Divinas Vecinas
05/23/2025
2505231824190

About the work

«Divinas Vecinas» reimagina a un antiguo panteón cántabro-vasco viviendo hoy en Cantabria y Euskadi. El relato gira en torno a tres diosas de la fertilidad, sus colegas masculinos y el contraste entre su poder milenario y la mundanidad contemporánea.

La más extrovertida es Epona, diosa de los caballos. Se presenta como una amazona de 1,80 m, rubia y magnética; dirige un centro de equinoterapia, conduce una Ducati Monster y viste cuero o vaqueros ajustados. Detesta que la contradigan y sale de copas por Castro Urdiales mientras presume de rock celta con Saurom o Mägo de Oz .

Cantabria, madre lunar y patrona de la tierra, encarna la elegancia de Santander: 1,65 m, piel morena y mirada azul. Habita un ático en el Sardinero, domina más de una docena de lenguas antiguas y actuales, toca la gaita y desfila con trajes de seda que dejan sin aliento a viandantes despistados .

Navia –o Nabia– fluye como los ríos que antaño la adoraban. Vive en una casona indiana de los Valles Pasiegos, practica chi kung, reiki y conduce un Prius. Sus vestidos vaporosos insinúan más que muestran; su sonrisa irradia bienestar y su pasado es tan largo que ha tenido que «morir» varias veces para burlar los registros civiles .

A su alrededor gravitan varios dioses:

Candamo/Taranis, varón corpulento de barba rubia, residente entre nieblas lebaniegas; batería de un tributo a AC/DC y defensor del euskera como lengua “sin contagio romano” .

Erudino, dios guerrero del Monte Dobra, ex combatiente de los Tercios y ahora ganadero. Se indigna cuando lo confunden con Marte y arrastra un amor imposible por Epona, que no tolera los sacrificios equinos en su honor .

Lug, joven solar de gafas redondas, apasionado de la guitarra y de la IA. Trabaja como informático para mantenerse cerca de Navia, cuya danza lo hechiza desde la retirada romana .

Ortzi, señor vasco del trueno, recién instalado en Castro Urdiales. Fanfarronea de “ser de Bilbao” aunque nació en Roncesvalles y se pica cuando lo emparentan con el galo Apolo Abellio .

La trama combina costumbrismo cántabro con destellos míticos. Una escena emblemática sucede en la plaza de Pombo de Santander: Cantabria aguarda en una terraza; Epona irrumpe con el rugido de su Ducati; Navia aparece envuelta en bruma de perfumes florales; y Ortzi llega con un trueno literal tras ser convocado por su vanidad. Entre guiños, insultos en euskera y chanzas sobre cervezas industriales, los dioses intercambian sarcasmos sobre la superioridad de la “tierruca”, la hipocresía de “La Gran Multinacional” cristiana y la brutalidad de las guerras humanas contemporáneas .

La obra subraya la pervivencia del paisaje como templo –cuevas, ríos y montes sagrados—y cómo la cristianización relegó a dioses a mitos o monstruos: Erudino degeneró en el Ojáncano, y las ninfas se convirtieron en Anjanas juveniles. Aun así, las divinidades siguen activas, camufladas como empresarios, músicos o hackers, defendiendo la diversidad cultural, criticando los abusos de poder y celebrando el orgullo cántabro con humor socarrón.

Con tono ágil y diálogos llenos de pullas, «Divinas Vecinas» explora identidad, memoria y deseo a través de seres inmortales que, entre sobaos, orujo y rock celta, intentan hallar sentido —y fiesta— en el siglo XXI.

Narrative, Essay
dragones
amistad
aventura
universos paralelos
fantástica
valor
magia

Copyright registered declarations

Alejandro Ahumada Avila
Author
Consolidated inscription:
Attached documents:
0
Copyright infringement notifications:
0
Contact

Notify irregularities in this registration

AI Availability Declaration

This work cannot be made available to AI systems.

