Capítulo 4 – Sombras en la Morgue Susurros de Amor Autora: Marta Digat (Continua)
08/01/2025
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Capítulo 4 – Sombras en la Morgue
Capítulo 4 – Sombras en la Morgue
Susurros de Amor
Autora: Marta Digat
(Un caso forense actual guarda similitudes con una vida pasada)
Suena la alarma del reloj. Son las 7:00 de la noche. Me incorporo lentamente de la cama, dejando el libro de mi abuelo sobre la almohada. Hoy comienzo a trabajar a las doce de la madrugada; esta semana me toca el turno nocturno.
Aurora me cuida desde que era una niña. Fue mi niñera, y ahora, en la adultez, es mucho más que eso: es mi segunda madre.
Aurora es una mujer pulcra, cariñosa, afable. Está pendiente de mí, de mis cosas, de cada rincón de la casa. Mi madre, absorbida por sus responsabilidades como científica, confió en ella mi crianza, y no pudo haber elegido mejor.
Aurora es una mujer maravillosa: gran cocinera, ama de casa impecable, consejera silenciosa y presencia constante. Mantiene el orden del hogar con una dedicación que solo puede venir del amor profundo.
Si pudiera volver a nacer en otra vida, elegiría que ella me cuidara otra vez. Quizás ya lo hizo antes... ¿Y si en vidas pasadas fue mi madre? ¿Mi hermana? Hay algo en su mirada que me resulta eternamente familiar.
Tenemos un lazo invisible, pero fuerte: amor, respeto, confianza, complicidad. Con ella me siento segura. Le cuento mis inquietudes, y ella, en un tono íntimo y sereno, me comparte fragmentos de su pasado.
Una vez me confesó que, en su juventud, tuvo un amor platónico. Se enamoró perdidamente de un famoso escritor, un hombre que, según ella, cambió su vida… aunque nunca se atrevió a confesarle sus sentimientos.
—Nunca me casé —me dijo una tarde mientras ordenaba la vajilla antigua— porque nadie más pudo ocupar ese lugar.
—¿Y quién era, Aurora? —le pregunté curiosa.
Ella desvió la mirada, sus ojos se nublaron de nostalgia.
—No lo recuerdo —murmuró—. Lo bloqueé. Me duele demasiado recordarlo…
Ese detalle siempre me pareció extraño. ¿Cómo puede alguien olvidar al gran amor de su vida? ¿O… acaso no lo ha olvidado, sino que lo oculta?
Desde entonces, una sospecha silenciosa se sembró en mí. ¿Qué secretos guarda Aurora? ¿Y si ese escritor… fue mi abuelo?
***
Antes de salir hacia el hospital, decidí subir al desván. No sé por qué lo hice. Tal vez fue un impulso. O tal vez… fue el libro del abuelo, aún tibio sobre mi almohada, que parecía mirarme como un testigo silente de un secreto antiguo.
Aurora, como siempre, se acercó al pie de la escalera con su voz suave:
—¿Subes sola? Hay polvo… y muchos recuerdos allá arriba.
—Sí —le respondí, sin mirarla del todo—. Solo será un momento.
Ella bajó la mirada. Un leve temblor cruzó sus labios, como si su alma contuviera algo que quería salir… pero no debía.
Subí lentamente, guiada por la tenue luz del tragaluz. Entre los baúles y los muebles cubiertos por sábanas grises, algo me llamó la atención: una caja de madera tallada con flores de lis, igual al símbolo que aparece en el prólogo del libro de mi abuelo.
La abrí con cautela. Dentro, había una carta antigua, doblada con delicadeza, y una foto en blanco y negro.
Mi corazón se detuvo.
En la imagen, estaba él. Mi abuelo. Sentado bajo un rosal… Y a su lado, una joven mujer de cabello trenzado, con la misma mirada cálida y profunda de Aurora.
No decía su nombre. Solo una fecha: Agosto de 1973. Y al reverso, una caligrafía pulida que escribía: "Nuestro amor no puede existir, pero vivirá en las páginas que aún no han sido escritas..."
Me estremecí.
Guardé todo rápidamente. Tenía que irme. Pero algo en mí acababa de cambiar. ¿Aurora... y mi abuelo? ¿Era esa la verdad que me negaron toda la vida?
***
Ya en la morgue, el silencio era tan profundo que podía escuchar mi propia respiración. Encendí la lámpara de pared, me coloqué los guantes de látex, y revisé los registros. Había un nuevo ingreso. Un caso no identificado.
Mujer joven. Fallecida durante un desmayo en la vía pública. Sin señales externas de violencia.
Al destapar el cuerpo, un escalofrío me recorrió la columna.
En el pecho, del lado izquierdo, tenía una marca… Un símbolo grabado en la piel: una espiral doble, idéntico al que había soñado la semana pasada.
El mismo símbolo… Que también aparece en la página treinta y tres del libro de mi abuelo, junto a la frase:
"Aquellos que mueren sin despedirse, renacen con señales en la piel."
Me quedé inmóvil, paralizada entre el asombro y el miedo.
¿Qué estaba pasando? ¿El libro de mi abuelo no era ficción? ¿Quién era esta mujer… y por qué su cuerpo lleva una marca que solo existe en mis sueños?
***
Esa madrugada, por primera vez… Sentí que no estaba sola con los muertos. Había algo más. Una presencia. Un mensaje.
Y yo… estaba destinada a descubrirlo.

