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32 works in the collection
Antonio Guerra Alvarez
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De la crianza
03/14/2023
Antonio Guerra Alvarez
Seguía sin poder controlar la emoción que le provocaban los nacimientos sucesivos de sus emociones que venían al mundo, siempre, de parto natural. Siempre huyó de las alumbramientos programados, de esos que llenan las salas de espera de las maternidades y quiso que sus sentimientos vieran la luz en la más absoluta intimidad, alejados de los ojos de aquellos que vivían obsesionados por encontrar los porqués de las almas. También rechazó siempre los fórceps, las ventosas y otros artilugios que le hacían parirlos a veces inmaduros, otras excesivamente sazonados. Tenía el convencimiento de que siempre nacían a término aunque la gestación durase un solo instante, casi siempre de improviso, sin esperarlo. Tanto deseaba tenerlos que dejaba que, cada día, la vida le fecundara el alma. Ese era su alimento.
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Llamadores
03/10/2023
Antonio Guerra Alvarez
Buscó sin éxito un bautismo que pudiese borrar el pecado original. Esa era la razón por la que insistentemente buscaba un camino que le condujese a las puertas de un presente iluminado y franco. Nada deseaba con más fuerza que poderlo encontrar. No hizo nunca caso a quienes predicaban el pasado como única verdad o a quienes prometían el futuro como la recompensa de los mansos, de los dóciles. Sabía que no era un camino fácil el que buscaba. Era el viaje que habría de conducirle hasta el campo de batalla más cruento, el de la lucha contra uno mismo. En más de una ocasión sintió que le sobraba media vida y muchas quiso cerrar los ojos.
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Nacen in paradiso
01/27/2023
Antonio Guerra Alvarez
Por accidente fue gestado en el interior cálido de la fruta del árbol de la ciencia del bien y del mal. Creció nutriéndose con la savia del fruto que tuvieron prohibido sus padres y todos los habitantes de aquel lugar en el que no era aceptada más verdad que la que había sido revelada. Un lugar en el que no cabían los sueños, en el que nunca era posible la emoción de los amaneceres y la melancolía de los crepúsculos. Un espacio en el que habían sido confinados y condenados a elegir entre una vida de días eternos o de noches interminables. Durante la gravidez fue creando pacientemente un universo que quería recorrer al ser parido. Una realidad más allá de los confines escritos en la que podría sentir la emoción de dibujar una nueva ruta en cada cambio de estación. Al llegar a término, nació sin avisar y la libertad fue su única comadrona.
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Escritura a mano
01/23/2023
Antonio Guerra Alvarez
Escribir era a la vez el alimento que lo nutría y el manantial que lo vaciaba. El sueño y la vigilia en las tardes de amor y desamor. El amanecer y el ocaso de cada una de las horas que le atravesaban. Tenía el compromiso de contar las vidas que llenaba solo o en compañía de otros. Esa era su única manera de sentir en plenitud. Los cuadernos que siempre iban con él estaban repletos de retales de memorias de grafito.
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Las horas dolientes
12/16/2022
Antonio Guerra Alvarez
Las horas avanzaban lentamente mientras caminaba arrastrando sus pies hacia un horizonte cóncavo que, según las escrituras, albergaba la tierra prometida. Cada minuto de ausencia la hería como lo hacía cada amanecer en soledad, como cada negación del presente al clavarse en su alma esperanzada. Por eso buscaba siempre elevarse por encima de la razón, por encima de lo material, ir más allá de lo normativo, derribar los prejuicios y perder el miedo a contravenir lo establecido para así poder ir más allá de los límites impuestos. Siempre creyó que era allí donde residía la verdad. Nunca dejó de buscarla.
