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Tres amigos son atrapados desvalijando la casa de un hombre nuevo y como ciudadanos romanos de pleno derecho que son, los condenan a servir en el Ejército, muy necesitado de efectivos por las incansables guerras que Roma sostiene en las Galias, en Hispania o en Macedonia.
Una vez cumplida su instrucción les corresponderá viajar a África para participar en la guerra de Yugurta.
En su testamento, Micipsa dispuso que a su muerte Yugurta reinaría conjuntamente con sus dos hijos mayores Hiempsal y Aderbal. No obstante, para garantizar las vidas de sus hijos y a pesar de los juramentos de fidelidad del sobrino, los puso bajo la protección de Roma.
Para colmo Roma que debía arbitrar la cuestión hizo dejadez de funciones, quizás influida por el oro que Yugurta donaba a los magistrados oportunos.
Los dos hermanos rechazaron la validez del testamento paterno mientras Yugurta se coronaba único rey de Numidia y sus sicarios asesinaban a Hiempsal.
Conocida la noticia toda Numidia se conmovió e inmediatamente se dividió y estalló la guerra civil entre Aderbal y Yugurta.
Yugurta se hizo con el control de toda Numidia, e inició una sanguinaria represalia contra los partidarios de Aderbal, que aterrado viajó a Roma, para reclamar sus derechos hereditarios ante el Senado romano, presunto garante del testamento paterno. Pero Yugurta conocía las flaquezas de los hombres que gobernaban la gran república y envió a sus emisarios a defender sus derechos al trono bien provistos de oro y plata con la misión de llenar las manos de sus amigos en el Senado, pero sobre todo las de sus contrarios.
La influencia del oro de Yugurta se percibió en el cambio de talante de los magistrados partidarios de Aderbal. En pocos días proclamaban en sus discursos que su hermano Hiempsal había sido asesinado a causa de las atrocidades y abusos que perpetraba contra sus súbditos y que el instigador de la guerra civil no era Yugurta sino su hermanastro.
Al fin el Senado resolvió enviar a diez diputados para que dividiesen el reino de Numidia entre los dos reclamantes y detener la guerra civil.
La comisión senatorial adjudicó la capital Cirta y su puerto Rusicade, junto con toda la parte oriental del reino a Aderbal, una zona desértica pero limítrofe con la Provincia Romana. Y el resto, las comarcas más fértiles, ricas y pobladas, fronterizas con Mauritania, para Yugurta.
Una nueva legación senatorial viajó a Numidia sin resultados. Yugurta asediaba Cirta donde sabía refugiado a Aderbal con los restos de su ejército.
Tras varios meses de asedio Cirta capituló y las tropas de Yugurta entraron a saco. Aderbal pereció torturado y todos los varones mayores de siete años fueron pasados a cuchillo, sin distinción entre africanos o italianos.
La indignación embargó el ánimo de todo romano bien nacido y fue tal el escándalo que Roma declaró la guerra a Yugurta. El cónsul Calpurnio Bestia fue designado para meter en cintura al reyezuelo usurpador y asesino. Y aunque comenzó la campaña con una energía inusitada pronto el oro de Yugurta compró su voluntad y aceptó un tratado de paz muy beneficioso para el númida. El Senado rechazó el tratado y conminó al nuevo cónsul Cecilio Metelo a la guerra. Hombre de fuerte carácter, experto militar en varias campañas y conocedor del espíritu humano y miembro de una familia tan rica inmune al soborno.
En vez de venderse Metelo intentó comprar a los allegados de Yugurta para que le traicionasen, al tiempo que le hacía la guerra con ferocidad. Las legiones vencían en las batallas pero a costa de graves pérdidas y Metelo decidió dirigir la campaña bélica contra las ciudades. La guerra se alargaba y el mandato consular tocaba a su fin, y ante Zama sufrió un tremendo descalabro.
Cayo Mario, un hombre de humilde extracción, ganó las elecciones consulares al año siguiente, aprestó hombres y recursos y partió a la guerra en loor de multitudes.
Las legiones invadieron Numidia a sangre y fuego. Mario eligió una comarca poco o nada estragada por la guerra y la asaltó entregando todo el botín al saco de los soldados.
Yugurta respondió al terror romano con una guerra de desgaste y escaramuzas; atacaba de súbito las retaguardias de las legiones y tras causar cuantas más bajas posibles se retiraba tan rápido como atacó; acosaba a los forrajeros y aguadores romanos; destruía silos y cegaba las fuentes que las columnas romanas hallarían en su camino y tan necesarias les serían.
Cuando Cayo Mario recibió el consulado, el Senado le impuso como cuestor a uno de los suyos, Lucio Cornelio Sila, un nobilita perteneciente a la gens Cornelia, una familia venida a menos. Sila demostró buenas maneras en la guerra y se ganó la confianza de Mario y la benevolencia de los soldados.
Sila convenció a Bocco para que entregara a Yugurta que fue apresado a traición y enviado a Roma. La guerra había concluido y Yugurta cargado de cadenas desfiló tras el carro triunfal de Cayo Mario.
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Title YUGURTA
Tres amigos son atrapados desvalijando la casa de un hombre nuevo y como ciudadanos romanos de pleno derecho que son, los condenan a servir en el Ejército, muy necesitado de efectivos por las incansables guerras que Roma sostiene en las Galias, en Hispania o en Macedonia.