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Title Capítulo 4 – Sombras en la Morgue Susurros de Amor Autora: Marta Digat (Continua)
Capítulo 4 – Sombras en la Morgue
Capítulo 4 – Sombras en la Morgue
Susurros de Amor
Autora: Marta Digat
(Un caso forense actual guarda similitudes con una vida pasada)
Suena la alarma del reloj. Son las 7:00 de la noche. Me incorporo lentamente de la cama, dejando el libro de mi abuelo sobre la almohada. Hoy comienzo a trabajar a las doce de la madrugada; esta semana me toca el turno nocturno.
Aurora me cuida desde que era una niña. Fue mi niñera, y ahora, en la adultez, es mucho más que eso: es mi segunda madre.
Aurora es una mujer pulcra, cariñosa, afable. Está pendiente de mí, de mis cosas, de cada rincón de la casa. Mi madre, absorbida por sus responsabilidades como científica, confió en ella mi crianza, y no pudo haber elegido mejor.
Aurora es una mujer maravillosa: gran cocinera, ama de casa impecable, consejera silenciosa y presencia constante. Mantiene el orden del hogar con una dedicación que solo puede venir del amor profundo.
Si pudiera volver a nacer en otra vida, elegiría que ella me cuidara otra vez. Quizás ya lo hizo antes... ¿Y si en vidas pasadas fue mi madre? ¿Mi hermana? Hay algo en su mirada que me resulta eternamente familiar.
Tenemos un lazo invisible, pero fuerte: amor, respeto, confianza, complicidad. Con ella me siento segura. Le cuento mis inquietudes, y ella, en un tono íntimo y sereno, me comparte fragmentos de su pasado.
Una vez me confesó que, en su juventud, tuvo un amor platónico. Se enamoró perdidamente de un famoso escritor, un hombre que, según ella, cambió su vida… aunque nunca se atrevió a confesarle sus sentimientos.
—Nunca me casé —me dijo una tarde mientras ordenaba la vajilla antigua— porque nadie más pudo ocupar ese lugar.
—¿Y quién era, Aurora? —le pregunté curiosa.
Ella desvió la mirada, sus ojos se nublaron de nostalgia.
—No lo recuerdo —murmuró—. Lo bloqueé. Me duele demasiado recordarlo…
Ese detalle siempre me pareció extraño. ¿Cómo puede alguien olvidar al gran amor de su vida? ¿O… acaso no lo ha olvidado, sino que lo oculta?
Desde entonces, una sospecha silenciosa se sembró en mí. ¿Qué secretos guarda Aurora? ¿Y si ese escritor… fue mi abuelo?
***
Antes de salir hacia el hospital, decidí subir al desván. No sé por qué lo hice. Tal vez fue un impulso. O tal vez… fue el libro del abuelo, aún tibio sobre mi almohada, que parecía mirarme como un testigo silente de un secreto antiguo.
Aurora, como siempre, se acercó al pie de la escalera con su voz suave:
—¿Subes sola? Hay polvo… y muchos recuerdos allá arriba.
—Sí —le respondí, sin mirarla del todo—. Solo será un momento.
Ella bajó la mirada. Un leve temblor cruzó sus labios, como si su alma contuviera algo que quería salir… pero no debía.
Subí lentamente, guiada por la tenue luz del tragaluz. Entre los baúles y los muebles cubiertos por sábanas grises, algo me llamó la atención: una caja de madera tallada con flores de lis, igual al símbolo que aparece en el prólogo del libro de mi abuelo.
La abrí con cautela. Dentro, había una carta antigua, doblada con delicadeza, y una foto en blanco y negro.
Mi corazón se detuvo.
En la imagen, estaba él. Mi abuelo. Sentado bajo un rosal… Y a su lado, una joven mujer de cabello trenzado, con la misma mirada cálida y profunda de Aurora.
No decía su nombre. Solo una fecha: Agosto de 1973. Y al reverso, una caligrafía pulida que escribía: "Nuestro amor no puede existir, pero vivirá en las páginas que aún no han sido escritas..."
Me estremecí.
Guardé todo rápidamente. Tenía que irme. Pero algo en mí acababa de cambiar. ¿Aurora... y mi abuelo? ¿Era esa la verdad que me negaron toda la vida?
***
Ya en la morgue, el silencio era tan profundo que podía escuchar mi propia respiración. Encendí la lámpara de pared, me coloqué los guantes de látex, y revisé los registros. Había un nuevo ingreso. Un caso no identificado.
Mujer joven. Fallecida durante un desmayo en la vía pública. Sin señales externas de violencia.
Al destapar el cuerpo, un escalofrío me recorrió la columna.
En el pecho, del lado izquierdo, tenía una marca… Un símbolo grabado en la piel: una espiral doble, idéntico al que había soñado la semana pasada.
El mismo símbolo… Que también aparece en la página treinta y tres del libro de mi abuelo, junto a la frase:
"Aquellos que mueren sin despedirse, renacen con señales en la piel."
Me quedé inmóvil, paralizada entre el asombro y el miedo.
¿Qué estaba pasando? ¿El libro de mi abuelo no era ficción? ¿Quién era esta mujer… y por qué su cuerpo lleva una marca que solo existe en mis sueños?
***
Esa madrugada, por primera vez… Sentí que no estaba sola con los muertos. Había algo más. Una presencia. Un mensaje.
Y yo… estaba destinada a descubrirlo.
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Entry date Aug 1, 2025, 11:43 PM UTC
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Author 100.00 %. Holder marta vazquez digat. Date Aug 1, 2025.


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