Capítulo 19 – El Cuerpo Equivocado Autora Marta Digat (Donde el destino se disfraza para engañar al tiempo)
08/11/2025
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Capítulo 19 – El Cuerpo Equivocado Autora Marta Digat
(Donde el destino se disfraza para engañar al tiempo)
La llamada llegó a las 3:17 de la madrugada. Giselle, que no lograba dormir, contestó
antes del tercer timbrazo.
—Doctora, tenemos un caso urgente —la voz al otro lado sonaba grave, tensa—. Es un
paciente masculino en coma, sin identificación clara. Hay algo extraño… y
necesitamos su valoración inmediata.
Media hora después, Giselle caminaba por el pasillo silencioso del hospital, con el eco
de sus pasos rebotando contra las paredes. El colgante que había recibido en su visión
descansaba sobre su pecho, como un latido ajeno al suyo.
Cuando entró en la sala de cuidados intensivos, el tiempo pareció detenerse. Sobre la
cama, rodeado de tubos y monitores, yacía un hombre joven. Tenía el rostro
parcialmente cubierto por vendas, pero incluso así… algo en él le resultaba
dolorosamente familiar.
Se acercó despacio, con una mezcla de temor y certeza. Sus dedos rozaron su mano, y
una corriente eléctrica le recorrió el brazo. Una oleada de imágenes golpeó su mente:
el mirador de Lisboa, el campo de batalla en Egipto, la tormenta en alta mar… y su voz,
clara, profunda, pronunciando las mismas palabras en todas las vidas:
—Cuando lo tengas, me tendrás a mí.
El monitor cardíaco emitió un pitido prolongado y el paciente movió apenas los dedos.
Giselle sintió un nudo en la garganta. ¿Era posible que él… estuviera aquí, en este
cuerpo?
La puerta se abrió de golpe. Una enfermera entró apresurada.
—Doctora, necesitamos que se aparte. Está reaccionando.
Pero Giselle no se movió. Sujetó su mano con más fuerza.
—No… —susurró—. No es una reacción. Es… él.
Capítulo 19 – El Cuerpo Equivocado
(continuación)
El hombre abrió los ojos lentamente. Sus pupilas, oscuras y profundas, buscaron algo
en la penumbra de la habitación… hasta detenerse en ella. Giselle sintió que el aire se
le escapaba de los pulmones.
—¿Giselle? —susurró, apenas audible.
Su nombre en aquella voz… era como escuchar un eco que venía de siglos atrás. El
mismo timbre, la misma forma de pronunciarlo, idéntica a todas las vidas en las que él
la había llamado.
—Soy yo… —respondió, con lágrimas acumulándose en sus ojos—. Estoy aquí.
Pero antes de que pudiera decir algo más, la enfermera intervino.
—Doctora, el paciente está débil, no debe hablar.
Giselle asintió, pero no soltó su mano. Sabía que cada segundo era valioso.
—Tranquilo —le dijo en voz baja—. Todo estará bien… te encontré.
Él cerró los ojos, agotado, pero sin soltarla. Fue entonces cuando Giselle vio algo que
le heló la sangre: alrededor de su cuello, bajo las vendas, colgaba una cadena. Tiró con
cuidado del metal hasta que un pequeño colgante apareció ante sus ojos… idéntico al
que ella llevaba.
Su corazón dio un vuelco. No podía ser coincidencia.
Recordó las palabras de la visión en Lisboa: “Cuando lo tengas, me tendrás a mí”.
Ahora, ese puente entre vidas estaba completo.
De pronto, un pensamiento inquietante cruzó su mente: ¿y si este hombre… no era
realmente él, sino alguien que había heredado su esencia? ¿Y si el alma de su amado
había reencarnado en un cuerpo que ya tenía otra historia, otra vida?
El dilema la golpeó con fuerza. Si era él, tendría que recuperarlo… pero ¿a qué costo?
En su interior, algo le decía que la respuesta la esperaba pronto, muy pronto. Y que el

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poemas de amor
temas ineditos de marta digat
poemas romanticos

