Una de las innumerables respuestas que se dieron a la pregunta "¿Quiénes somos?"
04/26/2024
2404267788608

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https://valentina-lujan.es/Q/npvercerocop.pdf


La respuesta

no parece, en un principio, que pueda resultar problemática; no tiene uno, o una, o un hatajo, más que llegar y decir pues yo o nosotros o nosotras somos Fulanito de Tal, o Perenganita de Cual, o estos/as o los/as otros/as o los/as de más allá e hijos/as, todos/as y cada uno/a, de nuestros/as respectivos/as padres/as...
No, mira, ahí nos hemos equivocado ; pero lo vamos a dejar como está y seguir, como si tal cosa, aunque saltándonos las obviedades que todos damos por sentadas en lo que concierne a nuestros semejantes, tan nada diferentes de las propias que para qué repetirlas y perder, sin ninguna necesidad, el hilo…
¿O Ya lo hemos perdido?
Porque si lo hemos perdido tendremos que buscarlo, y nos pasará lo que nos sucedió cuando hace apenas unos días buscábamos algo también y derramamos, sin quererlo, la copa de algún néctar repuntado que nuestra memoria se obstinó en despertar como ambrosía…
La dejamos hacer y, con deleite, aplicamos el néctar con las yemas de los dedos en las sienes, y en el cuello, y detrás de las orejas y en la frente, y aspiramos el olor evanescente del antaño mientras se demoraba ella por entre los jirones de las tardes ociosas en que éramos algo que, por cierto, la última vez que alguien lo mencionó ya dio problemas porque ― la más corpulenta de las Fuenfría ― que pero, bueno, eso es muy elástico…
– ¿Elástico? ― Doña Consola ― ¿Cómo cuánto exactamente de elástico?
– Como muchíssssimo.
– ¡Vaya por Dios! ― Y, girándose Consola a su propia hermana ―: ¿Qué te parece?

Y la hermana se limitó a ladear un poquito la cabeza y volverla a enderezar como queriendo dar a entender ea.
– Ea ― doña Consola ―, no; Visitación.
– ¿Pero cómo ― la Fuenfría ― que ea, no?
– Pues como que no, sencillamente.
– Mira, Consola, yo tengo mucha, pero que muchísima correa, pero, si hay algo que verdaderamente me molest… Porque, ¿quién no ha sido, si es que alguien me lo puede explicar, algo a lo largo de su vida alguna vez?
– Ya. Si no ― doña Consola ―: si algo sí. A lo que voy es a es que…
– Lo que ella está queriendo decir ― la Fuenfría corpulenta también pero algo menos, dando a la hermana suya unos suaves golpecitos con sus dedos en el antebrazo ― es que quién no ha sido algo alguna vez aunque no fuera lo que estuviese deseando fervientemente ser…
– Ah ― la corpulenta ―: ¿Y alguien conoce personalmente a alguien que…
– Pues Carlitos.
– ¿A quién conoce Carlitos?
– A nadie, Zoila ― la Fuenfría corpulenta pero menos siempre fue mucho, mucho más paciente ―: Nosotros, todos, conocimos a Carlitos…
– ¿Y qué le pasó?
– Bueno ― Consola ―, nos contaron que le dio algo a la cab…
– Ya; pero quiero saber qué.
– Una apoplejía, o embolia o…
– Antes ¡Antes! ― Como muy impaciente la corpulenta.
– Pues que nunca fue niño.

Fue Visitación, la primera vez que abría la boca en toda la tarde, quien lo dijo. Luego ladeó un poquito la cabeza y la volvió a enderezar como queriendo dar a entender ea.
–Nos enteramos, cuando ya era imposible reparar el daño, de que jamás… ¡pero que nunca, eh!, había sido niño…
– ¡Caramba!
– O, al menos, no un niño como los demás…
– Aunque hubo quien, incluso, pretendió dar pelos y señales asegurando haberlo conocido como tal, y aun recordarlo…
– ¡Que a ver si no era desfachatez cuando ahí estaba el propio interesado, en persona!
– Y que si bueno, pues a ver si es que insistió Hubo Quien – otra vez la hermana ―, ya nadie se va a acordar del nieto de doña Regina, la soprano…
–Mamá, en cambio, sí que había sido…
– ¿Quién?
– ¡Mamá, Gerardo: mamá!
– Ah – sordo como una tapia aunque con una memoria buenísima porque, entornando los ojos ―: Rosarito, ¿verdad?, casi siempre.
– Con algunas salvedades, claro está, como pudieran serlo… pues, qué te diríamos nosotras ― intercambiando una mirada cómplice, las dos Fuenfría ―: sus clases de equitación o cuando a su abuelo le concedieron aquella cruz de san Fernando, tan laureada; pero, por lo general, o sí o casi…
–Y es que, para ser lo que ella era hacía falta tener muchos, pero que muchísimos arrestos y un carácter y un temperamento que, como muy bien dijese Román Corvado, ojito al parche o acordaros de cuando…
[][][]
Y por supuesto que nos acordamos, cada cual no ya sólo del que estuviera siendo entonces sino de todos los demás componentes de aquella multitud que contemplaba absorta, boquiabierta, cómo mamá se ponía como un verdadero basilisco ...

