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La historia de Alejandra afortunadamente no ha acabado aquí. Esto es solo el fragmento de la primera mitad de su existencia. Sigue viviendo su vida, superando problemas, tanto viejos como nuevos. Ella supone que siempre es así para todo el mundo, mientras arrastra sus penas y alegrías.
Pero aquí solo podemos contar su experiencia, lo que ha vivido; lo que nos ha contado. Quizá sea normal mirar hacia atrás de vez en cuando, aun siendo como es todavía muy joven. Sin embargo, para ella es inevitable hacerlo probablemente con una frecuencia mayor que la de otras personas. Comprenderá el lector que todas las peripecias por las que ha transitado le lleven a hacerse un montón de preguntas.
Una de las cosas que con mayor frecuencia se plantea es hasta qué punto una persona es culpable de los problemas que sufre; de las circunstancias adversas; de los desencuentros e incomprensiones de los que es víctima. Hay actualmente muchas personas que creen de verdad —o quizá no tan de verdad, sino que lo quieren creer—, que uno es responsable hasta de sus enfermedades. Piensan que pensar positivamente te puede evitar todo tipo de situaciones nefastas. Pero Alejandra se considera una mujer, no realista al cien por cien, pues sabe que pierde algunas veces la claridad al juzgar las situaciones, y es conocedora de su naturaleza impulsiva. Sin embargo, sí que es lo suficientemente objetiva para saber que, sin duda, algunos de sus problemas han sido desde el principio fruto de sus propios errores. En otros casos, eso ya no estaría tan claro. Es difícil estar al mismo tiempo a los dos lados de un microscopio y así poderse analizar uno mismo. Pero ha llegado a la conclusión de que uno puede ser en algunas facetas inteligente, pero misteriosamente, meter la pata, como se suele decir en nuestro idioma, y comportarse de un modo torpe. Seguro que muchos han sentido esto mismo muchas veces y se preguntarán como ella, por qué nos embarcamos hacia rutas equivocadas una y otra vez.
Probablemente, la necesidad de amor sea la respuesta.
Le ha costado mucho durante todos estos años obtener la certeza de haber madurado lo suficiente, lo cual es lógico, cuando el camino que toma un ser humano carece de referencias claras. Ojalá, piensa ella misma, hubiera sido una chica como son otras muchas que van por la calle, tranquilas y seguras de sí mismas, cumpliendo con las expectativas que sus familias y la sociedad han previsto para ellas. Muchas veces, Alejandra sintió la vanidad y el placer de ser diferente, especial, que es casi lo mismo que sentirse superior a todas esas personas a las que solemos llamar normales y se mueven en una vida aparentemente gris, pero sin sobresaltos.
Algunas veces se ha preguntado si no hay una especie de justicia poética que ha caído sobre ella y acaso suela infligir castigo sobre todos los que en algún momento han pecado de soberbia. Pero ¿tan grave es haber sido joven? ¿Tan mala ha sido al creer, como cualquier otra u otro adolescente que era la primero en descubrir el mundo y sentir que le pertenecía la vida? Creemos que no. No puede ser tan grave.
Sin duda en algunos momentos le haya hecho mucho daño su propio temperamento y, además, confiesa que tiene algunas debilidades. ¿Quién está libre de pecado? Todos somos prisioneros de nosotros mismos. Ella ha sido aventurera, irresponsable, perezosa… ¡Muy perezosa algunas veces! Y con ello ha deteriorado sus propios proyectos y caminos. Pero no sabe si puede culparse de haber sido atacada en su coche por aquellos delincuentes, ni se le ocurre qué ha podido haber hecho ella para padecer enfermedades y dolores desde que su cuerpo de niña parecía quejarse al convertirse en mujer. Tampoco están totalmente claros los motivos de sus recurrentes crisis de ansiedad. Supone que, aunque su familia podría calificarse como desestructurada, de poco le serviría culpar a sus padres de los problemas propios de su vida de adulta.
Este libro le va a servir para recapitular. Y, sobre todo, ojalá que su mayor utilidad sea poder cerrarlo. Aquí, mientras se cierran estos humildes escritos, ella comenzara llena de esperanza una nueva etapa. Y ruega al que pueda oír en su corazón que le de la fuerza y la sabiduría para enfocarla hacia una ya merecida normalidad.
Alejandra también puede sentir compasión hacia tantas chicas y chicos que puedan sufrir en el futuro las muchas bofetadas, merecidas o no, que da la vida. Querría llamar su atención, porque, pese a que aún no tenga del todo claro de qué debería estar arrepentida, intuye que todo esto podría hacerles reflexionar.
En estos momentos, mira al pasado para poder encarar con fuerza el futuro, reconstruyéndose y afianzándose en el día a día.
Busca equilibrio, bienestar…
Busca paz.
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Title LA ANSIEDAD DE ALEJANDRA
La historia de Alejandra afortunadamente no ha acabado aquí. Esto es solo el fragmento de la primera mitad de su existencia. Sigue viviendo su vida, superando problemas, tanto viejos como nuevos. Ella supone que siempre es así para todo el mundo, mientras arrastra sus penas y alegrías.
