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Capítulo 14 – La Médium y el Capitán
“Cuando el destino habló a través de la voz de los espíritus”
América colonial, 1789.
La brisa cálida del Caribe entraba por las ventanas abiertas de la casa de Isadora,
arrastrando consigo el aroma del mar y del jazmín nocturno.
En la penumbra de su salón, iluminado por velas y lámparas de aceite,
la joven médium movía lentamente las cartas sobre una mesa cubierta con un paño bordado.
El murmullo de los tambores en la calle se mezclaba con el tic-tac de un reloj heredado de su abuela.
Isadora no era una mujer común.
Desde niña podía escuchar voces donde los demás solo encontraban silencio,
y ver rostros donde otros veían sombras.
Su don la había convertido en consejera secreta de algunos y en motivo de temor para muchos.
La Inquisición vigilaba de cerca a quienes, como ella, hablaban con el mundo invisible.
Una noche, mientras leía el agua en un cuenco de cristal,
vio algo que le heló la sangre: un barco de guerra español acercándose al puerto.
En la proa, un hombre de uniforme azul y mirada firme… una mirada que reconoció.
No era la primera vez que esos ojos la encontraban en esta vida.
Días después, el capitán Sebastián de Ávila llegó a su puerta.
—Señorita Isadora, debo hablar con usted.
Su voz era grave, pero no había amenaza en ella.
Venía con órdenes de investigarla por brujería, pero desde el primer momento supo que no podría entregarla.
Isadora lo recibió con calma, ofreciéndole té de hierbas.
—Capitán, usted no ha venido aquí por órdenes del virrey… sino por otra razón.
Sebastián la miró en silencio, sorprendido de que ella supiera lo que ni él mismo se había atrevido a admitir.
Con el paso de las semanas, el deber se convirtió en visitas, y las visitas en confidencias.
Isadora le habló de sus visiones: de una Rusia nevada, de un cabaret en La Habana,
de un amor que renacía una y otra vez bajo distintos nombres y destinos.
Sebastián, aunque incrédulo al principio, comenzó a soñar con los mismos lugares,
a escuchar música que nunca había oído y a pronunciar un nombre que no recordaba en vigilia.
Pero la sombra de la Inquisición crecía.
Una noche, mientras Isadora entraba en trance, Sebastián se sentó junto a ella y le tomó la mano.
Sus labios comenzaron a murmurar palabras que no eran suyas:
—Te van a ejecutar, Sebastián… antes de la próxima luna llena.
Él la miró sin miedo, acariciándole el rostro.
—Si ese es mi destino, que así sea… pero no dejaré que te toquen.
Al amanecer, soldados irrumpieron en la casa.
Sebastián luchó con ferocidad, permitiendo que Isadora escapara por la puerta trasera hacia el muelle.
Desde la cubierta de un barco mercante, ella lo vio por última vez, de pie, rodeado de enemigos,
la espada en alto, como si quisiera cortar el hilo del destino.
Nunca supo si sobrevivió aquella noche.
Pero en sus sueños, él siempre regresaba.
Bajo cielos distintos, en cuerpos distintos, Sebastián volvía a buscarla.
Y así, en la línea invisible que unía todas sus vidas, Isadora guardó su última promesa:
"En el próximo amanecer… nos encontraremos de nuevo."
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Title Capítulo 14 – La Médium y el Capitán “Cuando el destino habló a través de la voz de los espíritus” América colonial, 1789.
Capítulo 14 – La Médium y el Capitán
“Cuando el destino habló a través de la voz de los espíritus”
América colonial, 1789.
La brisa cálida del Caribe entraba por las ventanas abiertas de la casa de Isadora,
arrastrando consigo el aroma del mar y del jazmín nocturno.
En la penumbra de su salón, iluminado por velas y lámparas de aceite,
la joven médium movía lentamente las cartas sobre una mesa cubierta con un paño bordado.
El murmullo de los tambores en la calle se mezclaba con el tic-tac de un reloj heredado de su abuela.
Isadora no era una mujer común.
Desde niña podía escuchar voces donde los demás solo encontraban silencio,
y ver rostros donde otros veían sombras.
Su don la había convertido en consejera secreta de algunos y en motivo de temor para muchos.
La Inquisición vigilaba de cerca a quienes, como ella, hablaban con el mundo invisible.
Una noche, mientras leía el agua en un cuenco de cristal,
vio algo que le heló la sangre: un barco de guerra español acercándose al puerto.
En la proa, un hombre de uniforme azul y mirada firme… una mirada que reconoció.
No era la primera vez que esos ojos la encontraban en esta vida.
Días después, el capitán Sebastián de Ávila llegó a su puerta.
—Señorita Isadora, debo hablar con usted.
Su voz era grave, pero no había amenaza en ella.
Venía con órdenes de investigarla por brujería, pero desde el primer momento supo que no podría entregarla.
Isadora lo recibió con calma, ofreciéndole té de hierbas.
—Capitán, usted no ha venido aquí por órdenes del virrey… sino por otra razón.
Sebastián la miró en silencio, sorprendido de que ella supiera lo que ni él mismo se había atrevido a admitir.
Con el paso de las semanas, el deber se convirtió en visitas, y las visitas en confidencias.
Isadora le habló de sus visiones: de una Rusia nevada, de un cabaret en La Habana,
de un amor que renacía una y otra vez bajo distintos nombres y destinos.
Sebastián, aunque incrédulo al principio, comenzó a soñar con los mismos lugares,
a escuchar música que nunca había oído y a pronunciar un nombre que no recordaba en vigilia.
Pero la sombra de la Inquisición crecía.
Una noche, mientras Isadora entraba en trance, Sebastián se sentó junto a ella y le tomó la mano.
Sus labios comenzaron a murmurar palabras que no eran suyas:
—Te van a ejecutar, Sebastián… antes de la próxima luna llena.
Él la miró sin miedo, acariciándole el rostro.
—Si ese es mi destino, que así sea… pero no dejaré que te toquen.
Al amanecer, soldados irrumpieron en la casa.
Sebastián luchó con ferocidad, permitiendo que Isadora escapara por la puerta trasera hacia el muelle.
Desde la cubierta de un barco mercante, ella lo vio por última vez, de pie, rodeado de enemigos,
la espada en alto, como si quisiera cortar el hilo del destino.
Nunca supo si sobrevivió aquella noche.
Pero en sus sueños, él siempre regresaba.
Bajo cielos distintos, en cuerpos distintos, Sebastián volvía a buscarla.
Y así, en la línea invisible que unía todas sus vidas, Isadora guardó su última promesa:
"En el próximo amanecer… nos encontraremos de nuevo."
Work type Article
Tags poemas romanticos, temas ineditos de marta digat, poemas de amor
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Registry info in Safe Creative
Identifier 2508102743019
Entry date Aug 10, 2025, 7:55 PM UTC
License All rights reserved
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Copyright registered declarations
Author 100.00 %. Holder marta vazquez digat. Date Aug 10, 2025.
Information available at https://www.safecreative.org/work/2508102743019-capitulo-14-la-medium-y-el-capitan-cuando-el-destino-hablo-a-traves-de-la-voz-de-los-espiritus-america-colonial-1789-