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Carga de los Tres Reyes - (Almas en Tempestad) - 𝕮𝖔𝖗𝖆𝖟𝖔𝖓𝖊𝖘 𝕽𝖔𝖙𝖔𝖘
En Las Navas, sol ardiente
coronaba el firmamento;
tres monarcas, frente al este,
cabalgaban sin aliento.
Desde Castilla llegaba Alfonso,
fiero, astuto y sin temor;
Pedro, rey de Aragón,
con su filo y su compás de honor.
Desde el norte descendía Sancho,
fuerte, firme, sin error,
y en su pecho la promesa
de quebrar al opresor.
Cientos miles del sur rugían,
la media luna alzaba,
pero unidos por la cruz
la esperanza no flaqueaba.
Sancho rasgó la defensa
del emir y su estandarte,
Pedro estalló como un trueno,
desgarrando cielo y arte.
Y Alfonso guió la carga
con su emblema en la altura:
“¡Por Castilla y por la fe,
hoy se siembra la ruptura!”
¡Tres coronas se unieron!
Contra un mar de media luna.
¡Por la sangre y la nación!
Ruge Iberia en plena bruma.
Diez veces más… ¡no alcanza!
Para hacerlo retroceder.
Castilla, Aragón, Navarra…
vinieron para vencer.
Fuego y polvo en la llanura,
hojas que al sol resplandecen,
y en cada tajo que impone,
los salmos viejos encrecen.
Las huestes de al-Nasir
se desploman como el viento,
y los reyes con sus gritos
derriban con fundamento.
Fue más que solo victoria,
fue presagio del final
de un imperio que se quiebra
bajo un golpe celestial.
¡Las cadenas desgarradas!
¡El califa sin camino!
¡Tres reyes, mil espadas…
y el final de su destino!
¡Tres coronas inmortales!
Relucen tras la batalla.
¡Por la historia y por los valles,
Iberia alza su medalla!
Diez veces más… ¡no basta!
Para apagar su poder.
¡Los reyes de la Hispania…
¡nacieron para vencer!**
-----------------------------------------------------------------------
El sol caía a plomo sobre la llanura de Las Navas de Tolosa, y el cielo mismo parecía contener la respiración.
El destino de Hispania no estaba escrito en libros, sino en espadas.
Frente al este, al borde del mundo conocido, tres monarcas se alzaban contra lo imposible.
Alfonso VIII de Castilla,
con su ingenio de acero y su fe inquebrantable,
lideraba la causa como el león del norte.
Pedro II de Aragón,
honorable y preciso como el filo de su espada,
marcaba el compás de la justicia y la unidad.
Y desde el Reino de Navarra, descendía Sancho VII,
gigante entre hombres,
con el pecho ardiendo por la promesa de liberar la tierra de sus padres.
II. Contra el Mar del Sur
Del sur, avanzaban cientos de miles,
las huestes de al-Nasir,
el califa que prometía el dominio eterno.
Las banderas de la media luna cubrían el horizonte.
Eran muchos.
Diez veces más.
Pero el corazón de los reyes no temblaba.
Por la cruz.
Por la sangre.
Por la libertad.
La Coalición Cristiana se formó no por poder,
sino por una convicción que ardía como el sol que los coronaba.
III. El Estallido
La batalla fue trueno.
Fuego.
Caos.
Sancho, el coloso navarro,
rasgó la defensa del emir,
derribando el estandarte enemigo con su espada como un hacha divina.
Pedro, rey guerrero,
irrumpió en las filas con la furia del trueno,
partiendo escudos, lanzas… y el orgullo de un imperio.
Y Alfonso, con la bandera castellana alzada,
lideró la carga final gritando:
“¡Por Castilla y por la fe,
hoy se siembra la ruptura!”
El grito fue eco.
Y el eco fue martillo.
Y el martillo quebró la media luna.
IV. La Ruptura del Imperio
Las filas de al-Nasir se rompieron como olas contra el hierro.
La retaguardia musulmana, que se creía intocable,
fue alcanzada.
Destruida.
El campamento del califa cayó.
Las cadenas de los esclavos cristianos, usadas como defensa, fueron rotas con furia.
No fue solo victoria militar.
Fue el principio del fin del dominio almohade en Hispania.
Un golpe celestial.
Una señal de que el equilibrio de los siglos se había quebrado.
V. La Gloria Inmortal
Al final del día, la llanura ardía con el fuego del honor.
Las coronas de Castilla, Aragón y Navarra brillaban como soles alzados.
“¡Por la historia y por los valles,
Iberia alza su medalla!”
Los tres reyes cabalgaron entre ceniza, polvo y gloria.
Y sus nombres, desde entonces, no fueron solo reales…
fueron inmortales.
Epílogo:
La victoria en Las Navas no fue solo de espadas.
Fue de voluntad, de unidad, de fe.
El día en que tres coronas se alzaron como una,
y el rugido de Hispania ahogó al desierto.
Aún hoy, cuando la penumbra amenaza,
y las voces del olvido intentan cubrir la historia,
una melodía se alza entre cuernos de guerra:
“¡Diez veces más… no basta!
¡Los Reyes de la Hispania…
nacieron para vencer!”
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Carga de los Tres Reyes - (Almas en Tempestad) - 𝕮𝖔𝖗𝖆𝖟𝖔𝖓𝖊𝖘 𝕽𝖔𝖙𝖔𝖘
En Las Navas, sol ardiente
coronaba el firmamento;
tres monarcas, frente al este,
cabalgaban sin aliento.
