La señorita Araceli era incapaz de comprender
07/14/2024
2407148652494

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http://valentina-lujan.es/F/La%20se%F1orita%20Araceli%20era.pdf
La señorita Araceli era incapaz de comprender por qué tenía, ella precisamente como siempre que era jueves, que girar exactamente ciento treinta y cuatro grados la barra de pan para colocarla apuntando (lo que era un decir, teniendo en cuenta que por alguna enigmática razón el coscurrito de la punta siempre faltaba) hacia la ventana.
¿No se había enterado a aquellas alturas todo el mundo de que si era jueves por la tarde lo que iba sobre la lavadora era la barra de pan y no la jarra del agua medio vacía?
Y que lo que pasaba — decía —era que no se prestaba la debida atención; porque no le parecía a ella que pudiera ser tan complicado recordarlo “porque, vamos a ver, Cristinita…” —conminando a la interpelada a que viniera “aquí, al encerado” y sometiéndola a un interrogatorio exhaustivo solicitando detalles a veces del todo peregrinos de tal o cual acontecimiento de nuestra Historia en los que ella, Araceli, gustaba aunque nada más fuese por mortificarla de ensañarse — “dinos, dónde exactamente estaba y cómo era” tal o cual minucia irrelevante que se le pasase por su cabeza de cabellos canosos y sin brillo peinados en un pequeño moño en todo lo alto de la coronilla, como una castaña.
Y Cristinita se esforzaba, ponía todo su empeño en que la minucia irrelevante, fuera la que fuese, tomara en su sentir de ahora la consistencia, la textura, el color y la forma y — si los tuviere — el sonido y el aroma que (por obra y gracia de un saber hacer que siempre estaba en otros pero nunca en ella) adornaron aquel cestillo que, envuelto otrora en papel celofán y conteniendo pastillas de jabón trasuntos de fresas o mandarinas o manzanas, deviniera en salacot sobre los rizos que (una vez destejido un jersey de ochos que tras el estirón de las anginas se le quedó pequeño a una Peláez) enmarcaron el rostro rubicundo de Margarita, la del notario, encantada de padecer vicisitudes y penurias bajo los rayos del inclemente sol africano que daba, por aquel entonces, de plano sobre los terraplenes que terminaron siendo el polideportivo con piscina y tres pistas de tenis de junto a lo que —hasta que se jubiló don Apolonio sin tiempo el pobre de ver una transformación tan prodigiosa — se llamó siempre “el cuartillo de aliñar las berenjenas”.

Literary: Other
papeles
prosa
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Irene Espelosín
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Declaration Date: Jul 14, 2024, 7:25 PM

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Title La señorita Araceli era incapaz de comprender
http://valentina-lujan.es/F/La%20se%F1orita%20Araceli%20era.pdf
La señorita Araceli era incapaz de comprender por qué tenía, ella precisamente como siempre que era jueves, que girar exactamente ciento treinta y cuatro grados la barra de pan para colocarla apuntando (lo que era un decir, teniendo en cuenta que por alguna enigmática razón el coscurrito de la punta siempre faltaba) hacia la ventana.
¿No se había enterado a aquellas alturas todo el mundo de que si era jueves por la tarde lo que iba sobre la lavadora era la barra de pan y no la jarra del agua medio vacía?
Y que lo que pasaba — decía —era que no se prestaba la debida atención; porque no le parecía a ella que pudiera ser tan complicado recordarlo “porque, vamos a ver, Cristinita…” —conminando a la interpelada a que viniera “aquí, al encerado” y sometiéndola a un interrogatorio exhaustivo solicitando detalles a veces del todo peregrinos de tal o cual acontecimiento de nuestra Historia en los que ella, Araceli, gustaba aunque nada más fuese por mortificarla de ensañarse — “dinos, dónde exactamente estaba y cómo era” tal o cual minucia irrelevante que se le pasase por su cabeza de cabellos canosos y sin brillo peinados en un pequeño moño en todo lo alto de la coronilla, como una castaña.
Y Cristinita se esforzaba, ponía todo su empeño en que la minucia irrelevante, fuera la que fuese, tomara en su sentir de ahora la consistencia, la textura, el color y la forma y — si los tuviere — el sonido y el aroma que (por obra y gracia de un saber hacer que siempre estaba en otros pero nunca en ella) adornaron aquel cestillo que, envuelto otrora en papel celofán y conteniendo pastillas de jabón trasuntos de fresas o mandarinas o manzanas, deviniera en salacot sobre los rizos que (una vez destejido un jersey de ochos que tras el estirón de las anginas se le quedó pequeño a una Peláez) enmarcaron el rostro rubicundo de Margarita, la del notario, encantada de padecer vicisitudes y penurias bajo los rayos del inclemente sol africano que daba, por aquel entonces, de plano sobre los terraplenes que terminaron siendo el polideportivo con piscina y tres pistas de tenis de junto a lo que —hasta que se jubiló don Apolonio sin tiempo el pobre de ver una transformación tan prodigiosa — se llamó siempre “el cuartillo de aliñar las berenjenas”.
Work type Literary: Other
Tags papeles, prosa

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Identifier 2407148652494
Entry date Jul 14, 2024, 7:25 PM UTC
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Author. Holder Irene Espelosín. Date Jul 14, 2024.


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