About the work
Nunca podré olvidar la terrible tragedia que atravesó mi familia. Soy el primogénito de ocho años de edad, el último de ocho hermanos. En ese entonces éramos cinco miembros de la familia los que nos encontrábamos en casa. Mi padre Gabriel y mi madre Tomasa, mi sobrino Delfino, mi hermano Gabriel, un año mayor que yo.
Fue en el año de 1966, en el mes de mayo, cuando mi padre mató a su sobrino Celedonio.
Todo empezó por la discordia y ambición de unos centímetros de tierra. Esos terrenos eran ejidos de los que les regaló el gobierno, no tenían ningún valor, pero cuando la ignorancia y la avaricia se interpone entre los seres humanos, no cabe la conciencia ni la razón, nada los detiene, sin importar que lastime o destruya la familia o la felicidad de los niños.
He aquí mi reclamo a Dios y a la vida: ¿Por qué, cuando más necesitamos los niños del amor de nuestros padres, del amor de la familia, nada frena al destino y nos arrebata la felicidad? Como si fuera un monstruo de cien cabezas, no le puedes encontrar una explicación lógica a tanto sufrimiento. Si al final del camino, cuando te acercas a los miembros de tu familia o a los adultos para implorarles cariño, un abrazo, una caricia de amor, gritando que te escuchen, qué sé yo. Donde lo único que pretendes es contar tu sufrimiento, nadie te presta atención por ser niño. Todos se lavan las manos en ti y lo único que te dicen Tú estás loco, eres un chamaco. ¿Tú qué sabes de estas cosas?, lárgate a jugar. Ya estás grande.
En esos momentos de desgracia no sabes para dónde hacerte. Los adultos te humillan y te hacen pasar vergüenzas, burlándose en todo momento de tu situación sentimental y tu desgracia. En esos momentos tan crudos percibo, a través de mis sentidos, el acontecimiento que está sucediendo con mi vida: quien me hacía feliz me abandona, quien me daba cariño me abandona a la intemperie, sin ninguna seguridad. En esos momentos, al ser parte sin querer de la tragedia, pude sentir el dolor que me causaba perder a mi padre. Sabía que no era nada bueno lo que le sucedió a mi padre y a mi familia. Yo sentía como si tuviera una enfermedad contagiosa, todos me orillaban. En esos momentos cerraba mis ojos y trataba de disociarme de mi familia para no sentir ese sufrimiento y vi como si yo fuera un observador diferente a mí: veo cómo mi madre y mis hermanos están sufriendo la pérdida de mi padre, igual que yo, por el acontecimiento que pasó, podía ver su sufrimiento, sentirlo en mí como si le estuviera pasando a otra persona y no saber cómo liberar o ayudar con ese sufrimiento. Estás solo en el mundo y no sabes qué pasará. Ya no tendrás a tu padre. Tu familia…, ¿qué pasará con ella? Eso se los contaré en el libro que ahora tienes en tus manos.
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Marcela Hinostroza Lora
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Title DOLOR Y DESTINO
Nunca podré olvidar la terrible tragedia que atravesó mi familia. Soy el primogénito de ocho años de edad, el último de ocho hermanos. En ese entonces éramos cinco miembros de la familia los que nos encontrábamos en casa. Mi padre Gabriel y mi madre Tomasa, mi sobrino Delfino, mi hermano Gabriel, un año mayor que yo.
Fue en el año de 1966, en el mes de mayo, cuando mi padre mató a su sobrino Celedonio.
Todo empezó por la discordia y ambición de unos centímetros de tierra. Esos terrenos eran ejidos de los que les regaló el gobierno, no tenían ningún valor, pero cuando la ignorancia y la avaricia se interpone entre los seres humanos, no cabe la conciencia ni la razón, nada los detiene, sin importar que lastime o destruya la familia o la felicidad de los niños.
He aquí mi reclamo a Dios y a la vida: ¿Por qué, cuando más necesitamos los niños del amor de nuestros padres, del amor de la familia, nada frena al destino y nos arrebata la felicidad? Como si fuera un monstruo de cien cabezas, no le puedes encontrar una explicación lógica a tanto sufrimiento. Si al final del camino, cuando te acercas a los miembros de tu familia o a los adultos para implorarles cariño, un abrazo, una caricia de amor, gritando que te escuchen, qué sé yo. Donde lo único que pretendes es contar tu sufrimiento, nadie te presta atención por ser niño. Todos se lavan las manos en ti y lo único que te dicen Tú estás loco, eres un chamaco. ¿Tú qué sabes de estas cosas?, lárgate a jugar. Ya estás grande.
En esos momentos de desgracia no sabes para dónde hacerte. Los adultos te humillan y te hacen pasar vergüenzas, burlándose en todo momento de tu situación sentimental y tu desgracia. En esos momentos tan crudos percibo, a través de mis sentidos, el acontecimiento que está sucediendo con mi vida: quien me hacía feliz me abandona, quien me daba cariño me abandona a la intemperie, sin ninguna seguridad. En esos momentos, al ser parte sin querer de la tragedia, pude sentir el dolor que me causaba perder a mi padre. Sabía que no era nada bueno lo que le sucedió a mi padre y a mi familia. Yo sentía como si tuviera una enfermedad contagiosa, todos me orillaban. En esos momentos cerraba mis ojos y trataba de disociarme de mi familia para no sentir ese sufrimiento y vi como si yo fuera un observador diferente a mí: veo cómo mi madre y mis hermanos están sufriendo la pérdida de mi padre, igual que yo, por el acontecimiento que pasó, podía ver su sufrimiento, sentirlo en mí como si le estuviera pasando a otra persona y no saber cómo liberar o ayudar con ese sufrimiento. Estás solo en el mundo y no sabes qué pasará. Ya no tendrás a tu padre. Tu familia…, ¿qué pasará con ella? Eso se los contaré en el libro que ahora tienes en tus manos.
Work type Narrative, Essay
Tags problemas parentales, disfuncion familiar, abuso infantil, autobiografía, maltrato infantil, abogado
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Registry info in Safe Creative
Identifier 2309225384994
Entry date Sep 22, 2023, 11:42 PM UTC
License All rights reserved
Copyright info provided by Marcela Hinostroza Lora,
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Copyright registered declarations
Author 100.00 %. Holder LEOPOLDO FÉLIX HUERTA VÁZQUEZ. Date Sep 22, 2023.
Information available at https://www.safecreative.org/work/2309225384994-dolor-y-destino