Una escena un poco surrealista
Alicia Bermúdez Merino
Madrid - Spain
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https://valentina-lujan.es/U/unaescenasurreal.pdf Hará algo más de dos horas. Iba a los gatos y, al cruzar López de Hoyos, veo a la distancia – mi vista no es una maravilla – algo tirado en el bulevar, en esa especie de cosa parecida a un bulevar que hicieron cuando la obra del túnel; algo que no era bolsa de plástico ni envoltorio informe que, estoy segura, es un cuerpo. Sigo caminando y es un cuerpo efectivamente. Estaban siendo algo más de las tres y cuarto de la madrugada. Me acerco y la escena parecía irreal. Una mujer francamente guapa, joven pero no demasiado, yo le calculé entre treinta y treinta y cinco, aunque tengo la idea de que soy bastante mala calculando edades. Tumbada, sobre su lado derecho, dentro del bulevar aunque uno de los pies; el de la pierna derecha ― me fijé, y se me quedó grabada la postura porque era bonita, armoniosa, bien dispuesta, como si estuviera posando para una fotografía ― sí sobresalía un poco y quedaba sobre el asfalto. Era justo el semáforo, cualquiera que hubiese pasado por allí habría forzosamente tenido que verla. Tumbada, de perfil, con un pelo rubio que estoy segura era natural, largo, y un gesto perfectamente plácido. Como si estuviera durmiendo en su cama. Estaba descalza. Llevaba un pantalón blanco, vaquero; un suéter de color azul verdoso con algo de lentejuelas, no muchas, o pedrería, y los brazos un poco flexionados por delante de la cara. Dejé sobre el banco de la rotonda la lata de comida para gatos que llevaba abierta y me acuclillé a su lado, mirándola. Pensé que estaba muerta porque nada en ella se movía, ni siquiera ese leve subir y bajar del cuerpo en una respiración tranquila. Incluso me pareció que en su cara había una muy leve sonrisa. La miré unos segundos sin saber si debía hablarle en tono normal o alto o si lo que procedía era zarandearla. Consideré que tocarla no fuese tal vez prudente. Junto a sus pies había un bolso blanco, abierto. Pensé la han golpeado para robarle, pero reparé en que lo que primero se veía dentro del bolso eran unas sandalias de tacón. Si has hurgado en el bolso para hurtar algo no parece muy lógico que las sandalias estén encima de todo, ¿no? Bueno: me resolví a hablarle. Sé que la traté de usted. Y que dije señora. “Señora”, ¿se encuentra mal?, ¿necesita algo? Abrió entonces unos ojos verdes, bonitos, sorprendidos pero no espantados; entonces es cuando vi que era guapa y no excesivamente joven… No he dicho que estuve todo el rato, todos los segundos o minutos, pensando que era una broma de alguien; algún programa de televisión de esos que filman cómo reacciona la gente ante tal o cual hecho. Me miró, sacudió la cabeza, se pasó las manos por la cara y perfectamente risueña dijo creo que estoy bien. -Pero está tirada en la calle – le dije. Sonrió y se colocó en la postura en que la encontré; como dispuesta a seguir durmiendo. Pero volvió a abrir los ojos enseguida e hizo un amago, no muy decidido de incorporarse. -No puede estar tirada en la calle – le dije. Ella contestó, muy tranquila, no; claro que no. Y se movió con mucha lentitud. En ese momento se paró un taxi del que bajó una pareja joven. Mientras el hombre terminaba de cerrar la puerta, ella, una chica ésta sí bastante joven, se acerca y se dirige a la mujer hablándole en inglés. Eso me hizo pensar que se conocían; pero la joven, al yo preguntarle, dijo no, es que íbamos en el taxi, en esa dirección – y señaló la calzada al lado contrario del bulevar – pero al verla aquí caída hemos dicho al taxista que diera la vuelta. Ah- dije – yo es que, aunque de lejos veo no muy bien, pensé eso nada más puede estar siendo un cuerpo. El hombre joven parecía un poco malhumorado. También él le habló en inglés, que si necesitaba algo. Yo en ningún momento me planteé que no fuera española; pero tampoco me pareció descabellado que le hablasen en inglés porque, ciertamente, sus colores, de pelo y piel y ojos, más parecían de extranjera. Se había sentado en el suelo, como sobre la arena de la playa; y me di cuenta entonces de que en el pie izquierdo llevaba una venda, más bien algo como una férula... Etiqueta: Papeles Categoría: Telas

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Code: 2306284705074
Date: Jun 28 2023 18:50 UTC
Author: Vanesa
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Escritora, porque la escritura es lo que profeso. Pero, no siendo la escritura mi fuente de ingresos, no me atrevería a denominarla mi profesión. No creo, por otra parte, que estuviera dispuesta a avenirme a complacer a nadie, lector o editor. Ni a comprometerme a cumplir los plazos de entrega a que deben ceñirse tantos de los que publican. Literatura por encargo, como si el escritor fuera un sastre o un fabricante de electrodomésticos. Me espanta el sólo pensarlo. No tengo formación académica.

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