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Capítulo 19 – El Cuerpo Equivocado Autora Marta Digat
(Donde el destino se disfraza para engañar al tiempo)
La llamada llegó a las 3:17 de la madrugada. Giselle, que no lograba dormir, contestó
antes del tercer timbrazo.
—Doctora, tenemos un caso urgente —la voz al otro lado sonaba grave, tensa—. Es un
paciente masculino en coma, sin identificación clara. Hay algo extraño… y
necesitamos su valoración inmediata.
Media hora después, Giselle caminaba por el pasillo silencioso del hospital, con el eco
de sus pasos rebotando contra las paredes. El colgante que había recibido en su visión
descansaba sobre su pecho, como un latido ajeno al suyo.
Cuando entró en la sala de cuidados intensivos, el tiempo pareció detenerse. Sobre la
cama, rodeado de tubos y monitores, yacía un hombre joven. Tenía el rostro
parcialmente cubierto por vendas, pero incluso así… algo en él le resultaba
dolorosamente familiar.
Se acercó despacio, con una mezcla de temor y certeza. Sus dedos rozaron su mano, y
una corriente eléctrica le recorrió el brazo. Una oleada de imágenes golpeó su mente:
el mirador de Lisboa, el campo de batalla en Egipto, la tormenta en alta mar… y su voz,
clara, profunda, pronunciando las mismas palabras en todas las vidas:
—Cuando lo tengas, me tendrás a mí.
El monitor cardíaco emitió un pitido prolongado y el paciente movió apenas los dedos.
Giselle sintió un nudo en la garganta. ¿Era posible que él… estuviera aquí, en este
cuerpo?
La puerta se abrió de golpe. Una enfermera entró apresurada.
—Doctora, necesitamos que se aparte. Está reaccionando.
Pero Giselle no se movió. Sujetó su mano con más fuerza.
—No… —susurró—. No es una reacción. Es… él.
Capítulo 19 – El Cuerpo Equivocado
(continuación)
El hombre abrió los ojos lentamente. Sus pupilas, oscuras y profundas, buscaron algo
en la penumbra de la habitación… hasta detenerse en ella. Giselle sintió que el aire se
le escapaba de los pulmones.
—¿Giselle? —susurró, apenas audible.
Su nombre en aquella voz… era como escuchar un eco que venía de siglos atrás. El
mismo timbre, la misma forma de pronunciarlo, idéntica a todas las vidas en las que él
la había llamado.
—Soy yo… —respondió, con lágrimas acumulándose en sus ojos—. Estoy aquí.
Pero antes de que pudiera decir algo más, la enfermera intervino.
—Doctora, el paciente está débil, no debe hablar.
Giselle asintió, pero no soltó su mano. Sabía que cada segundo era valioso.
—Tranquilo —le dijo en voz baja—. Todo estará bien… te encontré.
Él cerró los ojos, agotado, pero sin soltarla. Fue entonces cuando Giselle vio algo que
le heló la sangre: alrededor de su cuello, bajo las vendas, colgaba una cadena. Tiró con
cuidado del metal hasta que un pequeño colgante apareció ante sus ojos… idéntico al
que ella llevaba.
Su corazón dio un vuelco. No podía ser coincidencia.
Recordó las palabras de la visión en Lisboa: “Cuando lo tengas, me tendrás a mí”.
Ahora, ese puente entre vidas estaba completo.
De pronto, un pensamiento inquietante cruzó su mente: ¿y si este hombre… no era
realmente él, sino alguien que había heredado su esencia? ¿Y si el alma de su amado
había reencarnado en un cuerpo que ya tenía otra historia, otra vida?
El dilema la golpeó con fuerza. Si era él, tendría que recuperarlo… pero ¿a qué costo?
En su interior, algo le decía que la respuesta la esperaba pronto, muy pronto. Y que el
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Entry date Aug 11, 2025, 12:53 PM UTC
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Author 100.00 %. Holder marta vazquez digat. Date Aug 11, 2025.


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