La noche se vierte
sobre la lengua sedienta.
La tierra resplandece.
Y no hay más sonido
que el dulce olor
del cuerpo
sacudido de deseo.
Eramos.
Ahí en la luz ,
ahí en la mirada.
Lo otro
era la forma sagrada
de pronunciarnos.
(Imagen recogida en Google de Catrin Weltz-Stein)