Julián está aterrado. La gente que le rodea parece conocerle mejor de lo que el mismo se conoce. Para estas personas él es un bicho raro, un niño diferente y en definitiva un maricón. Recibe mensajes hirientes todos los días de sus compañeros, que lo ven como el hazmerreír de la clase. A Julián, estos comentarios, le hacen sentir peor, hacen que dude sobre quién es y se acaba replanteando si de verdad es una persona. El acoso que recibe le llena la cabeza de preguntas que no quiere afrontar, pero no puede dejar de pensar. Mientras tanto, su familia lucha con la enfermedad de su madre, un cáncer, que recibe un pronóstico muy negativo. Julián no muestra lo asustado que está por perder a su madre, quien es un pilar en su vida, pero sabe que en algún momento va a suceder y lo está intentando prolongar negando la verdad. Desde el diagnóstico anhela la normalidad y se esconde en la lectura para no afrontar lo que tiene en casa y fuera de ella. Prefiere vivir en un mundo inventado antes que su triste realidad. Además, estos libros le ayudan a explorar su identidad y afrontar el miedo. Su padre, desesperado y con el conocimiento del pronto fallecimiento de su mujer, le pide a Julián que haga el esfuerzo de despedir a su madre. Logrando enfrentarse a sus fantasmas y siguiendo algunos pasos de los personajes de sus libros, Julián mantiene una conversación final con su madre. Julián no encuentra las respuestas a la vida, pero encuentra el amor que necesitaba para afrontar su verdad.
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