About the work
http://valentina-lujan.es/Dbre10/La%20prima%20pecosa.pdf
La prima pecosa de la Antúnez — es decir, la que estuviese siendo por entonces y en el caso de que el día de los difuntos estuviera haciendo menos frío que el año anterior (que de toda la vida y aunque pueda parecer mentira se ha dicho que cada día de los difuntos está siendo el más frio que se recuerda) la cuñada de la de Zabala; porque si de verdad hacía más el puesto saltaba a la pequeña de las Prieto, que con la pelliza de su tío el cabrero lo sobrellevaba sin un mal estornudo y sin apenas moquear — solía rezongar que seguiría siendo igual de poético si en vez de marcar en rojo desde la coma que va detrás de “sienes” se marcase sólo desde la que va delante de “lejos” y se conservaría sin quiebros ni fracturas el sentido de la que va en negro.
Es decir, que con la propuesta de la pecosa el párrafo habría quedado así:
La dejamos hacer ― a la memoria ― y, con deleite, lo aplicamos ― el néctar ― con las yemas de los dedos en las sienes, y en el cuello, y detrás de las orejas y en la frente, y aspiramos el olor evanescente del antaño mientras se demoraba ella por entre los jirones de las tardes ociosas en que lejos de los lugares más o menos comunes que hoy se nos figuran tan exóticos, lejos también de sospechar siquiera que pudiera existir un “mañana” distinto de aquellos que se desperezaban en amaneceres tan iguales éramos algo (ojo a la llamadita) que, por cierto, la última vez que alguien lo mencionó ya dio problemas porque ― la más corpulenta de las Carvajal ― que pero, bueno, eso es muy elástico…
Pero ella, Finita, jamás accedió bajo el pretexto de que ya era bastante tergiversar el tema con lo de la cajita de rapé en detrimento del destornillador, y de la mano de almirez y de la biela como para, encima, comerse dos comas no habiendo causa de fuerza mayor y mientras se pudiera evitar.
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About the creator
Escritora, porque la escritura es lo que profeso. Pero, no siendo la escritura mi fuente de ingresos, no me atrevería a denominarla mi profesión. No creo, por otra parte, que estuviera dispuesta a avenirme a complacer a nadie, lector o editor. Ni a comprometerme a cumplir los plazos de entrega a que deben ceñirse tantos de los que publican. Literatura por encargo, como si el escritor fuera un sastre o un fabricante de electrodomésticos. Me espanta el sólo pensarlo.
No tengo formación académica.
Ah, que se me olvidaba explicar a mis lectores, y a mis seguidores, y a mis amigos y enemigos, por qué "Telas de araña con bastón, canario y abanico"; y ello es por algo tan sencillo como el hecho de que la vida, todas las vidas, son exactamente una tela de araña, entretejiéndose, las unas con las otras.
He de confesar también que el título no se me ocurrió a mí; no. El título es el de un cuadro, grande, al óleo, que vi hace muchos años no recuerdo ya dónde en una exposición y en el que, aunque me dejé los ojos escrutándolo, no logré encontrar ni el bastón ni el canario ni el abanico y que, además y desafortunadamente, no recuerdo el nombre del autor.