About the work
https://valentina-lujan.es/L/lospaquetesdefiltros.pdf
Los paquetes de filtros de cigarrillos nunca se ponen en los escaparates de los establecimientos concertados de antemano con los distribuidores de alas para sombrero porque, y debería resultar obvio, se considera competencia desleal. Se exhiben empero ― y en ese irreprochable derroche de orden no siempre decreciente pero sin lugar a dudas alfabético que suele abarcar ( hace ya por lo menos cuatro siglos y sin tener en cuenta ,vaya ello por delante, las esquinas ni los ángulos muertos) desde un poco más allá de la línea divisoria que separa las tierras erizadas de burbujas para gaseosa de los señores de las comarcas del norte hasta un poco más acá del trazo que pone coto a los eriales de las provincias sembradas de ojales para corpiño de las señoras dominantes del sur y se prolongará (si es que terminan de una maldita vez por tener razón los agoreros) unos treinta o cuarenta lustros más de lo que perduraron los efectos (tan devastadores) del tratado de no agresión entre los defensores de la luz cenital y los valedores de las sombras chinescas ― junto a los cubiletes para dado de parchís o, sin el menor sonrojo, bajo los embozos de los fuegos de artificio y otros lugares públicos.
Ante este orden tan paranínfico de cosas los electores más pobres de espíritu, los portadores de la parte menos aguerrida de los ánimos festivos, los que han así las cosas de demandar ayuda a los más corpulentos ― de los que ha de inferirse andan mejor alimentados ― para llevar la cruz del tener que les guste o les disguste comprenderlo, se tronchan de la risa auspiciando que el panorama no es en absoluto alentador.
Paralelamente los bien nutridos, los que no gozan de grandes caudales pero sí de una cierta independencia, se deshacen sin ayuda de nadie de sus propios atavismos o en lágrimas (o en elogios, dependiendo del carácter) obedeciendo al pronóstico de que esto no puede ya por mucho que se quiera durar mucho.
Las clases medias o acomodadas en precario equilibrio y como que de muy mala manera pero instaladas ― aun con enormes recelos y sin derecho para mayor escarnio a asiento de ventanilla ni reserva pero irresolutas, incapaces de saberse decidir por adscribirse al bando de los ayudantes o al de los contritos― en el abarrotado territorio conocido por el vulgo que lo sufre a ratos y lo vive a veces como de nadie no hallan, entre sus desiguales pertenencias y culpas expiables, el elemento de juicio salomónico que les brindaría, si es que en un descuido de los guardianes de la ley pudieran canjearlo por un lote de infundios sin contrastar pero surtidos, la posibilidad de desplegar las habilidades necesarias para proclamar que ellos, ellos precisamente y a diferencia del hatajo de cernícalos que los mantiene maniatados, venían abogando ya desde el principio de los tiempos por que, zarandajas aparte y olvidando rencillas, se votase de una vez por todas a favor de que el único de los ordenes merecedor y digno de gozar de un puesto preeminente en la historia, cuando la hubiere, tenía que ser el de batalla.
20 de agosto de 2016
Shown in
Creativity declaration
100% human created
Declaration Date:
Mar 10, 2024, 11:53 AM
Identification level:
Medium
Fictional content
Declaration Date:
Mar 10, 2024, 11:53 AM
Identification level:
Medium
Print work information
Work information
Title Zarandajas aparte
https://valentina-lujan.es/L/lospaquetesdefiltros.pdf
Los paquetes de filtros de cigarrillos nunca se ponen en los escaparates de los establecimientos concertados de antemano con los distribuidores de alas para sombrero porque, y debería resultar obvio, se considera competencia desleal. Se exhiben empero ― y en ese irreprochable derroche de orden no siempre decreciente pero sin lugar a dudas alfabético que suele abarcar ( hace ya por lo menos cuatro siglos y sin tener en cuenta ,vaya ello por delante, las esquinas ni los ángulos muertos) desde un poco más allá de la línea divisoria que separa las tierras erizadas de burbujas para gaseosa de los señores de las comarcas del norte hasta un poco más acá del trazo que pone coto a los eriales de las provincias sembradas de ojales para corpiño de las señoras dominantes del sur y se prolongará (si es que terminan de una maldita vez por tener razón los agoreros) unos treinta o cuarenta lustros más de lo que perduraron los efectos (tan devastadores) del tratado de no agresión entre los defensores de la luz cenital y los valedores de las sombras chinescas ― junto a los cubiletes para dado de parchís o, sin el menor sonrojo, bajo los embozos de los fuegos de artificio y otros lugares públicos.
Ante este orden tan paranínfico de cosas los electores más pobres de espíritu, los portadores de la parte menos aguerrida de los ánimos festivos, los que han así las cosas de demandar ayuda a los más corpulentos ― de los que ha de inferirse andan mejor alimentados ― para llevar la cruz del tener que les guste o les disguste comprenderlo, se tronchan de la risa auspiciando que el panorama no es en absoluto alentador.
Paralelamente los bien nutridos, los que no gozan de grandes caudales pero sí de una cierta independencia, se deshacen sin ayuda de nadie de sus propios atavismos o en lágrimas (o en elogios, dependiendo del carácter) obedeciendo al pronóstico de que esto no puede ya por mucho que se quiera durar mucho.
Las clases medias o acomodadas en precario equilibrio y como que de muy mala manera pero instaladas ― aun con enormes recelos y sin derecho para mayor escarnio a asiento de ventanilla ni reserva pero irresolutas, incapaces de saberse decidir por adscribirse al bando de los ayudantes o al de los contritos― en el abarrotado territorio conocido por el vulgo que lo sufre a ratos y lo vive a veces como de nadie no hallan, entre sus desiguales pertenencias y culpas expiables, el elemento de juicio salomónico que les brindaría, si es que en un descuido de los guardianes de la ley pudieran canjearlo por un lote de infundios sin contrastar pero surtidos, la posibilidad de desplegar las habilidades necesarias para proclamar que ellos, ellos precisamente y a diferencia del hatajo de cernícalos que los mantiene maniatados, venían abogando ya desde el principio de los tiempos por que, zarandajas aparte y olvidando rencillas, se votase de una vez por todas a favor de que el único de los ordenes merecedor y digno de gozar de un puesto preeminente en la historia, cuando la hubiere, tenía que ser el de batalla.
20 de agosto de 2016
Work type Literary: Other
Tags el porqué de las cosas, exequias, enigmas, prosa
-------------------------
Registry info in Safe Creative
Identifier 2403107293005
Entry date Mar 10, 2024, 11:53 AM UTC
License All rights reserved
-------------------------
Copyright registered declarations
Author. Holder Valentina Luján. Date Mar 10, 2024.
Information available at https://www.safecreative.org/work/2403107293005-zarandajas-aparte