Literary: Other
papeles
prosa
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Fulgencio Caminero
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Title Una de las innumerables respuestas que se dieron a la pregunta "¿Quiénes somos?"
https://valentina-lujan.es/Q/npvercerocop.pdf


La respuesta

no parece, en un principio, que pueda resultar problemática; no tiene uno, o una, o un hatajo, más que llegar y decir pues yo o nosotros o nosotras somos Fulanito de Tal, o Perenganita de Cual, o estos/as o los/as otros/as o los/as de más allá e hijos/as, todos/as y cada uno/a, de nuestros/as respectivos/as padres/as...
No, mira, ahí nos hemos equivocado ; pero lo vamos a dejar como está y seguir, como si tal cosa, aunque saltándonos las obviedades que todos damos por sentadas en lo que concierne a nuestros semejantes, tan nada diferentes de las propias que para qué repetirlas y perder, sin ninguna necesidad, el hilo…
¿O Ya lo hemos perdido?
Porque si lo hemos perdido tendremos que buscarlo, y nos pasará lo que nos sucedió cuando hace apenas unos días buscábamos algo también y derramamos, sin quererlo, la copa de algún néctar repuntado que nuestra memoria se obstinó en despertar como ambrosía…
La dejamos hacer y, con deleite, aplicamos el néctar con las yemas de los dedos en las sienes, y en el cuello, y detrás de las orejas y en la frente, y aspiramos el olor evanescente del antaño mientras se demoraba ella por entre los jirones de las tardes ociosas en que éramos algo que, por cierto, la última vez que alguien lo mencionó ya dio problemas porque ― la más corpulenta de las Fuenfría ― que pero, bueno, eso es muy elástico…
– ¿Elástico? ― Doña Consola ― ¿Cómo cuánto exactamente de elástico?
– Como muchíssssimo.
– ¡Vaya por Dios! ― Y, girándose Consola a su propia hermana ―: ¿Qué te parece?

Y la hermana se limitó a ladear un poquito la cabeza y volverla a enderezar como queriendo dar a entender ea.
– Ea ― doña Consola ―, no; Visitación.
– ¿Pero cómo ― la Fuenfría ― que ea, no?
– Pues como que no, sencillamente.
– Mira, Consola, yo tengo mucha, pero que muchísima correa, pero, si hay algo que verdaderamente me molest… Porque, ¿quién no ha sido, si es que alguien me lo puede explicar, algo a lo largo de su vida alguna vez?
– Ya. Si no ― doña Consola ―: si algo sí. A lo que voy es a es que…
– Lo que ella está queriendo decir ― la Fuenfría corpulenta también pero algo menos, dando a la hermana suya unos suaves golpecitos con sus dedos en el antebrazo ― es que quién no ha sido algo alguna vez aunque no fuera lo que estuviese deseando fervientemente ser…
– Ah ― la corpulenta ―: ¿Y alguien conoce personalmente a alguien que…
– Pues Carlitos.
– ¿A quién conoce Carlitos?
– A nadie, Zoila ― la Fuenfría corpulenta pero menos siempre fue mucho, mucho más paciente ―: Nosotros, todos, conocimos a Carlitos…
– ¿Y qué le pasó?
– Bueno ― Consola ―, nos contaron que le dio algo a la cab…
– Ya; pero quiero saber qué.
– Una apoplejía, o embolia o…
– Antes ¡Antes! ― Como muy impaciente la corpulenta.
– Pues que nunca fue niño.

Fue Visitación, la primera vez que abría la boca en toda la tarde, quien lo dijo. Luego ladeó un poquito la cabeza y la volvió a enderezar como queriendo dar a entender ea.
–Nos enteramos, cuando ya era imposible reparar el daño, de que jamás… ¡pero que nunca, eh!, había sido niño…
– ¡Caramba!
– O, al menos, no un niño como los demás…
– Aunque hubo quien, incluso, pretendió dar pelos y señales asegurando haberlo conocido como tal, y aun recordarlo…
– ¡Que a ver si no era desfachatez cuando ahí estaba el propio interesado, en persona!
– Y que si bueno, pues a ver si es que insistió Hubo Quien – otra vez la hermana ―, ya nadie se va a acordar del nieto de doña Regina, la soprano…
–Mamá, en cambio, sí que había sido…
– ¿Quién?
– ¡Mamá, Gerardo: mamá!
– Ah – sordo como una tapia aunque con una memoria buenísima porque, entornando los ojos ―: Rosarito, ¿verdad?, casi siempre.
– Con algunas salvedades, claro está, como pudieran serlo… pues, qué te diríamos nosotras ― intercambiando una mirada cómplice, las dos Fuenfría ―: sus clases de equitación o cuando a su abuelo le concedieron aquella cruz de san Fernando, tan laureada; pero, por lo general, o sí o casi…
–Y es que, para ser lo que ella era hacía falta tener muchos, pero que muchísimos arrestos y un carácter y un temperamento que, como muy bien dijese Román Corvado, ojito al parche o acordaros de cuando…
[][][]
Y por supuesto que nos acordamos, cada cual no ya sólo del que estuviera siendo entonces sino de todos los demás componentes de aquella multitud que contemplaba absorta, boquiabierta, cómo mamá se ponía como un verdadero basilisco ...
Work type Literary: Other
Tags papeles, prosa

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Identifier 2404267788608
Entry date Apr 26, 2024, 6:17 PM UTC
License All rights reserved

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Author. Holder Fulgencio Caminero. Date Apr 26, 2024.


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