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2023-07-03 No habría segunda oportunidad
07/03/2023
Antonio Guerra Alvarez
A lo largo de toda su vida guardó el que sentía como el legado más preciado que nunca había recibido. Aunque en un principio su incapacidad para proyectarse en el futuro hizo que lo recibiera sin tener conciencia de su verdadera trascendencia, pronto comprendió que debía asumir el compromiso de cuidarlo, conservarlo y protegerlo. Que nada debería ser nunca más importante que transmitirlo en su integridad a quienes le seguirían. Sabía que era la única posibilidad de crear vida más allá de él mismo. La única manera de construir un presente más allá del horizonte temporal que su limitada razón era capaz de distinguir. Por eso, cada día, abría aquel pequeño estuche que lo contenía para disfrutarlo unos instantes y volvía a cerrar aquel pequeño estuche. Tenía miedo a que pudiese dañarlo.
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2023-08-04 Hermes
08/04/2023
Antonio Guerra Alvarez
Como un nuevo Hermes, atravesó los límites impuestos por quienes no confiaban en sus capacidades. Por aquellos que establecían apriorismos sobre sus aptitudes y con ellos levantaban fronteras infranqueables que categorizaban el mundo, convirtiéndolo en una realidad gris, de sabor amargo que los confinaba a un metro cuadrado de espacio vital, sin posibilidad de horizonte ni cielo, sin futuro ni presente, en el que solo tenía sentido el dolor del pasado. Él siempre quiso que vieran la realidad desde el otro lado, desde la verdad. Por eso, quiso siempre acompañarlos en ese tránsito. A medida que recorrían juntos el camino, fue apagando las balizas que señalaban el trayecto de regreso. Quería mostrarles la ruta que debían seguir para llegar al otro lado de sus propios prejuicios, al lugar en el que era posible una vida sin cadenas en la mente, al espacio en el que la libertad la marcasen sus propias fantasías, sus propios deseos, sus propios sueños, en el que el presente en igualdad era posible.
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11/11/2023
Antonio Guerra Alvarez
Completó el viaje sin tener la sensación de haber alcanzado el destino que tantas veces había imaginado. Sintió que se había agotado el tiempo que le había sido confiado y tuvo la necesidad de acogerse, por última vez, al derecho a declararse apátrida en defensa propia para no tener que exiliarse una vez más de si mismo. Sintió que no era ya tiempo de tierra ni banderas, que no era el momento de fronteras ni aranceles, que había llegado el tiempo para la justicia, para los abrazos conscientes, para las caricias que se ofrecen desde el corazón, para las renuncias sin dolor, para las heridas que cicatrizan sin previo aviso, sin sutura. Sólo el estado de sus zapatos y las rosas amarillas marchitas que le fueron regaladas al iniciar el camino daban testimonio del tiempo transcurrido y del trayecto recorrido. Sin embargo, a pesar de que se sentía cansado, vio cómo su reloj de arena se iniciaba de nuevo. Supo entonces que empezaba un nuevo viaje, en otro lugar, bajo otro sol, con otra luna.
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2024-03-06
03/18/2024
Antonio Guerra Alvarez
Aprendieron a vivir el otoño con la emoción inocente con la que los niños viven un primer día de escuela con zapatos nuevos. Aprendieron que las agujas del reloj tejían redes en las que, con frecuencia, la vida quedaba atrapada agotando el tiempo de la certidumbre. Aprendieron a evitar las huellas que dejaban los dedos furtivos en algunas de las pasadas primaveras yermas. Aprendieron a transformar los límites en umbrales de nuevos espacios por vivir. Aprendieron que la única regla era la ausencia de reglas y el único canon la ausencia de métricas insostenibles. Aprendieron que, a veces, implosionar era la mejor manera de absorber toda la energía circundante para después renacer sin condicionamientos, sin prejuicios, en algún no-lugar que oficiase de matriz en la que todo volvería a formarse. Aprendieron que eso, para ellos, podría ser el otoño. Eso para ellos era esperanza.
