Capítulo 10 – Egipto Antiguo “El Loto y la Espada” (Donde el amor desafió a los dioses y al tiempo)
08/10/2025
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Capítulo 10 – Egipto Antiguo
“El Loto y la Espada”
(Donde el amor desafió a los dioses y al tiempo)
El sol nacía sobre el Nilo como un disco de oro, tiñendo de luz las aguas tranquilas y los muros del templo de Isis.
Nefra, sacerdotisa sanadora, caminaba descalza por el patio de piedra, llevando en las manos un cuenco de alabastro lleno de loto azul.
Su vida había sido dedicada a la diosa desde la infancia: sanar, consolar, orar.

Pero desde hacía noches, un sueño la perseguía: un mar embravecido, cadenas, un hombre que la llamaba “mi reina”.
No sabía quién era, pero al despertar, su corazón ardía con una nostalgia imposible.

Khaemwaset, guardia de élite del faraón, llegó al templo herido tras un combate en la frontera sur.
Sus ojos, negros y profundos, se cruzaron con los de Nefra mientras ella limpiaba la sangre de su brazo.
En ese instante, algo en su pecho reconoció un latido antiguo.

El romance nació en silencio: miradas furtivas en los pasillos del templo, palabras susurradas al borde del río, caricias robadas entre columnas.
Pero Egipto se preparaba para la guerra, y Khaemwaset debía partir.

La noche antes de su partida, Nefra lo llevó a la cámara interior, donde solo las sacerdotisas podían entrar.
Encendió lámparas de aceite, dibujó símbolos en la arena y colocó un loto azul sobre su corazón.

—Prométeme que volverás —susurró ella.
—En todas las vidas, te encontraré —respondió él.

El amanecer lo reclamó, y Khaemwaset partió con el ejército.
Días después, Nefra sintió un frío que no venía del viento del desierto.
Encendió incienso y entró en trance, viajando con el espíritu hasta el campo de batalla.
Allí lo vio, caído entre lanzas y polvo.
Se arrodilló junto a él y tomó su mano.

En ese instante, la visión cambió: ya no estaban en el desierto, sino en un barco, en medio de una tormenta…
Ella era otra mujer, él otro hombre, pero el amor era el mismo.
Un eco del pasado la envolvió: Amina y Adrien, ahogados por el mar, jurando reencontrarse.

Nefra despertó llorando. Sabía que la historia aún no terminaba.

***

Mientras el Nilo reflejaba las estrellas, Nefra miró el agua y susurró una plegaria.
En la superficie, creyó ver un rostro que no era el suyo…
un rostro que la esperaba en otro tiempo, en otro lugar.
Y así, el loto azul siguió flotando río abajo, llevando su promesa hasta la siguiente vida.

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temas ineditos de marta digat
poemas de amor
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Capítulo 10 – Egipto Antiguo
“El Loto y la Espada”
(Donde el amor desafió a los dioses y al tiempo)
El sol nacía sobre el Nilo como un disco de oro, tiñendo de luz las aguas tranquilas y los muros del templo de Isis.
Nefra, sacerdotisa sanadora, caminaba descalza por el patio de piedra, llevando en las manos un cuenco de alabastro lleno de loto azul.
Su vida había sido dedicada a la diosa desde la infancia: sanar, consolar, orar.

Pero desde hacía noches, un sueño la perseguía: un mar embravecido, cadenas, un hombre que la llamaba “mi reina”.
No sabía quién era, pero al despertar, su corazón ardía con una nostalgia imposible.

Khaemwaset, guardia de élite del faraón, llegó al templo herido tras un combate en la frontera sur.
Sus ojos, negros y profundos, se cruzaron con los de Nefra mientras ella limpiaba la sangre de su brazo.
En ese instante, algo en su pecho reconoció un latido antiguo.

El romance nació en silencio: miradas furtivas en los pasillos del templo, palabras susurradas al borde del río, caricias robadas entre columnas.
Pero Egipto se preparaba para la guerra, y Khaemwaset debía partir.

La noche antes de su partida, Nefra lo llevó a la cámara interior, donde solo las sacerdotisas podían entrar.
Encendió lámparas de aceite, dibujó símbolos en la arena y colocó un loto azul sobre su corazón.

—Prométeme que volverás —susurró ella.
—En todas las vidas, te encontraré —respondió él.

El amanecer lo reclamó, y Khaemwaset partió con el ejército.
Días después, Nefra sintió un frío que no venía del viento del desierto.
Encendió incienso y entró en trance, viajando con el espíritu hasta el campo de batalla.
Allí lo vio, caído entre lanzas y polvo.
Se arrodilló junto a él y tomó su mano.

En ese instante, la visión cambió: ya no estaban en el desierto, sino en un barco, en medio de una tormenta…
Ella era otra mujer, él otro hombre, pero el amor era el mismo.
Un eco del pasado la envolvió: Amina y Adrien, ahogados por el mar, jurando reencontrarse.

Nefra despertó llorando. Sabía que la historia aún no terminaba.

***

Mientras el Nilo reflejaba las estrellas, Nefra miró el agua y susurró una plegaria.
En la superficie, creyó ver un rostro que no era el suyo…
un rostro que la esperaba en otro tiempo, en otro lugar.
Y así, el loto azul siguió flotando río abajo, llevando su promesa hasta la siguiente vida.
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Entry date Aug 10, 2025, 7:47 PM UTC
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