Capítulo 18 – La Despedida Final Autora Marta Digat (Donde el amor se despide… pero no muere)
08/11/2025
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Capítulo 18 – La Despedida Final Autora Marta Digat
(Donde el amor se despide… pero no muere)
El amanecer se abría sobre Lisboa con una luz dorada que acariciaba los tejados
antiguos. La brisa del Tajo llevaba el aroma salino del mar y el murmullo distante de las
gaviotas. Desde el mirador, la ciudad parecía suspendida en un instante eterno.
Giselle se encontró allí, envuelta en un vestido de lino que ondeaba suavemente. No
estaba sola. Frente a ella, con la mirada fija en sus ojos, estaba él… su alma gemela,
con un rostro distinto al que conocía en el presente, pero con la misma intensidad en la
mirada, esa que reconocería en cualquier siglo.
—Sabes que no puedo quedarme —dijo él, con la voz quebrada.
—Y yo sé que no puedo detenerte —respondió Giselle, sintiendo cómo el pecho se le
encogía—. Pero prométeme que esta no será la última vez.
Él sacó de su bolsillo una pequeña joya antigua, un colgante con forma de media luna y
un diminuto zafiro incrustado en el centro. Lo colocó en sus manos con suavidad,
cerrando sus dedos sobre el metal frío.
—Este será nuestro puente —susurró—. Cuando lo tengas, me tendrás a mí.
Un silencio denso los envolvió. Podían escuchar los latidos del otro como si fueran su
propio corazón. La luz del sol comenzaba a elevarse, bañando sus rostros en un
resplandor cálido que parecía querer grabar aquella imagen en la eternidad.
Giselle sintió la punzada familiar que siempre anunciaba el final de sus visiones. La
brisa cambió, el cielo pareció disolverse en destellos… y el mirador se desvaneció.
Abrió los ojos en su habitación, el colgante frío en la palma de su mano. Aún podía
escuchar su voz, como un eco que no se apagaba: “Cuando lo tengas, me tendrás a
mí”.
Capítulo 18 – La Despedida Final
(Donde el amor se despide… pero no muere)
…(continuación desde la escena en Lisboa)
Giselle permaneció sentada en el borde de la cama, con la luz de la madrugada
filtrándose por la ventana. Sus dedos acariciaban el colgante una y otra vez, como si el
tacto del metal pudiera devolverle el calor de sus manos.
El sueño… la visión… había sido tan vívida que aún sentía en los labios el eco de
palabras no dichas. Sabía que no era solo un recuerdo de otra vida: era un mensaje.
Una advertencia y una promesa al mismo tiempo.
Se levantó y fue hasta su escritorio. Abrió el cuaderno donde registraba cada visión y,
con la caligrafía apresurada de quien teme olvidar, escribió cada detalle: el olor del
mar, la textura de la piedra bajo sus pies, el color exacto de la luz sobre su rostro.
Mientras escribía, el recuerdo del pasado se entrelazaba con la realidad presente:
Aurora, las revelaciones recientes, el manuscrito de su padre, la sombra de Elizabeth…
y ahora, ese puente misterioso que conectaba sus vidas con un simple objeto.
Se preguntó si el colgante tenía un significado más allá del símbolo romántico. Quizás
contenía una pista, algo tangible que pudiera guiarla en esta vida hacia él.
Cerró los ojos y volvió a sentir la brisa del mirador, el peso de su mirada.
En el silencio de la habitación, sus labios repitieron en un susurro:
—Cuando lo tengas, me tendrás a mí…
Un escalofrío le recorrió la espalda. Algo le decía que el tiempo se agotaba.
No sabía cómo ni cuándo, pero presentía que pronto, muy pronto, lo volvería a ver… y
que esta vez, la elección que hiciera podría cambiar no solo su destino, sino el de todas
las vidas que habían compartido.
Giselle tomó el colgante, lo colgó alrededor de su cuello y, al mirarse en el espejo,

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temas ineditos de marta digat
poemas romanticos
poemas de amor