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2024-02-29
03/18/2024
Antonio Guerra Alvarez
Muchas veces se resistía a abandonarse a la noche por miedo a soñar, a echarse en sus brazos sin condiciones. Sentía la necesidad de tomar conciencia de cada uno de los presentes minúsculos que, de manera desordenada y caótica, componían atropelladamente su realidad que vivía. Una realidad en otro tiempo cargada de mansedumbre, resignación y superchería. Una realidad que le impidió renacer después de cada una de sus negaciones. Una realidad que ahora, sin saber por qué, sentía que le atravesaba el alma de parte a parte. Esa fue la emoción que por la que se decidió construir un universo en el que ser posible, en el que el tiempo dejara de pasar, se detuviera para siempre, en el que no hubiera más realidad que lo intangible, en la que lo evidente fuese solamente una puerta para lo posible. Un universo en el que la primavera florecía en pleno invierno entre las grietas del asfalto.
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2024-02-23 Sesión Infantil
03/18/2024
Antonio Guerra Alvarez
Eran amores que guardaban silencio y miraban furtivamente. Amores de mañanas gozosas y tardes dolientes. Amores de goma de borrar y cedro, de pizarra y tiza, de anillos de papel y flores en el camino a casa. Eran amores que lucían en domingo y latían entresemana. Amores de cine y chocolatina, de oscuridades cómplices y manos inocentes que se buscan hasta rozarse sutilmente, de bisbiseos que arrullaban las almas encendidas. Amores indultados por la linterna inquisidora de una autoridad de casaca roja y botones dorados. Eran amores que se mimaban entre el blanco y negro de las historias que sucedían en la sesión infantil, de tres a cinco, siempre de tres a cinco, siempre en domingo. Esos amores nunca tuvieron fin.
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Passion exstintorem
03/18/2024
Antonio Guerra Alvarez
Siempre fue consciente de cada soplo de vida que aspiraba. Por eso renegó de todas las ocasiones en las que había sido sonámbulo en sus propios sueños y se enojaba cuando no era capaz de recordar alguno de ellos. Soñaba, lo hacía siempre, con el corazón, sin descanso, en todo momento, de forma incondicional y sin pausa ni tregua. Así esperaba impaciente que las noches, tanto las más cerradas como las más luminosas, volvieran a darle, una vez más, la oportunidad de emocionarse. Era entonces, durante esas noches, cuando su corazón se embelesaba contemplando los gatos pardos que iban y venían, de acá para allá, en sus sueños más amables o se aterraba por las acometidas de los basiliscos y cerberos que poblaban sus más terribles pesadillas. Pronto aprendió que lo bello siempre es lo que es como debería ser y que las pasiones eran incompatibles con el cerebro.
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Crucifixion
03/18/2024
Antonio Guerra Alvarez
Si hay alguien que dio la vida por la salvación de los suyos, sin duda, fue él. Él que renunció mil veces a si mismo en un intento de hacer sus sueños presentes continuos. Él que nunca dio como último su intento por hacer curvo e infinito el horizonte monótono y tedioso que las almas farisáicas dibujaban con lo que ellas creían tinta indeleble. Así era, como la cuerda del pozo que a fuerza de rozar con el brocal deja su huella; como la fuerza inexplicable que, en alguna ocasión, le permitió multiplicar los panes y los peces; como la fe que hizo posible que pudiera resucitar tantas veces la esperanza muerta. Por eso, asumió voluntariamente su sacrificio, aún sabiendo que podría ser en balde.
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imperfecta presente
09/10/2024
Antonio Guerra Alvarez
Habitó un presente imperfecto en el que llegó a comprender, en su verdadera dimensión, un pasado que tal vez nunca había sido. Fue en ese momento cuando dejó de buscar razones en experiencias que jamás había vivido. Realidades que sólo se hacían completas en el recuerdo, a pesar de haber sido amputadas y regeneradas mil veces por su memoria. Recuerdos en los que vivió muertes injustas y nacimientos esperados, luces y sombras, caricias y heridas que fueron durante una eternidad intangible. Comprendió que había llegado el momento de poder soñar y quiso hacerlo en instantes discontínuos, a contratiempo. Sentía que no debía desaprovechar ninguno de los momentos que atravesasen su vida porque solo se vive lo que un alma es capaz de traer al presente. Desde entonces se propuso ser.
