio Guerra Alvarez
Sus emociones iban sedimentándose unas sobre otras de una manera atropellada, sin ningún orden, haciendo que su alma creciera como crecen los terrenos de aluvión, de una manera intencionalmente desordenada, a fuerza de riadas, de tormentas, de avenidas, de diluvios y sequías, de días de pleno sol y de nubarrones. Sospechaba que era un alma vieja, siempre lo había pensado, y que eso había provocado que sintiera, a veces, más allá de los límites de ella misma. Esa era la razón por la que creía haber llegado a comprender el verdadero sentido de la vida, a encontrar el porqué de que a veces lloviese bajo el paraguas con el que se protegía de las tormentas que, de manera histriónica, estallaban de improviso, siempre en su interior, cuando el cielo era más azul. Jamás sintió miedo de atravesarlas.
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2309045226917
2023-09-04 Soledades
09/04/2023
Antonio Guerra Alvarez
Nunca había podido olvidar la primera vez que sintió la soledad adulta. El momento en el que todo a su alrededor cambió repentinamente de color y se hizo más oscuro a pesar de la luz. El instante en el que comenzaron a llenarse los vacíos con sus propias fantasías y en el que la imaginación se hizo dueña de su alma cóncava. Desde entonces quiso que su piel, que sabía vulnerable, se fuese tatuando suavemente con el recuerdo de la luz de otro tiempo. Quería que fuese así porque sabía que esa era la mejor manera de sentirse dueño de su propia vida. A veces sintió caricias que, en el vacío, lo marcaron con profundas cicatrices.
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2309045226894
2023-08-31 La Ventana
09/04/2023
Antonio Guerra Alvarez
A veces, cuando la mañana se abría paso entre las sombras, la claridad que entraba por la ventana, poco a poco, dulcemente, provocaba que su memoria fuese en busca de sus recuerdos. Unos recuerdos que encadenaba como se engarzan las cerezas en una cesta, sin orden, sin concierto, sin que nadie pueda prever la cadencia con la que saldrán de ella. Entonces disfrutaba sentándose en calma frente a la luz y dejar que su alma volase a su alrededor mientras su mente iba y venía cruzando, una y otra vez, las fronteras del presente. Uno de esos recuerdos, siempre venía a ella sin orden establecido, sin previo aviso, por sorpresa, nunca era el inicio ni el fin de la mágica cadena de emociones que iba lentamente construyendo. Siempre se veía a si misma en una de sus otras vidas. la primera, tal vez en la única. En la que fue posible ella misma, en plenitud. Una vida en la que todo fue posible, en la que no hubo más límite que su fantasía, en la que los sueños fueron la realidad y la realidad la mayor de las quimeras. Era entonces cuando sentía que el tiempo pasaba muy lentamente.
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2023-09-10 Abandonar los sueños
09/12/2023
Antonio Guerra Alvarez
Al entrar en aquel lugar de paredes desnudas sintió que el vacío, del que siempre había huido, había llegado a ocupar la totalidad del espacio que en otro tiempo ocuparon. Un espacio mínimo y, a la vez, inmenso en el que sus corazones, de manera imperceptible, con el paso del tiempo, se habían transformado en dos aberrantes formas poliédricas de cristal que desgastadas se quebraron, haciéndose añicos, con el mas pequeño roce. Tuvo la sensación de que habían escapado, de que habían abandonado sus sueños, de que ya no no eran viajeros unísonos. Al irse no quisieron salir por la misma puerta, no quisieron despedirse. Tenían miedo al saber que en cada uno de los adioses se escondía una pequeña muerte, que cabía la posibilidad de que no volvieran a encontrarse, de no volverse a ver. Esa fue la razón por la que decidieron dejar todo ordenarse, no despedirse y mantener la esperanza de volver a tenerse, a pesar de las horas yermas. Querían sentir de nuevo la emoción de esperarse
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2023-09-12 Fue
09/12/2023
Antonio Guerra Alvarez
Fue el pan y la cebolla, el sol en el centro de la tempestad, la armonía en la más estruendosa de las cacofonías. Fue su hiato vital, la pared que negó la vida al otro lado, el tictac apresurado que marcó los tiempos de sus infinitos destierros. Fue el norte de una brújula que quedó olvidada en un sueño perdido, la omega de un abecedario babélico que aprendió en otra vida, el olor a sal que en las noches de verano dibuja la marisma, la luz del mediodía. Fue la tarde encadenada a la mañana, la noche al salir el sol, el otoño cargado de flores y la primavera marrón y sin hojas, el único camino posible. Fue y seguía siendo, a pesar de que habían pasado varias vidas, seguía siendo.
