Atrincherado en su luminoso estudio, el pintor y escultor cacereño Juan Muro Castillo responde a ese cliché de artista estudioso hasta la insatisfacción, perfeccionista hasta la puñetería. Como muestra, las decenas de obras que —por no pasar su rasero o sabe quién por qué— son destruidas poco después de su concepción, según confiesa.
Exigente, experimentador e insaciable buscador de belleza. Impulsos que sin duda traslada su obra Llega el invierno, merecedora para el jurado de Creators 2025 del premio a la mejor Obra Visual del año. Y con esta excusa, Tips viaja hasta Cáceres para entrevistarlo en una buhardilla-estudio que nos recibe en perfecto estado de revista, y es que Muro ha aprovechado la visita de los desconocidos para poner en orden su caos artístico.
Puede que él no lo sepa, pero el gesto podría ser la antesala de una nueva etapa vital, y quién sabe si artística. Recién estrenada su jubilación, ahora puede entregar todo su empeño a la creación. Y manifiesta un deseo en él novedoso, abrir sus obras a exposiciones para que su periplo no se limite al viaje del estudio a la pared de los compradores de su arte, que asegura numerosos. Una etapa en la que abandona los grandes proyectos en mármol, la edad lo aconseja, para ver crecer sus lienzos en tamaño, ya sea para homenajear las estaciones de Vivaldi o criticar ciertos sesgos sociales y políticos que en la actualidad le inquietan.
La obra y el premio Creators 2025
Yo no me presento a premios ni a nada de esto porque el arte no es competitivo; no hay un cuadro mejor que otro. Yo no creo eso. Y sin embargo, al día siguiente me dijeron: «No solamente ha sido elegida como obra del mes, sino también como la obra del año». Y bueno, pues votando de alegría, porque la verdad es que yo no me esperaba nada de esto, claro.
Y me encanta porque para mí ha resultado ser todo un revolcón, una cosa nueva. Me motiva a «¡oye, Juan!, tienes que salir. Tienes que sacar tu obra fuera, tienes que intentar exponerla. Eh, no sé, tienes que intentar, pues, estar en el mundo». Porque, ya ves, yo estoy aquí en mi estudio, en mi cueva, y este es todo mi universo pictórico y artístico.
El artista y el caos
Es que el proceso creativo en sí es muy caótico. No sabría decir en qué consiste exactamente, pero todo este proceso, desde que un día aparece una imagen en tu cabeza hasta que sale al soporte final —al que sea, al lienzo, al papel, al soporte digital…—, es algo muy difícil de definir. Y consiste, supongo yo, en un viaje interior en el que hay veces que te encuentras cosas que te gustan mucho y otras que no te gustan nada, pero que desde luego carecen de orden, absolutamente. Por eso digo que todo es muy caótico, es muy difícil de controlar, si es que se debiera controlar, que tampoco estoy seguro.
La búsqueda y el maestro
Intenté hacer Bellas Artes en la Transición, pero no era momento de estudiar, era momento de luchar. Y luego fui a París, a Estados Unidos… en busca de grandes maestros que me enseñaran. Toda la vida he estado detrás de ellos, intentando aprender. Cada uno me ha ido enseñando una cosa, aunque yo considero que mi gran maestro fue Ángel Busca, en Madrid, fue un hombre que me enseñó mucho. Me enseñó a que no se pinta con las manos, se pinta con el corazón, con el cerebro. Y que tienes que tener un equilibrio interior muy potente si quieres transmitir belleza o paz, que es lo que yo busco.
La obra y el autor
Tiene que motivarme para decir, «en esta obra puedo profundizar en algo diferente que no he hecho hasta ahora». Y así, yo no voy a terminar teniendo, a lo mejor, un estilo propio, que ¡ojalá no lo tuviera nunca! Pero sí, lo tengo, claro: porque pintas tanto que, al final, lo tienes. Pero ojalá no lo tuviéramos y cada obra fuera totalmente diferente y totalmente extraña, y hubiera una ruptura brutal y un caerse del burro entre una obra y otra, ¿no?
El autor y el espectador
No sé, tenemos esa sensación de que no somos auténticos. Y, ¡cuidado!, esto es lo único que se le pide a un artista: ser auténtico, ser original. No mostrar lo que tú no has visto hasta ahora, sino mostrar lo que yo nunca he visto. Eso es lo que le pedimos a un artista: «Plantéanos algo distinto de todo lo que haya habido antes».
El espectador y el mensaje
Bueno, hay obra que sí es comprometida, poca. Yo creo que el arte no es narrativo, y que quizá no tiene por qué servir a una causa: para mí el arte es algo muy íntimo. Sería como dedicar un hijo al ejército o a la revolución: «¡Eh!, venga, toma. Aquí tienes tres hijos míos para la revolución». No, no, no, no, no. Ahí no estoy dispuesto a llegar. Yo, a lo mejor, me implico en la revolución, pero implicar a mis hijos es algo más complicado.
No lo sé. Yo, quizá, que se sientan bien, que sientan paz, que sientan la belleza que yo siento en las cosas o en las personas y, un poco, que entiendan mi modo de ver: de ver la vida y de ver las cosas, ¿no? Creo que lo consigo alguna vez, muy pocas. Muy pocas, porque las cosas no salen casi nunca como yo quiero; salen como quieren ellas.
El artista y el sustento
De hecho, creo que hay dos formas de planteárselo. Eh, plantéatelo vivir del arte, y genial. Si lo consigues, todos mis respetos. Pero vas a estar condicionado por el mercado del arte, por los grupos que dominan el mercado del arte, por la gente a la que conoces, gente a la que debes favores y te deben favores.
Sin embargo, si no te planteas el arte como una forma de vida, una forma de ganarte la vida, sino como una forma de vivir, entonces nadie te puede decir, «oye, quiero que me hagas exactamente esto». Y eres más libre a la hora de elegir, no solamente de elegir temas… de elegir formas, maneras, procesos…
El escaparate y la venta
Mira, soy un gran afortunado porque me piden las obras. No expongo, nunca he expuesto —¡ojalá empiece a exponer ahora!—, no me dedico a la promoción artística porque vender es muy pesado. Antes, cada obra tenía que llevarla al registro de la propiedad intelectual, sacar fotografías, hacer copias, entregarlas, hacer un resumen de la obra, bueno, un follón; tardaba dos semanas… o algo así. Ahora, afortunadamente, con el registro online de Safe Creative, pues, lo registras y fenomenal, ¿no? Ya no tienes que llevar copias, ya no. Todo eso ha desaparecido y es mucho más sencillo, ya llegará a exponer la obra en las redes.