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2409109375626
levitae temporis
09/10/2024
Antonio Guerra Alvarez
TIC)… Tenía que tener paciencia, lo sabía. Sabía que acomodar la respiración, el latido de tu corazón, las idas y venidas de su alma a la levedad del tiempo, a la cadencia de sus nuevas horas, no sería fácil y habría de hacer renuncias conscientes. Sabía que el tiempo, pausadamente, se iría acomodando a su nuevo presente y, ella, al sosiego de los instantes en compañía. Una compañía que voluntariamente ansiaba alejarse de lo líquido y que le proporcionaba el substrato en el que hacer crecer su capacidad para identificar estados de animo por los que atravesaría al sobrepasar los infinitos puntos críticos que encontraría en el camino. Era el tiempo de las promesas, de las responsabilidades, de los sueños concretos, de la sensatez. De abominar de quienes pretenden habitar presentes racionalizados, sin sentido y limitados que fagocitan cruelmente la emoción y los afectos. … (TAC)
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2409109375619
verbum penetrat lapidem
09/10/2024
Antonio Guerra Alvarez
Sabía que era el arma más poderosa que nunca poseyó. La única que era capaz de atravesar la piedra compacta con la que habían sido creadas las almas de color pardo. El único faro de litoral que poseía una luz capaz de traspasar las nieblas más cerradas. La palabra era el bálsamo que sanaba sus heridas más profundas, la argamasa con la que construía castillos en el aire, los mismos que después cubría con la arena más fina sólo por el placer de reconquistarlos más tarde, el pentagrama sobre el que transcribir la melodía susurrada del viento al mover las hojas de un árbol o el murmullo del río que tararea insistente su banda sonora vital. Era la palabra su única posibilidad de crear, de transformar, de amar, de sentir la realidad amarga y dulce, la única manera de ser emoción y no carne. Por eso escribía. Insistentemente.
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abominar vigilia
09/10/2024
Antonio Guerra Alvarez
Durante vigilia siempre le visitaba una sombra persistente que opacaba sus futuros. Una silueta no invitada que siempre le susurraba negaciones del único presente habitable. Una oscuridad que le musitaba conjuros que solo eran audibles en el silencio de la noche, en las realidades efímeras que unicamente se hacían posibles entre los espacios negros que separan dos estrellas errantes, en los fuegos fatuos que prenden y se extinguen en lo efímero, creando universos en los que reinan las preocupaciones y los desvelos. Para ella, las noches eran los santuarios en los que los recuerdos desasosegados iban y venían por los angostos corredores de su laberinto de recuerdos desordenados. El lugar donde buscar sin éxito la salida de un amanecer que trajera consigo la paz, que consiguiera otorgar significado a su vida a medio vivir, pero sus noches siempre se hacían más largas, interminables y cada vez más oscuras. Nunca amanecía. Era en esos momentos de oscuridad profunda, en los que el tiempo siempre retrocede, cuando buscaba lo irreal como único reflejo posible. Era entonces cuando sus sueños tejían historias de consuelo y olvido hasta conseguir defenderla de la entrada de cualquier extraño que pudiera llevarla a lo real, a la consciencia. Se prometió firmemente que nunca abandonaría una noche mientras le quedaran sueños por soñar. Se hizo el firme propósito de volver a dormir.
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mortiferum procella
08/26/2024
Antonio Guerra Alvarez
Su memoria era el texto que había vencido sus propias y limitantes circunstancias y que construía relatos que se abrían otras posibilidades narrativas. Historias que se proyectaban más allá de su particular narrativa vital. Crónicas de un alma que, con versos, buscaba sin descanso habitar las almas de quienes hubieran escapado a los vórtices de la pléyade de tormentas letales que le atraparon. Esas que siempre sucedieron dentro de un vaso de agua. Al llegar a tierra firme, se sintió a salvo, entre dos vidas, y fue entonces cuando se prometió a sí mismo que, a partir de entonces, la esperanza le acompañaría para siempre saltando entre vida y vida de las que le quedaran por recorrer. Se prometió que jamás temería a ninguna tormenta, salvo a las que hubiese provocado su corazón.
