Nota de revisión – Versión actualizada de la obra registrada
Esta es una versión revisada de la letra original registrada con prueba de identificación en Safe Creative: 2508152789975. Los cambios realizados son menores y consisten en la modificación de varias palabras en varias estrofas, sin alterar el sentido ni la estructura general de la obra.
Fecha de revisión: 19 de agosto de 2025
Autor: Luis Amo Escobar
Licencia: Se mantiene la misma licencia. Quedando la letra final de la siguiente manera:
"Intro hablada a la canción ABRIGO ROJO:
“Hay mujeres que no bajan del cielo, pero lo parecen.
Un abrigo rojo, un paso lento como un domingo,
y esa forma de caminar que te desordena los inviernos.
Yo la vi… y desde entonces, no sé si la recuerdo o la inventé.”
LETRA DE LA CANCION:
ABRIGO ROJO
Ella bajaba del brazo de su madre,
como quien baja del cielo sin permiso,
con un abrigo rojo y ese hechizo
de las que tienen el trópico en la sangre.
Yo, con mi alma en huelga y media barba,
le lancé una sonrisa con resaca,
me hechizó su perfume y sin palabras,
el diablo me guiaba hasta su cama.
Me hablaba con acento de arepa y papaya,
yo respondía con versos de whisky barato,
y aunque nunca cruzamos nuestro imaginario trato,
la deseaba más que luchar en la batalla.
Nunca hubo caricias, ni besos, ni cama,
solo palabras con filo y acierto,
“he sido vencido por mi propio cuerpo”
en palabras escritas por Cadenas y sus tramas.
Pintaba cuadros con oleo y pincel
yo la visitaba con alguna excusa
sin perder de vista el botón de su blusa
mientras yo imaginaba pecados en su piel.
Se insinuaba entre pinceles y paredes rosas,
ella reía, me seguía el juego,
como quien sabe que el fuego no quema
si se esconde en su vestidito nuevo.
Y yo que juré no volver a caer,
me tropecé con sus ojos en la acera,
ella tenía la edad de la primavera
y yo los inviernos tatuados en la piel.
Nos bastaron unas frases con doble intención
para encender la ciudad con un gesto,
ella era un poema sin texto
y yo un verso perdido en su canción.
Si me olvida que lo haga despacio,
como quien se quita los zapatos al bailar,
yo me iré silbando sin su espacio
que dejó su perfume al caminar.
Y al final, ni su nombre quedó en mi libreta,
ni su sombra en mi pelo blanco, ni su risa en mi voz.
Ni llegó aquel café sin cita, ni lugar, ni mesa,
cómo se pierde un tren que jamás pasó."
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