Desde Castilla llegaba Alfonso,
fiero, astuto y sin temor;
Pedro, rey de Aragón,
con su filo y su compás de honor.
Desde el norte descendía Sancho,
fuerte, firme, sin error,
y en su pecho la promesa
de quebrar al opresor.
Cientos miles del sur rugían,
la media luna alzaba,
pero unidos por la cruz
la esperanza no flaqueaba.
Sancho rasgó la defensa
del emir y su estandarte,
Pedro estalló como un trueno,
desgarrando cielo y arte.
Y Alfonso guió la carga
con su emblema en la altura:
“¡Por Castilla y por la fe,
hoy se siembra la ruptura!”
¡Tres coronas se unieron!
Contra un mar de media luna.
¡Por la sangre y la nación!
Ruge Iberia en plena bruma.
Diez veces más… ¡no alcanza!
Para hacerlo retroceder.
Castilla, Aragón, Navarra…
vinieron para vencer.
Fuego y polvo en la llanura,
hojas que al sol resplandecen,
y en cada tajo que impone,
los salmos viejos encrecen.
Las huestes de al-Nasir
se desploman como el viento,
y los reyes con sus gritos
derriban con fundamento.
Fue más que solo victoria,
fue presagio del final
de un imperio que se quiebra
bajo un golpe celestial.
¡Las cadenas desgarradas!
¡El califa sin camino!
¡Tres reyes, mil espadas…
y el final de su destino!
¡Tres coronas inmortales!
Relucen tras la batalla.
¡Por la historia y por los valles,
Iberia alza su medalla!
Diez veces más… ¡no basta!
Para apagar su poder.
¡Los reyes de la Hispania…
¡nacieron para vencer!**
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El sol caía a plomo sobre la llanura de Las Navas de Tolosa, y el cielo mismo parecía contener la respiración.
El destino de Hispania no estaba escrito en libros, sino en espadas.
Frente al este, al borde del mundo conocido, tres monarcas se alzaban contra lo imposible.
Alfonso VIII de Castilla,
con su ingenio de acero y su fe inquebrantable,
lideraba la causa como el león del norte.
Pedro II de Aragón,
honorable y preciso como el filo de su espada,
marcaba el compás de la justicia y la unidad.
Y desde el Reino de Navarra, descendía Sancho VII,
gigante entre hombres,
con el pecho ardiendo por la promesa de liberar la tierra de sus padres.
II. Contra el Mar del Sur
Del sur, avanzaban cientos de miles,
las huestes de al-Nasir,
el califa que prometía el dominio eterno.
Las banderas de la media luna cubrían el horizonte.
Eran muchos.
Diez veces más.
Pero el corazón de los reyes no temblaba.
Por la cruz.
Por la sangre.
Por la libertad.
La Coalición Cristiana se formó no por poder,
sino por una convicción que ardía como el sol que los coronaba.
III. El Estallido
La batalla fue trueno.
Fuego.
Caos.
Sancho, el coloso navarro,
rasgó la defensa del emir,
derribando el estandarte enemigo con su espada como un hacha divina.
Pedro, rey guerrero,
irrumpió en las filas con la furia del trueno,
partiendo escudos, lanzas… y el orgullo de un imperio.
Y Alfonso, con la bandera castellana alzada,
lideró la carga final gritando:
“¡Por Castilla y por la fe,
hoy se siembra la ruptura!”
El grito fue eco.
Y el eco fue martillo.
Y el martillo quebró la media luna.
IV. La Ruptura del Imperio
Las filas de al-Nasir se rompieron como olas contra el hierro.
La retaguardia musulmana, que se creía intocable,
fue alcanzada.
Destruida.
El campamento del califa cayó.
Las cadenas de los esclavos cristianos, usadas como defensa, fueron rotas con furia.
No fue solo victoria militar.
Fue el principio del fin del dominio almohade en Hispania.
Un golpe celestial.
Una señal de que el equilibrio de los siglos se había quebrado.
V. La Gloria Inmortal
Al final del día, la llanura ardía con el fuego del honor.
Las coronas de Castilla, Aragón y Navarra brillaban como soles alzados.
“¡Por la historia y por los valles,
Iberia alza su medalla!”
Los tres reyes cabalgaron entre ceniza, polvo y gloria.
Y sus nombres, desde entonces, no fueron solo reales…
fueron inmortales.
Epílogo:
La victoria en Las Navas no fue solo de espadas.
Fue de voluntad, de unidad, de fe.
El día en que tres coronas se alzaron como una,
y el rugido de Hispania ahogó al desierto.
Aún hoy, cuando la penumbra amenaza,
y las voces del olvido intentan cubrir la historia,
una melodía se alza entre cuernos de guerra:
“¡Diez veces más… no basta!
¡Los Reyes de la Hispania…
nacieron para vencer!”
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Tags musica
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Identifier 2507132486507
Entry date Jul 13, 2025, 5:34 PM UTC
License All rights reserved
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Author - Composer 100.00 %. Holder CORAZONES ROTOS. Date Jul 13, 2025.
Author - Lyricist 100.00 %. Holder CORAZONES ROTOS. Date Jul 13, 2025.
Author - Song producer 100.00 %. Holder CORAZONES ROTOS. Date Jul 13, 2025.
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