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11/11/2023
Antonio Guerra Alvarez
Quiso esperar a que amainasen los sueños. A que el presente solidificase entre las agujas del reloj que presidía el anden sobre el que había construido sus despedidas tantas veces. Esperó allí donde tenía sentido una realidad en la que todo era posible, todo salvo la ausencia. En el lugar donde todo tenía cabida, todo salvo los actos de contrición, el dolor de corazones o los propósitos de enmienda. Pensó que no tenía nada que confesar, nada que declarar, y no lo hizo. Se sentó a esperar que llegase la hora de su partida, sin billete, sin horario, sin reservas, sin tiempo. Simplemente se sentó a disfrutar de cada segundo que habría de transcurrir mientras la luz se abriese paso en cada amanecer y se cerrasen en cada corazón que abrazaba la noche definitivamente. Esperaba, sólo esperaba, siempre esperaba.
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11/11/2023
Antonio Guerra Alvarez
Se sentaron juntos a esperar pacientemente en el mismo lugar por el que habían visto tantas veces desaparecer la mayoría de los sueños, en donde el tiempo convertía en sal a quienes se atrevían a volver la cara y reclamar el cumplimiento de las profecías reveladas. Confiaban en la vuelta de algunos de los que le fue negado el futuro, de los que fueron desterrados de la esperanza, de quienes, con propósito de la enmienda, desertaron voluntariamente de los presentes dolientes o de aquellos que en el pasado habían decidido ser infelices, incluso a pesar de ellos mismos. Sabían que, a pesar de todo, a veces sin tener conciencia de ello, a pesar de las ausencias, tal vez de las presencias, siempre habían vivido en la tierra prometida, que ese era su lugar.
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11/11/2023
Antonio Guerra Alvarez
Fue obligada a dejar de creer en lo no visible, a renunciar a los paraísos intangibles, a desconfiar de las promesas de madrugada y a rechazar los amores que se le antojaban inmarcesibles. Su mente se había anclada a la realidad como único medio de sobrevivir en aquel sinsentido en el que habitaba. Sin embargo, su alma seguía viajando de dentro a fuera y de fuera a dentro de la realidad castrante que la rodeaba e invitaba sin descanso a su corazón a que latiera libre, de forma arrítmica, sin patrón posible, a veces de manera disonante. Nadie mejor que ella sabía de los límites de la razón, nadie conocía como ella el lugar en el que el tiempo cóncavo se curvaba y, en rebeldía, pasaba a ser convexo. Nadie como ella era capaz de medir un tiempo en el que toda una vida cabía en un instante y en el que los relojes no eran capaces de pautar la emoción más pequeña. Fue obligada a memorizar el infame catecismo del tiempo perdido y forzada a cumplir con el precepto de adorar los nuevos vellocinos de oro de una verdad aparente y no revelada. Solo lo evidente y la razón le eran permitidas en aquel templo al que, obligada, acudía a orar cada mañana a los templos paganos. Sin embargo ella, a escondidas, llevaba un pequeño cofre en el que guardaba sus emociones y deseos que eran el único camino posible.
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11/11/2023
Antonio Guerra Alvarez
Ahora ya no era capaz de recordar con claridad cuantas veces había ido en vano hacia la luz que no procedía de ninguna parte. No era capaz de ver los fuegos fatuos que, de manera espontánea, sin previo aviso, con frecuencia, habían iluminado sus oscuridades más aterradoras. No recordaba su brillo, ni su color, ni la cadencia con la que iban y venían. Solo sabía que eran fosforescencias de invierno, solo de invierno, de cuando hace frío, de cuando el presente parece detenerse a pesar de tener la certeza de que la vida sigue latiendo bajo el manto pardo y gélido que ahora lo cubría todo, bajo la lluvia, de cuando la vida se abría paso en cada gota inapreciable de savia que viajaba por las ramas, ahora desnudas, de los árboles del jardín, de cuando el arroyo seguía discurriendo bajo el hielo que lo cubre y que parecía paralizarlo. Era el tiempo en el que los pecados originales de unos y otros pugnaban por encontrar un ilegítimo bautismo que liberara sus almas. Por encontrar un azul y fraudulento hechizo que hiciera que los sapos jamás fuesen en busca de princesas que los besasen. A pesar de lo vivido, ahora no añoraba su memoria, ni recordaba pasados dolientes, ni tenía condenas ni indultos pendientes. Había conseguido vivir feliz en el olvido.