Creativity declaration

AI tools have been used in the following phases and %

   AI Human
Concept and vision of the work
0%
100%
Creative direction
0%
100%
Production
50%
50%
Print work information
Work information

Title Divinas Vecinas
«Divinas Vecinas» reimagina a un antiguo panteón cántabro-vasco viviendo hoy en Cantabria y Euskadi. El relato gira en torno a tres diosas de la fertilidad, sus colegas masculinos y el contraste entre su poder milenario y la mundanidad contemporánea.

La más extrovertida es Epona, diosa de los caballos. Se presenta como una amazona de 1,80 m, rubia y magnética; dirige un centro de equinoterapia, conduce una Ducati Monster y viste cuero o vaqueros ajustados. Detesta que la contradigan y sale de copas por Castro Urdiales mientras presume de rock celta con Saurom o Mägo de Oz .

Cantabria, madre lunar y patrona de la tierra, encarna la elegancia de Santander: 1,65 m, piel morena y mirada azul. Habita un ático en el Sardinero, domina más de una docena de lenguas antiguas y actuales, toca la gaita y desfila con trajes de seda que dejan sin aliento a viandantes despistados .

Navia –o Nabia– fluye como los ríos que antaño la adoraban. Vive en una casona indiana de los Valles Pasiegos, practica chi kung, reiki y conduce un Prius. Sus vestidos vaporosos insinúan más que muestran; su sonrisa irradia bienestar y su pasado es tan largo que ha tenido que «morir» varias veces para burlar los registros civiles .

A su alrededor gravitan varios dioses:

Candamo/Taranis, varón corpulento de barba rubia, residente entre nieblas lebaniegas; batería de un tributo a AC/DC y defensor del euskera como lengua “sin contagio romano” .

Erudino, dios guerrero del Monte Dobra, ex combatiente de los Tercios y ahora ganadero. Se indigna cuando lo confunden con Marte y arrastra un amor imposible por Epona, que no tolera los sacrificios equinos en su honor .

Lug, joven solar de gafas redondas, apasionado de la guitarra y de la IA. Trabaja como informático para mantenerse cerca de Navia, cuya danza lo hechiza desde la retirada romana .

Ortzi, señor vasco del trueno, recién instalado en Castro Urdiales. Fanfarronea de “ser de Bilbao” aunque nació en Roncesvalles y se pica cuando lo emparentan con el galo Apolo Abellio .

La trama combina costumbrismo cántabro con destellos míticos. Una escena emblemática sucede en la plaza de Pombo de Santander: Cantabria aguarda en una terraza; Epona irrumpe con el rugido de su Ducati; Navia aparece envuelta en bruma de perfumes florales; y Ortzi llega con un trueno literal tras ser convocado por su vanidad. Entre guiños, insultos en euskera y chanzas sobre cervezas industriales, los dioses intercambian sarcasmos sobre la superioridad de la “tierruca”, la hipocresía de “La Gran Multinacional” cristiana y la brutalidad de las guerras humanas contemporáneas .

La obra subraya la pervivencia del paisaje como templo –cuevas, ríos y montes sagrados—y cómo la cristianización relegó a dioses a mitos o monstruos: Erudino degeneró en el Ojáncano, y las ninfas se convirtieron en Anjanas juveniles. Aun así, las divinidades siguen activas, camufladas como empresarios, músicos o hackers, defendiendo la diversidad cultural, criticando los abusos de poder y celebrando el orgullo cántabro con humor socarrón.

Con tono ágil y diálogos llenos de pullas, «Divinas Vecinas» explora identidad, memoria y deseo a través de seres inmortales que, entre sobaos, orujo y rock celta, intentan hallar sentido —y fiesta— en el siglo XXI.
Work type Narrative, Essay
Tags dragones, amistad, aventura, universos paralelos, fantástica, valor, magia

-------------------------

Registry info in Safe Creative

Identifier 2505231824190
Entry date May 23, 2025, 9:06 AM UTC
License All rights reserved

-------------------------

Copyright registered declarations

Author 100.00 %. Holder Alejandro Ahumada Avila. Date May 23, 2025.


Information available at https://www.safecreative.org/work/2505231824190-divinas-vecinas
© 2026 Safe Creative