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Fracti promissa
08/26/2024
Antonio Guerra Alvarez
Fue la promesa incumplida, el compromiso roto, el perjurio enmascarado con seda, la voluntad contravenida. Fue la ausencia eternizada, la presencia doliente, el frío en pleno agosto, la herida abierta. Fue el dolor más hiriente, el desgarro sin sutura posible, la vida sin tiempo, el amanecer sin esperanza. Fue la oscuridad sobrevenida, lo fue para siempre. Sin duda, su noche más oscura. La vigilia en la que una materialidad insomne generaba espacios unidimensionales en los que aún podía respirar con dificultad el aire viciado. Fue la noche, desde entonces, el único lugar en el que era capaz de mantenerse torpemente con un hilo de vida. A pesar de todo, sabía que volvería a amanecer en plenitud
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indelebles memoriae
08/21/2024
Antonio Guerra Alvarez
Sintió la calma que siempre le envolvía al saberse a salvo. Sintió que la memoria le había conducido de nuevo al único lugar donde no pasaba el tiempo. Sintió que volvía a escuchar el único susurro que siempre fue capaz de atravesar de los muros de cualquiera de las cárceles en las que había cumplido condena. Sintió, otra vez, la caricia que siempre cerró todas sus heridas. Sintió que le rodeaba el olor inmarcesible del amor incondicional. Abrió los ojos y miró a su madre.
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Sonia prehenderat
08/21/2024
Antonio Guerra Alvarez
Con frecuencia, su mente se abrazaba a la la fantasía como quien se agarra a una tabla de salvación. Era su forma de dejar pasar el tiempo sin orden racional en el terreno de las realidades, en el lugar en el que las verdades siempre estaban escritas en minúscula, en aquel infierno de lo igual. Le gustaba crear mundos transferibles en los que los que ser posible más allá de su propia fantasía fecundada y las especulaciones del alma que, en ese espacio, se hacían cómplices para contribuir a la creación de su propia subjetividad extasiada. Sólo en esos espacios era capaz de descomprimir la realidad inmisericorde con la que, con frecuencia, se revestían sus presentes. Era entonces cuando dejaba en libertad sus sentidos y se permitía sentir en plenitud, sin barreras ni límites, sin mandamientos ni culpas, generando historias que se exiliaban de lo físico, que abominaban de lo real. Entonces, la vida abstraída de lo objetivo le invitaba a seguir respirando.
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excitantes victoriarum
08/21/2024
Antonio Guerra Alvarez
En una ocasión, cuando intentaba mantenerse a flote en el vórtice de de una de aquellas tormentas profetizadas, se sintió, una vez más, vulnerable. Supo que no tenía ninguna defensa en medio de aquel océano en el que se había adentrado con el único soporte de sus frágiles emociones y sintió entonces la desprotección de quien está a merced de los destinos que se suceden sin orden ni concierto, de las esperanzas que se solapan como lo hacen las olas cuando hay mar de fondo. Iba y venía mecida por la mar, sin orden ni cadencia, sin que le diese tiempo a respirar entre las crestas de uno y otro maretazo, sin que su espuma le permitiera advertir los bajos arenosos que podrían hacerle encallar, sin reparar en los arrecifes que protegían alguno de sus sueños a punto de ser materializados. Muchas veces sintió miedo. Un miedo que siempre desaparecía al volver a lucir el sol. A pesar de todo, creyó que el viaje merecía la pena.