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11/11/2023
Antonio Guerra Alvarez
A veces, cuando la memoria vencía al deseo y la vida se hacía tan densa, tan árida, que resultaba imposible vivirla, los recuerdos se solidificaban hasta hacerse bloques de granito de aristas asimétricas y caóticas, de una forma tan aberrante que era imposible acomodarlos, que alinearlos resultaba una quimera. Ese era el momento en el que los futuros se sublimaban y desaparecían ante ella, como estrellas fugaces, sin que pasaran por los estados intermedios que tanto amaba. A veces, pasado, presente y futuro nacían y se agotaban en el mismo instante, a la vez. Sentirlo la hacía especial, la hacía diferente. Era entonces cuando, de forma voluntaria, en nombre propio, en nombre de su propia libertad, decidía perder la razón y alejarse de la realidad de manera consciente para habitar el sueño recurrente de la primavera, de su propia primavera.
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2023-11-22
11/22/2023
Antonio Guerra Alvarez
Fue obligada a vivir indefinidamente en una realidad dicotómica en la que no eran admitidos los matices. Un universo castrante y doliente, en el que a pesar de todo, cada día, casi siempre de parto natural, desde sus adentros, desde lo más profundo de sus entrañas, nacían sueños que alimentaban la esperanza de poder volver a ser de nuevo en libertad. Hasta donde su memoria alcanzaba, recordaba haber sido obligada a mantener su alma encorsetada en preceptos sin sentido, a alimentar su corazón con las espinas de las rosas que, ya entonces marchitas, flanqueaban el altar de la mentira que presidía la casa, a sentir las emociones de manera vicaria, a amar siempre con amores confesables y a adorar ídolos con pies de barro. Una mañana, sintió que la luz era diferente, que iluminaba rincones que nunca habían resultado visibles para ella. Estaba sola, se sintió por primera vez libre y quiso dejar que la vida pasase ante ella. Se sentó y a pesar de saber de las dos salidas, está vez se negó conscientemente a decidir.
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2023-11-15
11/22/2023
Antonio Guerra Alvarez
Sin razón aparente consumía su tiempo, desprovista de las horas pares, intentando comprender la razón que asistía a quienes procuraban la perpetuación de sus sueños aberrados y aberrantes. Intentaba conocer la razón última que movía a aquellos que, preocupados por transmitir su herencia de oropel, se olvidaban del verdadero valor de ellos mismos, de quienes quienes eran, de quienes querían ser a pesar de ellos, de quienes habrían de soñar para siempre en pesadillas circulares. Cada mañana miraba a través de una vieja ventana que se abría al interior de una realidad que ya conocía y que, en su soledad, siempre había imaginado magnificada. Tal vez fuera el reflejo de su propia alma, el holograma de un interior imaginado en otros, el espacio desolado en el que convivían en pie de igualdad los pecados originales y las nuevas vidas inmaculadas al cargo de quienes jamás renunciarían a ser completos e impares a pesar de su soledad, a pesar de las ausencias, a pesar del dolor, a pesar de las renuncias y de las aceptaciones, a pesar de los amaneceres hipnóticos y los crepúsculos más estimulantes. Era ella, sólo ella, múltiple y única, insignificante y colosal, pasado y presente de un mismo segundo. Sólo ella, dueña de ella.
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2023-11-09
11/22/2023
Antonio Guerra Alvarez
Quiso esperar a que amainasen los sueños. A que el presente solidificase entre las agujas del reloj que presidía el anden sobre el que había construido sus despedidas tantas veces. Esperó allí donde tenía sentido una realidad en la que todo era posible, todo salvo la ausencia. En el lugar donde todo tenía cabida, todo salvo los actos de contrición, el dolor de corazones o los propósitos de enmienda. Pensó que no tenía nada que confesar, nada que declarar, y no lo hizo. Se sentó a esperar que llegase la hora de su partida, sin billete, sin horario, sin reservas, sin tiempo. Simplemente se sentó a disfrutar de cada segundo que habría de transcurrir mientras la luz se abriese paso en cada amanecer y se cerrasen en cada corazón que abrazaba la noche definitivamente. Esperaba, sólo esperaba, siempre esperaba.