Una vez cumplida su instrucción les corresponderá viajar a África para participar en la guerra de Yugurta.
En su testamento, Micipsa dispuso que a su muerte Yugurta reinaría conjuntamente con sus dos hijos mayores Hiempsal y Aderbal. No obstante, para garantizar las vidas de sus hijos y a pesar de los juramentos de fidelidad del sobrino, los puso bajo la protección de Roma.
Para colmo Roma que debía arbitrar la cuestión hizo dejadez de funciones, quizás influida por el oro que Yugurta donaba a los magistrados oportunos.
Los dos hermanos rechazaron la validez del testamento paterno mientras Yugurta se coronaba único rey de Numidia y sus sicarios asesinaban a Hiempsal.
Conocida la noticia toda Numidia se conmovió e inmediatamente se dividió y estalló la guerra civil entre Aderbal y Yugurta.
Yugurta se hizo con el control de toda Numidia, e inició una sanguinaria represalia contra los partidarios de Aderbal, que aterrado viajó a Roma, para reclamar sus derechos hereditarios ante el Senado romano, presunto garante del testamento paterno. Pero Yugurta conocía las flaquezas de los hombres que gobernaban la gran república y envió a sus emisarios a defender sus derechos al trono bien provistos de oro y plata con la misión de llenar las manos de sus amigos en el Senado, pero sobre todo las de sus contrarios.
La influencia del oro de Yugurta se percibió en el cambio de talante de los magistrados partidarios de Aderbal. En pocos días proclamaban en sus discursos que su hermano Hiempsal había sido asesinado a causa de las atrocidades y abusos que perpetraba contra sus súbditos y que el instigador de la guerra civil no era Yugurta sino su hermanastro.
Al fin el Senado resolvió enviar a diez diputados para que dividiesen el reino de Numidia entre los dos reclamantes y detener la guerra civil.
La comisión senatorial adjudicó la capital Cirta y su puerto Rusicade, junto con toda la parte oriental del reino a Aderbal, una zona desértica pero limítrofe con la Provincia Romana. Y el resto, las comarcas más fértiles, ricas y pobladas, fronterizas con Mauritania, para Yugurta.
Una nueva legación senatorial viajó a Numidia sin resultados. Yugurta asediaba Cirta donde sabía refugiado a Aderbal con los restos de su ejército.
Tras varios meses de asedio Cirta capituló y las tropas de Yugurta entraron a saco. Aderbal pereció torturado y todos los varones mayores de siete años fueron pasados a cuchillo, sin distinción entre africanos o italianos.
La indignación embargó el ánimo de todo romano bien nacido y fue tal el escándalo que Roma declaró la guerra a Yugurta. El cónsul Calpurnio Bestia fue designado para meter en cintura al reyezuelo usurpador y asesino. Y aunque comenzó la campaña con una energía inusitada pronto el oro de Yugurta compró su voluntad y aceptó un tratado de paz muy beneficioso para el númida. El Senado rechazó el tratado y conminó al nuevo cónsul Cecilio Metelo a la guerra. Hombre de fuerte carácter, experto militar en varias campañas y conocedor del espíritu humano y miembro de una familia tan rica inmune al soborno.
En vez de venderse Metelo intentó comprar a los allegados de Yugurta para que le traicionasen, al tiempo que le hacía la guerra con ferocidad. Las legiones vencían en las batallas pero a costa de graves pérdidas y Metelo decidió dirigir la campaña bélica contra las ciudades. La guerra se alargaba y el mandato consular tocaba a su fin, y ante Zama sufrió un tremendo descalabro.
Cayo Mario, un hombre de humilde extracción, ganó las elecciones consulares al año siguiente, aprestó hombres y recursos y partió a la guerra en loor de multitudes.
Las legiones invadieron Numidia a sangre y fuego. Mario eligió una comarca poco o nada estragada por la guerra y la asaltó entregando todo el botín al saco de los soldados.
Yugurta respondió al terror romano con una guerra de desgaste y escaramuzas; atacaba de súbito las retaguardias de las legiones y tras causar cuantas más bajas posibles se retiraba tan rápido como atacó; acosaba a los forrajeros y aguadores romanos; destruía silos y cegaba las fuentes que las columnas romanas hallarían en su camino y tan necesarias les serían.
Cuando Cayo Mario recibió el consulado, el Senado le impuso como cuestor a uno de los suyos, Lucio Cornelio Sila, un nobilita perteneciente a la gens Cornelia, una familia venida a menos. Sila demostró buenas maneras en la guerra y se ganó la confianza de Mario y la benevolencia de los soldados.
Sila convenció a Bocco para que entregara a Yugurta que fue apresado a traición y enviado a Roma. La guerra había concluido y Yugurta cargado de cadenas desfiló tras el carro triunfal de Cayo Mario.
Work type Narrative, Essay
Tags narrativa, novela, histórica
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Registry info in Safe Creative
Identifier 2208091750059
Entry date Aug 9, 2022, 10:36 AM UTC
License All rights reserved
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Copyright registered declarations
Author. Holder Luis de los Llanos Alvarez. Date Aug 9, 2022.
Information available at https://www.safecreative.org/work/2208091750059-yugurta