Rifirrafe
Alicia Bermúdez Merino
Madrid - Spain
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https://valentina-lujan.es/alicia/rifirrafe.pdf

Que me puede preguntar usted, si quiere, que si es otro.

− ¿Otro “qué”? ― Puedo, pero ya le digo que sólo si usted quiere, contestarle yo.

− “Rifirrafe” ― me dirá usted, sí, como no voy a repetirle porque resultaría innecesariamente reiterativo, es que quiere ― ¿Qué va a ser?

− Sí, otro ― le diré yo. Y que si pasa algo por eso.

− No ― usted, que lo noto por cierto un poco distraidillo hoy ―; si pasar no, pero que como ya llevamos dos, pues, que a lo mejor…

− ¿Le parecen muchos para una amistad tan larga como la de ustedes dos? ― le preguntaré yo ― No debe olvidar que se conocen desde niños.

− ¿Cómo voy a olvidarlo ― usted ― con la de patadas que nos habremos dado jugando al fútbol en los recreos?

− ¿Jugando al fútbol? ― Y puedo, si a usted le parece bien, mirarlo con cara de extrañeza, el gesto algo despectivo (que no sé si me saldrá bien, pero si usted piensa que va a darle juego puedo intentarlo) como de “pero y éste qué dice”.

− Sí. El fútbol es un deporte — me explicará usted (y que convendría, por esta vez, que sí que quisiera, para que no se me descabale el resto del relato; pero allá usted con sus elecciones) practicado por adolescentes en el patio del colegio.

− Ya, pero a usted ― yo, en el caso de que haya usted querido, y si no ya veré cómo lo arreglo ― siempre le han gustado más los juegos de mesa.

− ¿De mesa? ― usted ― ¿De dónde saco entonces las patadas? ¿Quién me las daba?

−Y yo le puedo contestar, por ejemplo, que Teodorico; o que Teodorico por ejemplo…

− ¿Teodorico? — usted — ¿Seguro que he conocido yo a algún Teodorico?

− No es necesario — le explicaré, y perdone pero hoy está usted, que no sé que le pasa, un poquito espeso — que lo haya conocido; que es tan sólo un ejemplo para explicar las patadas, o un ejemplo de nombre si quiere usted elegir otro.

− Bueno — dirá usted. Y que como ejemplo puede valer, pero (y que me viene mal, la verdad, porque ahora tendré que inventarme algo para refrescarle la memoria, hoy precisamente que tengo que planchar siete camisas y mire usted la hora que es) que no conoce a ningún Teodorico.

− ¡No lo va a conocer! ― haré aspavientos con los brazos y los ojos muy espantados (que lo tengo ya un poco ensayado ―. Aquel chico bajito que tenía un antojo en forma de fresón, le parece estarlo viendo (concéntrese, por favor, que tengo prisa), en la mejilla izquierda.

Y usted se queda pensativo, y parece que se aviene, pero (hoy parece que tiene usted ganas de incordiar) que baloncesto.

− ¿Qué baloncesto? ― Yo, que estoy empezando a ponerme nerviosa.

− Pues las patadas ¡Joder! — que no me gusta que diga usted tacos, pero no tengo tiempo de discutir — Jugaba muy bien al baloncesto.

− Ah ― me esforzaré, aunque planche sólo dos camisas ―, aquel chico alto que quería ser notario y tenía una hermana que tenía pelo largo, rubio…

− Teodorico era moreno — dirá usted —, y lo de la hermana no sabría asegurarle nada. Pero quería ser trapacista.

− Ya, pero digo la hermana. Trapecista, sí; pelo largo rubio, ondulado, muy bonito…

− Puede ser ― admitirá usted, me parece que a regañadientes, no sin objetar, sin embargo ―: aunque siempre estuve en la idea de que lo que a ella le gustaba era la natación sincronizada. Pero Teodorico era, insisto, bajito.

− ¿No me termina de decir que jugaba al baloncesto?

− Sí, pero era bajito. A veces pasa o mire usted si no a Muggsy Bogues.

− Vale ― diré yo ―. Nos olvidamos (y su amigo también, pero váyase haciendo a la idea de una sola camisa) de las oposiciones a notarías, pero ocurre que al baloncesto usted no ha jugado nunca. No sabe.

− Y qué más te dará, digo yo ― dirá su amigo ―, si nadie lo va a saber.

Y que poniendo inconvenientes a todo no hay quien avance ni saque nada en claro de manera que, dice “vamos a dejarnos de tonterías y a seguir con lo que estábamos que, por cierto, ¿qué era?”.

− El tercer rifirrafe — Usted.

− Exageras — Su amigo.

− ¿Exagero? — Usted.

− Sí. Sólo es el segundo — Él.

− Es el tercero ― usted ―, estoy totalmente seguro.

− Pues entonces ― irritado casi, él — debo de estar yo tonto hoy, que sólo recuerdo el del puñetazo en la mesa…

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Code: 2308135058537
Date: Aug 13 2023 21:00 UTC
Author: Lola
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Escritora, porque la escritura es lo que profeso. Pero, no siendo la escritura mi fuente de ingresos, no me atrevería a denominarla mi profesión. No creo, por otra parte, que estuviera dispuesta a avenirme a complacer a nadie, lector o editor. Ni a comprometerme a cumplir los plazos de entrega a que deben ceñirse tantos de los que publican. Literatura por encargo, como si el escritor fuera un sastre o un fabricante de electrodomésticos. Me espanta el sólo pensarlo. No tengo formación académica.

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