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2023-11-25 La reina
11/25/2023
Antonio Guerra Alvarez
A pesar de que ella no lo sabía, era su reina. Una reina a la que a veces destronó y condenó sin posibilidad de indulto, sin posibilidad de redención, en juicio sumarísimo, sin defensa, sin disculpa, para siempre. Sin embargo, en lo más profundo, seguía considerándola su modelo más allá de las injustas desposesiones, más allá de los confines superficiales de lo cotidiano, mas allá de la estrechez de los caminos que le marcaba un alma que, por miedo a ella misma, se había amputado voluntariamente el amor y por eso siguió negándola. Alguna vez temió que al expulsarla de ella pudieran suplantarla quienes ni sabían, ni querían saber, de afectos inmarcesibles, de emociones incondicionales, de sueños llenos de esperanza o de horizontes redefinidos. Eso jamás ocurrió, su negación creó en ella un vacío vital que, aunque jamás quiso reconocerlo, le hirió profundamente. Un vacío que la acompañó siempre. A veces tuvo miedo a la soledad porque, a pesar de que siempre tuvo la certeza de que no podría jamás arrebatarle nada que no fuese material, albergaba la esperanza de poder completar su deseo. Cada amanecer la veía sentada en el mismo rincón, esperando, con la esperanza de un abrazo que nunca llegaba, de que la habitase nuevamente la vida. Era cuestión de azar.
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01-11-2023
12/04/2023
Antonio Guerra Alvarez
Esperó pacientemente a que llegase la noche, siempre lo hacía. Tenía el presentimiento de que en alguna madrugada, en el espacio difuso en el que se mezclan los dos presentes, volvería a ver como renacería en él la libertad. Así fue como un verano, a la luz de una dama de noche, al olor de la agotada lámpara amarillenta de la entrada de aquella humilde casa en el campo, asistió en primera persona al mayor de los milagros: ser testigo del parto de una nueva esperanza. Sintió la emoción de contemplar cómo la luz de la madrugada, esa que hace que los gatos dejen de ser pardos y que al fin nos venza el sueño, iba abriendo lentamente el horizonte convexo que comenzaba a intuirse. No pudo contener la emoción y recordó a aquellos que habían perdido la fe en el camino, a quienes habían abandonado por las heridas, a quienes tuvieron miedo y volvieron a esconderse en el lugar del que partieron. Se hizo a si mismo la promesa de no volver jamás a tener miedo.
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2023-12-18 Charlas gatunas
12/19/2023
Antonio Guerra Alvarez
Esa era la razón por la que decidieron que no habría en sus vidas ni noche, ni día, ni atardeceres, ni anocheceres, ni dolor, ni placer, ni sueños, ni realidades. Sólo habría un todo que daría sentido a los días. Decidieron, de común acuerdo, que solo habría tiempo regalado. Un tiempo esférico e infinito que perpetuase el placer de la conversación sin barreras, sin debe ni haber, sin deudas. Al mirarse nacían las confidencias, las revelaciones en las que jamás cabían delaciones ni encubrimientos. Eran verdad, ellos eran la verdad, la única razón de continuidad.
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2024-03-18
03/18/2024
Antonio Guerra Alvarez
Nunca tuvo miedo a cogerse de la mano que le prometió el viaje y a pesar de ello jamás dejó de mirar atrás, ni dejó de tener presente el lugar de donde venía. Su universo eran los afectos que habían quedado prendidos de los retrasos que acumulaba su viejo reloj. Esa fue la razón por la que vivió cada uno de sus sueños con la vehemencia de un niño, con el desasosiego de quien teme perder sus referencias, con el temor de quien siente el riesgo de abandonar su propia identidad a pesar de su deseo de querer emanciparse de ella, con la pasión de quien se abandona al azar de las horas, con el desasosiego de quien se siente de nuevo de camino al vacío caótico de donde provenía. Toda su vida sobrevivió anidada entre un sueño recurrente y su antagónico. En el primero la habitaba la capacidad de crear y en el segundo perdía la posibilidad de hacerlo. Uno y otro siempre le aterraban. Esa era la razón por la que siempre se resistió a cerrar los ojos en la oscuridad y siempre esperó las primeras luces de la mañana para poder perder la conciencia. Era la única manera que conocía de renovar los votos de la metamorfosis.
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2024-03-14
03/18/2024
Antonio Guerra Alvarez
Pensó que debía detenerse y lo hizo. Pensó que sería un buen momento para sentarse en aquella escalera por la que nadie subía, ni bajaba, hacía más de cuatro vidas. Pensó que debía darse tiempo y esperar que lo habitase algún sueño de los que siempre había vivido. Pensó que había llegado el momento de descoserle el dobladillo a las vidas que ya había vivido y que ahora se le antojaban diminutas y absurdas. Pensó que era hora de prescindir de los destinos ilegítimos que otros marcaron y detenerse a contar las baldosas amarillas del camino. Pensó que había llegado el momento de que el tiempo se detuviese allí mismo, en ese mismo instante, y quiso respirar con la fuerza con la que nunca lo había hecho. Pensó que debía empezar a vivir y lo hizo. A pesar del tiempo, dejó que la imaginación lo condujese sin peajes, sin tributos, en libertad.