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quasitae resonare
08/21/2024
Antonio Guerra Alvarez
Había sido la banda sonora de sus días más felices. Por eso, su alma siempre acudía a aquella música en los momentos de tempestad en los que presentía próxima la zozobra. Eran notas lentas y cadenciosas, con una sonoridad tan organizada y coherente que provocaba que su corazón latiese acompasadamente al sonido del retumbo provocado por cada una de las llegadas de una ola y por cada uno de los arrullos de la resaca. Una música con la que conseguía envolverse de nuevo con el manto protector que le proporcionaba habitar un presente absoluto y efímero, abstraído de pasados y futuros; una realidad sin rosa de los vientos que nacía y moría en cada uno de los instantes que vivía. Su mente, entonces, creaba imágenes que, como fuegos fatuos, provocaban sueños vívidos en los que todo tenía sentido.
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2408219176123
aeterni rinculi
08/21/2024
Antonio Guerra Alvarez
Desde que recibió noticias de su llegada y, a pesar de que aún no se conocían, sintió que crecía en su interior un vínculo inmarcesible. Un lazo que estrechaba sus almas como nunca antes había sentido y que las mantendría unidas “ad aeternum”. Esa fue la primera vez que tuvo la certeza de que podía enamorarse de un sueño que se materializaba. En ese momento sintió una emoción que le desbordaba el corazón, una sensación que trascendía los límites impuestos por la distancia, el espacio y el tiempo. Tuvo miedo y fue entonces cuando advirtió que su vida se abría a un futuro vicario que jamás había tenido, a un mañana que no iba más allá de los instantes que nacían y morían en cada uno de sus suspiros, en cada una de sus vigilias, en cada una de sus esperas. Sintió que todo había cambiado, que jamás volvería a ser uno. Esa fue su bendición, esa fue su tragedia. Desde entonces los amaneceres fueron distintos.
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2408129090571
l'elisir d'amore
08/12/2024
Antonio Guerra Alvarez
Lo volvió a encontrar por casualidad. Era aquel frasquito que dejó olvidado en otra vida y que los años se habían encargado de cubrirlo con la pátina del tiempo. Lo encontró cuando casi había completado el camino de vuelta, cuando había visto el envés de casi todos los horizontes que había cruzado, cuando esperaba que bajase la última marea para poder cruzar definitivamente al otro lado, allí donde las estaciones se hacían estados de ánimo. A pesar del tiempo transcurrido lo reconoció de inmediato, lo recogió y al tenerlo de nuevo entre sus manos quiso recordar el momento en el que reparó en que había dejado de llevarlo con él pero fue en vano, nunca consiguió hacerlo. Comprendió entonces que tal vez ya no importara. Volvía a casa.
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2408129090441
lacrimal libertades
08/12/2024
Antonio Guerra Alvarez
A veces, el simple aleteo de una mariposa actuaba como el único salvavidas posible, como la única posibilidad de abandonar una realidad paralela y doliente a la que fue condenado en juicio sumarísimo, como a la única forma de liberarse de las realidades inexistentes y no consentidas por las que transitó en su éxodo hacia la tierra prometida que nunca fue capaz de alcanzar. Decidió detenerse, guardar las lagrimas que aún le quedaban para que no pudiera verterlas en vano y extasiarse con el revoloteo desordenado de aquellas flores aladas que iban y venía sin orden por aquel espacio tantas veces soñado y que ahora habitaba por primera vez de una manera consciente.
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2408129090403
vale in defensionem sui
08/12/2024
Antonio Guerra Alvarez
No quiso volver a brindar con un corazón de piedra y fue entonces cuando sintió que había llegado el momento de marcharse, sin despedidas, sin balizas que marcaran el camino de vuelta, sin adioses impostados, sin voluntad de regreso, en defensa propia. Permaneció un rato ensimismada mirando el desorden de la mesa que seguía manchada por el vino de su copa rota mientras escuchaba cómo se iban apagando los latidos de un pasado agónico que se negaba a desvanecerse. Sentía el frío de un ayer cubierto por la escarcha de un eterno invierno. Al volver a la realidad, lentamente se giró y comenzó a alejarse lentamente.