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Title Capítulo 18 – La Despedida Final Autora Marta Digat (Donde el amor se despide… pero no muere)
Capítulo 18 – La Despedida Final Autora Marta Digat
(Donde el amor se despide… pero no muere)
El amanecer se abría sobre Lisboa con una luz dorada que acariciaba los tejados
antiguos. La brisa del Tajo llevaba el aroma salino del mar y el murmullo distante de las
gaviotas. Desde el mirador, la ciudad parecía suspendida en un instante eterno.
Giselle se encontró allí, envuelta en un vestido de lino que ondeaba suavemente. No
estaba sola. Frente a ella, con la mirada fija en sus ojos, estaba él… su alma gemela,
con un rostro distinto al que conocía en el presente, pero con la misma intensidad en la
mirada, esa que reconocería en cualquier siglo.
—Sabes que no puedo quedarme —dijo él, con la voz quebrada.
—Y yo sé que no puedo detenerte —respondió Giselle, sintiendo cómo el pecho se le
encogía—. Pero prométeme que esta no será la última vez.
Él sacó de su bolsillo una pequeña joya antigua, un colgante con forma de media luna y
un diminuto zafiro incrustado en el centro. Lo colocó en sus manos con suavidad,
cerrando sus dedos sobre el metal frío.
—Este será nuestro puente —susurró—. Cuando lo tengas, me tendrás a mí.
Un silencio denso los envolvió. Podían escuchar los latidos del otro como si fueran su
propio corazón. La luz del sol comenzaba a elevarse, bañando sus rostros en un
resplandor cálido que parecía querer grabar aquella imagen en la eternidad.
Giselle sintió la punzada familiar que siempre anunciaba el final de sus visiones. La
brisa cambió, el cielo pareció disolverse en destellos… y el mirador se desvaneció.
Abrió los ojos en su habitación, el colgante frío en la palma de su mano. Aún podía
escuchar su voz, como un eco que no se apagaba: “Cuando lo tengas, me tendrás a
mí”.
Capítulo 18 – La Despedida Final
(Donde el amor se despide… pero no muere)
…(continuación desde la escena en Lisboa)
Giselle permaneció sentada en el borde de la cama, con la luz de la madrugada
filtrándose por la ventana. Sus dedos acariciaban el colgante una y otra vez, como si el
tacto del metal pudiera devolverle el calor de sus manos.
El sueño… la visión… había sido tan vívida que aún sentía en los labios el eco de
palabras no dichas. Sabía que no era solo un recuerdo de otra vida: era un mensaje.
Una advertencia y una promesa al mismo tiempo.
Se levantó y fue hasta su escritorio. Abrió el cuaderno donde registraba cada visión y,
con la caligrafía apresurada de quien teme olvidar, escribió cada detalle: el olor del
mar, la textura de la piedra bajo sus pies, el color exacto de la luz sobre su rostro.
Mientras escribía, el recuerdo del pasado se entrelazaba con la realidad presente:
Aurora, las revelaciones recientes, el manuscrito de su padre, la sombra de Elizabeth…
y ahora, ese puente misterioso que conectaba sus vidas con un simple objeto.
Se preguntó si el colgante tenía un significado más allá del símbolo romántico. Quizás
contenía una pista, algo tangible que pudiera guiarla en esta vida hacia él.
Cerró los ojos y volvió a sentir la brisa del mirador, el peso de su mirada.
En el silencio de la habitación, sus labios repitieron en un susurro:
—Cuando lo tengas, me tendrás a mí…
Un escalofrío le recorrió la espalda. Algo le decía que el tiempo se agotaba.
No sabía cómo ni cuándo, pero presentía que pronto, muy pronto, lo volvería a ver… y
que esta vez, la elección que hiciera podría cambiar no solo su destino, sino el de todas
las vidas que habían compartido.
Giselle tomó el colgante, lo colgó alrededor de su cuello y, al mirarse en el espejo,
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Tags temas ineditos de marta digat, poemas romanticos, poemas de amor

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Identifier 2508112750595
Entry date Aug 11, 2025, 12:50 PM UTC
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Author 100.00 %. Holder marta vazquez digat. Date Aug 11, 2025.


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