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2024-02-19
03/18/2024
Antonio Guerra Alvarez
Siempre supo que había sido modelada con el barro que rezumaban los recuerdos que quedaban prendidos en las almas de quienes la amaban. Por eso, siempre intuyó que era hija de la memoria del tiempo vivido, de alguna mañana que se alargó con caricias y sin previo aviso, de los recuerdos difusos que remolonearon en su memoria y que, al quedarse en ella un poco más de lo debido, finalmente renacieron con una fuerza inusitada. Esa fue la razón que la invitó a empujar las paredes de su memoria hasta agrandar el espacio reservado a los recuerdos y así poder dar entrada en ella a la esperanza. Sabía que era la única posibilidad de construir un nuevo universo en el que poder habitar. Sin miedo, sin dudarlo, abrió la puerta y comprobó que la verdad seguía estando donde siempre estuvo, al otro lado.
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2403187359967
2024-02-16
03/18/2024
Antonio Guerra Alvarez
A pesar de tener un corazón puro, inocente, sin mancha. A pesar de que su alma recorría los caminos que otros ni tan siquiera habían imaginado. A pesar de su aparente vulnerabilidad, supo defenderse de quienes le negaban el derecho a ser en libertad, de quienes intentaban ponerle límites y fronteras. Su espíritu alado se negó siempre a pagar aranceles, a reconocer tributos, a rendir pleitesía a reyes que nadie había coronado y a adorar otros dioses que no fuesen aquellos con los que había tenido oportunidad de hablar. Por eso supo que debía construir un universo propio, a contracorriente, contra todos, sin medida, sin miedo, con el ansia de sentirse libre de una vez y para siempre. Una mañana, al sentir la luz, supo que había llegado el momento de materializar sus sueños. Cerró los ojos y, sin temor al fracaso, dio el primer paso.
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2024-02-09
03/18/2024
Antonio Guerra Alvarez
Allí permanecían desde no sabían cuando, desde no sabían cuantas vidas, desde no sabían cuantos pecados, inmóviles, estáticos, sin futuro y con demasiado pasado. Allí permanecían, en el mismo rincón de siempre, en el mismo sofá desvencijado, fijados a un presente que nunca podrían atrapar, clavados en un pretérito que lastraba sus almas hasta paralizar su emoción. Sin proyectos, sin anhelos, sin desear la llegada del instante siguiente. Allí permanecían, sabiéndose sin vida dentro de sus propias vidas, sin tener conciencia de las pequeñas muertes que sucedían en cada instante perdido. Allí permanecían, esperando el advenimiento de quien habría de mostrarles el camino por el que debían iniciar sus viajes. Nunca supieron que el camino eran ellos.
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las nubes son el camino
03/18/2024
Antonio Guerra Alvarez
Decidió que viviría, de ese momento en adelante, con la cabeza en las nubes. Ahora conocía cuál era su estado natural, la mejor manera de no perder la razón en los universos caóticos, disonantes y átonos en los que había habitado hasta entonces, desde que era capaz de recordar. Un universo en del que tantas veces había abominado. En el que el uso de la razón, los actos de contrición y las penitencias no merecidas se diluían en los presentes efímeros. Su vida era la realidad reflejada en un universo en el que la razón nacía y moría en cada instante vivido. En un espacio sin ayer, ni hoy, ni mañana. Sin pasado, sin presente y sin futuro, en el que el tiempo solamente estaba canonizado por la emoción. Esa era su área de seguridad, ese era su refugio, ese era su riesgo asumido. Por eso, aprovechaba cualquier ocasión para sentirse parte de una realidad que solo existía en ella.
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Reina destronada
03/18/2024
Antonio Guerra Alvarez
Fue la reina de ningún lugar y la esencia de todos, la canción de las almas perdidas, la memoria de los corazones ausentes y el olvido de los no queridos. Fue la ilusión desmedida en un presente continuo, el reflejo disonante e imperfecto de una melodía desafinada. Fue la vida vivida de un solo trago, el calor de un fuego fatuo ya extinguido, el sueño esculpido en lo imposible. Era así y, a pesar del desorden que reinaba en los espacios decadentes en los que habitaba, a pesar de las sirenas que habían quedado afónicas a fuerza de cantar y llamarla sin descanso, aprovechaba cualquier posibilidad de cerrar los ojos y dejarse llevar cuando le atravesaran los sueños. Así era feliz.
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