About the work
https://valentina-lujan.es/E/enelquetantastard.pdf
en el que tantas tardes Ciriaquito (el “del Valle”), enteramente absorto y sin ― tan meticuloso, obsesivo y tenaz como debería a aquellas alturas de su brillantísima carrera suponérsele ― percatarse de que aquel era el lugar en que más desasosegado tendría que sentirse, se quedaba hasta prácticamente la hora de cenar echando cuentas y los toldos hasta que, tras cavilar un buen rato y haber logrado cuadrarlas o una penumbra casi perfecta, concluía que o muy bien pudiese estar partiendo de premisas erróneas en la práctica de sus experimentos o, peor todavía, equivocándose de medio a medio al desoyendo las voces de los que al otro lado de la puerta cerrada de su laboratorio discutían si debería ser al cruzar una calle o en una bifurcación de caminos donde, aturullada la abuela ― que ya no era la pobrecita ni su sombra y se la requería para comparecer de pascuas a ramos y en circunstancias no digamos dramáticas pero sí un poco especiales
–Pero qué quieres ― alguna de las cuñadas de cualquiera de sus hijas ― si en nada de tiempo perdió mucho; ya no era la misma que...Y mira que guardaban las servilletas de siempre como oro en paño, a ver si así... Pero ya aquella especie de conejo tan gracioso, ¿te acuerdas?, se parecía mucho más a un cangrejo.
La lengua de trapo le duró algo más pero sólo si le daba la gana y si acudía a tiempo; siempre con sus amigos y tonteando de acá para allá... que hasta un pircin, “¡en el ombligo y todo; fíjate!, que se ha puesto ¿No es terrible?”.
–Como que ― alguno de los maridos de cualquiera de las cuñadas ― llega un momento en que no haces ya carrera de ellos.
e, incluso a veces, nada más por puro compromiso y porque no se sintiera postergada como se había vuelto tan susceptible ―, se cruzara de brazos frente a un autobús o frunciese el ceño delante de una vaca e inquiriera «¿Qué es entonces lo que queréis que haga?».
Pero que la vida jamás se detiene y que ellos tienen que encontrar su propio camino aunque se equivoquen; y que qué se puede hacer más que estar a su lado y tratar de comprenderlos.
Y que si no se unificaban criterios «miedo me da, de verdad os lo digo, de terminar bajo las ruedas de un tractor o perdida en la sección de bricolaje de algún centro comercial»; y que cuantísimo mejor no estaría ella poniendo unas piezas a las sábanas o en su cocina, tan contenta, haciendo aquellas rosquillas de limón que tanto le gustan a la Nines, que está siempre «a ver cuando me hace usté unas poquitas» empecinarse en que sí, en que con mucha paciencia lograría dar con la esencia misma del porqué ― e incluso con la del para qué, ya que se ponía ― de la vida de seres tan despreciados como la cochinilla de humedad o el mosquito trompetero.
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About the creator
Escritora, porque la escritura es lo que profeso. Pero, no siendo la escritura mi fuente de ingresos, no me atrevería a denominarla mi profesión. No creo, por otra parte, que estuviera dispuesta a avenirme a complacer a nadie, lector o editor. Ni a comprometerme a cumplir los plazos de entrega a que deben ceñirse tantos de los que publican. Literatura por encargo, como si el escritor fuera un sastre o un fabricante de electrodomésticos. Me espanta el sólo pensarlo.
No tengo formación académica.
Ah, que se me olvidaba explicar a mis lectores, y a mis seguidores, y a mis amigos y enemigos, por qué "Telas de araña con bastón, canario y abanico"; y ello es por algo tan sencillo como el hecho de que la vida, todas las vidas, son exactamente una tela de araña, entretejiéndose, las unas con las otras.
He de confesar también que el título no se me ocurrió a mí; no. El título es el de un cuadro, grande, al óleo, que vi hace muchos años no recuerdo ya dónde en una exposición y en el que, aunque me dejé los ojos escrutándolo, no logré encontrar ni el bastón ni el canario ni el abanico y que, además y desafortunadamente, no recuerdo el nombre del autor.