¿Continuará?
23/04/2024
2404237741381

Sobre la obra

https://valentina-lujan.es/A/Y%20es%20que%20en%20aquel.pdf
Y es que en aquel momento, el instante en que por un cúmulo de circunstancias — estúpidas todas pero confabuladas, amparándose y solapándose las unas en las otras que es lo que siempre hacen los cobardes que no se atreven a una vez cometidas sus miserables acciones dar la cara — me vi obligado abandonar mi trabajo pensando que lo reanudaría en apenas los pocos segundos que iba a llevarme el contestar el teléfono diciendo que no, como todas las tardes, cuando una voz anónima me invitaba a cambiar de compañía telefónica o, si aquella invitación fallaba, otra me ofrecía un apartamento en la playa en multipropiedad, me asaltó la duda, sin poder concretar un porqué, de si en verdad las cosas continuarían siendo tan sencillas y el discurrir de las horas y de los días tan amable como lo venía siendo desde que empecé lo que di en considerar “mi obra”. Por eso coloqué el “continuará” entre interrogaciones.
Coloqué las interrogaciones y me disponía a enfilar el pasillo en dirección al teléfono pero, apenas dados los primeros pasos, sonó también el timbre de la puerta y, tras dudar unos instantes qué hacer primero, opté por abrir la puerta (sería el cartero con una multa de tráfico y siempre es mejor, me dije, cogerla que tener que acudir a buscarla a correos o que esconder la cabeza debajo del ala y no ir, y quedarse con la zozobra de no haber aceptado quién sabía si la notificación de que un tío lejano del que se desconocía la existencia ha fallecido en el extranjero y me lega todos sus bienes) en la esperanza de que, entretanto, el teléfono dejase de sonar.
Desanduve por tanto el poco trecho que había caminado por el pasillo y, cuando ya casi tenía la mano en el picaporte, me percaté de que en el suelo había un sobre que apenas unos minutos antes — nótese que apenas llevaba cuatro renglones escritos, lo que dará idea del poco tiempo que hacía que me había sentado a trabajar — no estaba ahí.
Miré por la mirilla y en el descansillo no había nadie, con lo que supuse que el cartero lo deslizó por debajo de la puerta y se marchó, pero, al dar la vuelta al sobre, que estaba boca abajo y no llevaba remite, vi que tampoco llevaba franqueo ni nombre de destinatario, y sí tan sólo, y escrita con ordenador y con la misma letra del mismo tamaño y el mismo color y el mismo grosor que yo utilizo, una pregunta tan desconcertante como “¿cómo llegaste al laberinto 42?”; pero no mucho más que la que me formuló la voz de Lola cuando, atribulado y confuso, acudí a atender el teléfono.

Literaria: Otros
versaciones
prosa
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Amalia la de las pulseras
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En fecha: Apr 23, 2024, 5:09 PM

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En fecha: Apr 23, 2024, 5:09 PM

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Información de la obra

Título ¿Continuará?
https://valentina-lujan.es/A/Y%20es%20que%20en%20aquel.pdf
Y es que en aquel momento, el instante en que por un cúmulo de circunstancias — estúpidas todas pero confabuladas, amparándose y solapándose las unas en las otras que es lo que siempre hacen los cobardes que no se atreven a una vez cometidas sus miserables acciones dar la cara — me vi obligado abandonar mi trabajo pensando que lo reanudaría en apenas los pocos segundos que iba a llevarme el contestar el teléfono diciendo que no, como todas las tardes, cuando una voz anónima me invitaba a cambiar de compañía telefónica o, si aquella invitación fallaba, otra me ofrecía un apartamento en la playa en multipropiedad, me asaltó la duda, sin poder concretar un porqué, de si en verdad las cosas continuarían siendo tan sencillas y el discurrir de las horas y de los días tan amable como lo venía siendo desde que empecé lo que di en considerar “mi obra”. Por eso coloqué el “continuará” entre interrogaciones.
Coloqué las interrogaciones y me disponía a enfilar el pasillo en dirección al teléfono pero, apenas dados los primeros pasos, sonó también el timbre de la puerta y, tras dudar unos instantes qué hacer primero, opté por abrir la puerta (sería el cartero con una multa de tráfico y siempre es mejor, me dije, cogerla que tener que acudir a buscarla a correos o que esconder la cabeza debajo del ala y no ir, y quedarse con la zozobra de no haber aceptado quién sabía si la notificación de que un tío lejano del que se desconocía la existencia ha fallecido en el extranjero y me lega todos sus bienes) en la esperanza de que, entretanto, el teléfono dejase de sonar.
Desanduve por tanto el poco trecho que había caminado por el pasillo y, cuando ya casi tenía la mano en el picaporte, me percaté de que en el suelo había un sobre que apenas unos minutos antes — nótese que apenas llevaba cuatro renglones escritos, lo que dará idea del poco tiempo que hacía que me había sentado a trabajar — no estaba ahí.
Miré por la mirilla y en el descansillo no había nadie, con lo que supuse que el cartero lo deslizó por debajo de la puerta y se marchó, pero, al dar la vuelta al sobre, que estaba boca abajo y no llevaba remite, vi que tampoco llevaba franqueo ni nombre de destinatario, y sí tan sólo, y escrita con ordenador y con la misma letra del mismo tamaño y el mismo color y el mismo grosor que yo utilizo, una pregunta tan desconcertante como “¿cómo llegaste al laberinto 42?”; pero no mucho más que la que me formuló la voz de Lola cuando, atribulado y confuso, acudí a atender el teléfono.
Tipo de obra Literaria: Otros
Etiquetas versaciones, prosa

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Información de registro en Safe Creative

Identificador 2404237741381
Fecha de registro 23 abr. 2024 17:09 UTC
Licencia Todos los derechos reservados

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Declaraciones de autoría y derechos inscritas

Autor. Titular Amalia la de las pulseras. Fecha 23 abr. 2024.


Información disponible en https://www.safecreative.org/work/2404237741381-continuara-
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