Pero aquí solo podemos contar su experiencia, lo que ha vivido; lo que nos ha contado. Quizá sea normal mirar hacia atrás de vez en cuando, aun siendo como es todavía muy joven. Sin embargo, para ella es inevitable hacerlo probablemente con una frecuencia mayor que la de otras personas. Comprenderá el lector que todas las peripecias por las que ha transitado le lleven a hacerse un montón de preguntas.
Una de las cosas que con mayor frecuencia se plantea es hasta qué punto una persona es culpable de los problemas que sufre; de las circunstancias adversas; de los desencuentros e incomprensiones de los que es víctima. Hay actualmente muchas personas que creen de verdad —o quizá no tan de verdad, sino que lo quieren creer—, que uno es responsable hasta de sus enfermedades. Piensan que pensar positivamente te puede evitar todo tipo de situaciones nefastas. Pero Alejandra se considera una mujer, no realista al cien por cien, pues sabe que pierde algunas veces la claridad al juzgar las situaciones, y es conocedora de su naturaleza impulsiva. Sin embargo, sí que es lo suficientemente objetiva para saber que, sin duda, algunos de sus problemas han sido desde el principio fruto de sus propios errores. En otros casos, eso ya no estaría tan claro. Es difícil estar al mismo tiempo a los dos lados de un microscopio y así poderse analizar uno mismo. Pero ha llegado a la conclusión de que uno puede ser en algunas facetas inteligente, pero misteriosamente, meter la pata, como se suele decir en nuestro idioma, y comportarse de un modo torpe. Seguro que muchos han sentido esto mismo muchas veces y se preguntarán como ella, por qué nos embarcamos hacia rutas equivocadas una y otra vez.
Probablemente, la necesidad de amor sea la respuesta.
Le ha costado mucho durante todos estos años obtener la certeza de haber madurado lo suficiente, lo cual es lógico, cuando el camino que toma un ser humano carece de referencias claras. Ojalá, piensa ella misma, hubiera sido una chica como son otras muchas que van por la calle, tranquilas y seguras de sí mismas, cumpliendo con las expectativas que sus familias y la sociedad han previsto para ellas. Muchas veces, Alejandra sintió la vanidad y el placer de ser diferente, especial, que es casi lo mismo que sentirse superior a todas esas personas a las que solemos llamar normales y se mueven en una vida aparentemente gris, pero sin sobresaltos.
Algunas veces se ha preguntado si no hay una especie de justicia poética que ha caído sobre ella y acaso suela infligir castigo sobre todos los que en algún momento han pecado de soberbia. Pero ¿tan grave es haber sido joven? ¿Tan mala ha sido al creer, como cualquier otra u otro adolescente que era la primero en descubrir el mundo y sentir que le pertenecía la vida? Creemos que no. No puede ser tan grave.
Sin duda en algunos momentos le haya hecho mucho daño su propio temperamento y, además, confiesa que tiene algunas debilidades. ¿Quién está libre de pecado? Todos somos prisioneros de nosotros mismos. Ella ha sido aventurera, irresponsable, perezosa… ¡Muy perezosa algunas veces! Y con ello ha deteriorado sus propios proyectos y caminos. Pero no sabe si puede culparse de haber sido atacada en su coche por aquellos delincuentes, ni se le ocurre qué ha podido haber hecho ella para padecer enfermedades y dolores desde que su cuerpo de niña parecía quejarse al convertirse en mujer. Tampoco están totalmente claros los motivos de sus recurrentes crisis de ansiedad. Supone que, aunque su familia podría calificarse como desestructurada, de poco le serviría culpar a sus padres de los problemas propios de su vida de adulta.
Este libro le va a servir para recapitular. Y, sobre todo, ojalá que su mayor utilidad sea poder cerrarlo. Aquí, mientras se cierran estos humildes escritos, ella comenzara llena de esperanza una nueva etapa. Y ruega al que pueda oír en su corazón que le de la fuerza y la sabiduría para enfocarla hacia una ya merecida normalidad.
Alejandra también puede sentir compasión hacia tantas chicas y chicos que puedan sufrir en el futuro las muchas bofetadas, merecidas o no, que da la vida. Querría llamar su atención, porque, pese a que aún no tenga del todo claro de qué debería estar arrepentida, intuye que todo esto podría hacerles reflexionar.
En estos momentos, mira al pasado para poder encarar con fuerza el futuro, reconstruyéndose y afianzándose en el día a día.
Busca equilibrio, bienestar…
Busca paz.
Work type Literary: Other
Tags ansiedad, autoayuda, no ficción
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Registry info in Safe Creative
Identifier 2206161390013
Entry date Jun 16, 2022, 4:05 PM UTC
License All rights reserved
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Copyright registered declarations
Author 100.00 %. Holder Teresa Gutiérrez Herrera. Date Jun 16, 2022.
Information available at https://www.safecreative.org/work/2206161390013-la-ansiedad-de-alejandra