Una buena idea
Alicia Bermúdez Merino
Madrid - Spain
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para abrir un diálogo que, sí, se abrió pero no prosperó; y no prosperó precisamente por su causa y por la actitud que ella adoptó cuando, a la mañana siguiente, me la encontré calzada no con los zapatos de medio tacón que utilizaba para andar por casa y el vestido de viscosa negro con florecillas blancas sino con tacones más altos (no de aguja, claro, la señora de Ramírez padre ya tenía sus años y, eso ya lo dije, era una mujer no diré de “severo continente”, que parece anticuado, pero sí de talante más bien sobrio) y un traje chaqueta sastre que le daba un cierto aire a lo Marlene Dietrich .

Me saludó con mucha sequedad y excusándose “perdone que no me quede, pero mi avión sale en cosa de dos horas y, con tanto tiempo como se pierde ahora, con tantas medidas de seguridad, en los aeropuertos y, para colmo, lo nerviosa que yo me pongo tan poquísima costumbre como tengo de viajar…”

– Pero… — exclamé, sorprendido —, ¿es que se marcha?

– Bueno… Usted comprenderá mejor que nadie que no hago ya aquí falta ninguna.

– ¿Que no hace falta aquí?

– Pues claro que no — se dio media vuelta y desapareció pasillo adelante para reaparecer poco después tirando de una de esas maletas de ruedas. Se paró junto a mí e inquirió — ¿O me va usted a decir que tengo ya algo que hacer en esta casa?

– Pues lo mismo que ha hecho siempre, supongo — repuse; y enumeré —: ver crecer sanos y contentos a sus nietos, disfrutar del cariño de sus hijos, cuidar de su esposo…

No se me ocurrían, a ser sincero, muchas más cosas; pero por fortuna ella me interrumpió con cierta vehemencia.

– Mis nietos ya están medio encarrilados y tienen unos padres magníficos, aunque, el pequeño, aun tan niño… Y con el mayor nunca he terminado, no sé por qué, de entenderme; y, mis hijos, pues… — suspiró, como quien no sabe mucho qué decir —. Mis hijos — abrió el bolso y revisó su contenido, como para cerciorarse de no estar olvidando nada, luego lo volvió a cerrar después de haber leído atentamente su billete y, como si en su inspección hubiese también encontrado las palabras que instantes antes le faltaran agregó —: las parejas jóvenes necesitan estar solas, el uno con el otro y a su aire y sin testigos ni de sus arrumacos ni de las pequeñas tiranteces que como es natural se dan en todas las convivencias y, con viejos de por medio…

– Puestos a ver las cosas así — aduje — mejor estarán con usted que sólo con su esposo… ¿Quién lo atenderá si usted se marcha?

– No sé quién lo atenderá — contestó —, ni lo sabría aunque no me marchase. Pero tampoco creo que tenga que atenderlo nadie; está que se traga el mundo…

– Sí, claro, es natural que esté pletórico. Haber recobrado el habla, así, tan sin… Hasta que se haga a la idea y lo viva con normalidad estará como sorprendido, excitado…

– Está como una moto.

– ¿Tanto?

– Esta mañana se levantó temprano y se marchó a correr. Cuando regresó no quiso el Cola Cao con galletas que le preparaba yo todos los días sino, él mismo se los preparó cantando a voz en cuello “cocinero, cocinero”, un par de huevos fritos con tocino. Y luego se marchó a comprarse una bicicleta.

– ¡Pero si sólo había recuperado el habla!

– “Recuperado” — replicó en tono sarcástico —; usted sabe mejor que nadie que él era mudo de nacimiento. Y, le diré; usted era el responsable.

– ¿Yo?

– ¿No era él su obra? — Fue su respuesta.

– ¿Mi obra?

– Su amigo se lo dijo, y usted...

...

Que sería todo lo Mata Hari que todo el mundo quiera, pero nunca tuvo un aspecto (para mi gusto al menos) juvenil del todo.

la señora de Ramírez, pese a no ser muy instruida, decía “aeropuerto” y no “areopuerto”; tampoco la oí jamás decir “cocretas”.

Porque hace mucho que quedamos, si no estoy equivocado y no pudiendo (como no puedo) consultar ya los papeles, en que podía llamarla Sonia.

Que se deja llevar, casi como una niña, sin ofrecer resistencia.

Si soy capaz de saber cómo y nunca, en cualquier caso, antes de haber revisado y corregido ciertas incongruencias que he cometido con la utilización de los tiempos verbales que dice Sonia (o dijo) — cuando sale (o salió) de dejar a su suegra en la habitación — que he mezclado (o que mezclé) sin criterio ninguno el pasado y el presente.

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Date: Feb 10 2024 10:08 UTC
Author: Tío Apolonio
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Escritora, porque la escritura es lo que profeso. Pero, no siendo la escritura mi fuente de ingresos, no me atrevería a denominarla mi profesión. No creo, por otra parte, que estuviera dispuesta a avenirme a complacer a nadie, lector o editor. Ni a comprometerme a cumplir los plazos de entrega a que deben ceñirse tantos de los que publican. Literatura por encargo, como si el escritor fuera un sastre o un fabricante de electrodomésticos. Me espanta el sólo pensarlo. No tengo formación académica.

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