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2408129090380
facere posse scriber
08/12/2024
Antonio Guerra Alvarez
Solo era capaz de escribir con su viejo lápiz, con el mismo que creó su primera carta de amor, con el mismo que caligrafió su última despedida. Sólo con él era capaz de dejar que la emoción abriese de nuevo su carne muerta y la hiciera renacer. Sólo con él era capaz de hacer que sus versos más vehementes y ásperos rimaran en consonante con aquellos que eran capaces de redondear las aristas que la vida había provocado en su alma. Sólo con él, que había sobrevivido a varias vidas, era capaz de describir la emoción que sentía ante la hoja en blanco que contendría su siempre último poema. Escribía y escribía, sin orden, sin descanso, sin concierto. Escribía en defensa propia y, a la vez, como arma con la que ejecutar, en si mismo, la pena máxima. Escribía y escribía, siempre escribía.
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2408129090342
inmarcesibilim amore
08/12/2024
Antonio Guerra Alvarez
A veces, su memoria olía a virutas de cedro, a goma de borrar, a leche en polvo y a cuadernos manoseados; sonaba a recreos ruidosos, a timbres de entrada y salida, a silencios inalterables y a pasos que provocaban la huida irremediable. Sus recuerdos evocaban un tiempo de sueños construidos bajo el deseo de libertad de un alma disconforme que busca salir a la superficie y respirar. Su corazón, que solo era capaz de latir en el exterior del discurso monocorde de los pupitres alineados, huía de los lugares en los que cada una de sus palpitaciones hubieran sido marcadas previamente. A veces, su alma era capaz de volver a mirar a aquellos ojos de los que se enamoró en silencio, aquellos que al salir del colegio le invitaban a recorrer juntos el camino de vuelta a casa. Era entonces cuando se abandonaba a la emoción de volver a vivir en aquel espacio, en aquel tiempo.
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2408129090335
imperium bonitatis
08/12/2024
Antonio Guerra Alvarez
No sabía exactamente cuando fue el momento en el que abandonó la razón como paradigma de verdad, ni cuando abrazó la emoción como única carta de navegación. Sin embargo, recordaba perfectamente cuando negó lo evidente y se abandono a lo posible, cuando abrió la puerta a los sueños que guardaba incompletos tras quedar mutilados por los heridas de una conciencia domesticada y canónica. Decidió que la cordura no sería nunca más una de sus ataduras y pensó que sería posible sobrevivir en un universo en el que muchos día amanecía a media tarde y anochecía momentos antes del crepúsculo. Fue entonces cuando dejó que el corazón gobernase su vida.
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2408129089957
Flamma animal
08/12/2024
Antonio Guerra Alvarez
Hacía mucho tiempo que había decidido no tener más luz que la que fuese capaz de producir su corazón y quiso, desde entonces, que fuese la única manera de iluminar su camino. También decidió abandonar voluntariamente la razón, lo cartesiano y lo canónico para poder abrazar la anarquía, el desorden, la duda o el desconcierto como único paradigma con el que interpretar las discordancias de los presentes fortuitos, la única forma de hacer que lo pretérito cristalizase lentamente en recuerdos que iba almacenando cuidadosamente en su memoria. Ese era el único modo de dibujar un horizonte quebrado, próximo y a la vez inalcanzable al que llegar al final de cada día. Esa luz era su única razón y la sinrazón el único motivo para escapar de si mismo.
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2408129089933
exspecto responsum
08/12/2024
Antonio Guerra Alvarez
Después del naufragio, una mañana, encontró en la playa una vieja botella, de esas que tienen el cristal matizado por el tiempo, por los rigores del sol y del salitre. Pensó que tal vez trajera noticias de alguno de los mundos que, pese a saber su existencia, nunca había tenido la certeza de que fuesen habitables. Al tenerla entre sus manos comprobó que estaba vacía, que no había nada en su interior y, aún así, quiso guardarla entre las cuatro cosas que había podido rescatar de su viaje. Un amanecer sintió que, tal vez, debiera devolverla al mar. La llevo hasta la orilla y puso en su interior los lápices con los que había cartografiado sus emociones. Confió en que alguien, al encontrarla, dibujase con ellos su carta de navegación. Él, al fin, no quería ser rescatado.
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