Se atreve a acercarse un poquito más al borde del abismo donde sabe que se esconde. Aunque le asusta tanto que no puede dejar de temblar, viene dispuesto a hacerle frente con todo lo que posee. Le arroja los cuentos que leyó cada noche antes dormir; el balón de reglamento con el que marcó su primer gol; su colección completa de coches de juguete; sus amigos los peluches que le infundieron valor en la oscuridad; todos los libros de pintar y los lápices de colores con los que iluminó su pequeño
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