Merced a la buena industria (versión de la sacacorchos de la señorita Susi)
Alicia Bermúdez Merino
Madrid - Spain
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http://valentina-lujan.es/m/mercedalabue.pdf merced a la buena industria y las muy hábiles negociaciones llevadas a cabo por un cuñado de Carlota Manzano ― casado con su hermana pequeña aunque profundamente enamorado de ella, Carlota, que por “cosas de la vida”, se dijo siempre aunque las tales “cosas” jamás trascendieron, y tan guapa como era, decidió en eso que se suele llamar la flor de la vida ingresar en un convento ― que, muy bien relacionado con los mejores paisajistas de la ciudad , logró que Heriberto Trashorras, el más imaginativo de todos, cediera a los ruegos de la abuela de que, por favor, no quería marcharse de este mundo sin haberlo visto, a él, papá, su hijo, sentado no como un pasmarote en lo que alguna vez fuese desierto destartalado, atestado de sillas desvencijadas e infinidad de otros innumerables trastos, por el que la del notario (Margarita) transitase tocada con su salacot y sus trenzas de lana protestando ― tanto como le gustaba gruñir ― que a ver cuando alguien tenía la amabilidad de vaciarlo y colocar unas dunas de arena, doradita y como Dios manda, que la deprimía terriblemente, sino en uno de verdad con sus arriates y sus fuentes o, por lo menos, algún cocotero que, indefectiblemente, hacían enfadar a la señorita de turno (porque no siempre era Acracia, dependiendo del día de la semana o sí, aunque sí fuera el día concertado, tenía ella que ir al dentista o ser Ofelia) porque, decía, “a ver si puede ser que atendáis y nos pongamos todos de acuerdo en por dónde nos estamos moviendo” porque ― le explicó a Heriberto ― “tenga bajo qué cobijarse; que, y más si le toca verano, regresa todas las tardes el pobre hijo mío con la calva colorada” que era, justamente eso ―dijo con un punto de sarcasmo ―, lo que nos estaba faltando para montar un decorado que no veía ella, tan dispersos todos y poquito centrados, cómo íbamos a poder sacar adelante sin que se le notaran las juntas “y las manchas de ese tigre ― reprendió a Isolda Cubero ―, por favor más pequeñas y más juntas” y, también por favor, que no diese las puntadas tan largas ni volviéramos a “acordaros de mí”, dijo, cuando alguna idiota tuviese el sarampión o estuviese castigada, a lo que él respondió que estaba seguro, con unas explicaciones tan precisas, de poder complacerla a plena satisfacción porque “nosotros, señora, somos especialistas”. Y que ya vería qué contenta se quedaba. Etiqueta: Narrativa, Versiones Categoría: Telas

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Code: 2306284702585
Date: Jun 28 2023 12:52 UTC
Author: La sacacorchos de la señorita
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Escritora, porque la escritura es lo que profeso. Pero, no siendo la escritura mi fuente de ingresos, no me atrevería a denominarla mi profesión. No creo, por otra parte, que estuviera dispuesta a avenirme a complacer a nadie, lector o editor. Ni a comprometerme a cumplir los plazos de entrega a que deben ceñirse tantos de los que publican. Literatura por encargo, como si el escritor fuera un sastre o un fabricante de electrodomésticos. Me espanta el sólo pensarlo. No tengo formación académica.

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