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El negro
Tributo al ‘Gordo’ de Carver
A veces me acuerdo del negro. Sin saber por qué su recuerdo llega con fuerza, nítido, pidiéndome que le encuentre sentido, pero yo, la verdad no entiendo por qué me sigo acordando de aquello.
Os voy a contar la historia, toda, desde el principio. Tal y como se la conté a mi amiga Raquel el otro día.
Hace unos años estuve de vacaciones en el Cabo de Gata. Para hacer la compra iba a super de Campohermoso que está a unos diez kilómetros, fuera del parque natural.
En cuanto sales de la zona protegida, todo está lleno de invernaderos, enormes campos de plástico a ambos lados de la carretera.
Los invernaderos están separados por caminos de tierra, y, aquí y allá, donde hay algo más de espacio, aparecen construcciones de ladrillo, bloques de hormigón y uralita, con cubos o bidones de agua en la entrada y ropa tendida en el hueco que hace las veces de ventana.
Si vas por esa carretera de noche tienes que extremar la precaución porque los trabajadores de los invernaderos circulan en bicicleta y, aunque algunos llevan chaleco reflectante o una luz en la rueda trasera, otros muchos, ni eso. Además, la noche allí es muy oscura. No hay luz en las chabolas, ni en los invernaderos, ni en la carretera y, a veces, sin darte cuenta te topas con un ciclista a menos de un metro del coche.
Bueno, a lo que iba, mientras hacía la compra me encontré con un negro en el pasillo. Creo que es el negro más negro que he visto nunca y también el más guapo. Al ver cómo lo miraba se envalentó y vino hacia mí.
En este punto retomé la atención de mi amiga Raquel.
– Esto se pone interesante, ¿y donde estaba tu novio? – preguntó.
– En la sección de vinos, escogiendo uno para la cena. – le dije.
El caso es que el negro me paró en el pasillo. Llevaba un bote de insecticida en la mano.
– Hola, ¿Qué pone aquí? Es que no sé leer… ¿Es para matar pulgas? – dijo mostrándome el bote.
– Chinches, garrapatas y cucarachas – leí.
– ¿Cucarachas?
– Cucarachas – repetí, y señalé el dibujo que había en el bote.
– ¡Ah! Entonces, sí. Gracias. – dijo.
Se dio la vuelta y se alejó por el pasillo en dirección a la caja. Justo a mi espalda llegó mi novio con dos botellas de vino.
– ¿Cuál cojo?
– No sé, la que quieras… a mí no me apetece vino hoy. –contesté mirando como el negro pagaba el bote de insecticida.
Mi novio se quedó mirando las dos botellas, dudando, al final echó las dos al carro.
– ¿Y eso es todo? – preguntó Raquel.
Asentí.

Literary: Other
relatos
relato breve
microrelatos
poemas y frases

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Maria Nela Escudero Sáenz
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Title El negro
El negro
Tributo al ‘Gordo’ de Carver
A veces me acuerdo del negro. Sin saber por qué su recuerdo llega con fuerza, nítido, pidiéndome que le encuentre sentido, pero yo, la verdad no entiendo por qué me sigo acordando de aquello.
Os voy a contar la historia, toda, desde el principio. Tal y como se la conté a mi amiga Raquel el otro día.
Hace unos años estuve de vacaciones en el Cabo de Gata. Para hacer la compra iba a super de Campohermoso que está a unos diez kilómetros, fuera del parque natural.
En cuanto sales de la zona protegida, todo está lleno de invernaderos, enormes campos de plástico a ambos lados de la carretera.
Los invernaderos están separados por caminos de tierra, y, aquí y allá, donde hay algo más de espacio, aparecen construcciones de ladrillo, bloques de hormigón y uralita, con cubos o bidones de agua en la entrada y ropa tendida en el hueco que hace las veces de ventana.
Si vas por esa carretera de noche tienes que extremar la precaución porque los trabajadores de los invernaderos circulan en bicicleta y, aunque algunos llevan chaleco reflectante o una luz en la rueda trasera, otros muchos, ni eso. Además, la noche allí es muy oscura. No hay luz en las chabolas, ni en los invernaderos, ni en la carretera y, a veces, sin darte cuenta te topas con un ciclista a menos de un metro del coche.
Bueno, a lo que iba, mientras hacía la compra me encontré con un negro en el pasillo. Creo que es el negro más negro que he visto nunca y también el más guapo. Al ver cómo lo miraba se envalentó y vino hacia mí.
En este punto retomé la atención de mi amiga Raquel.
– Esto se pone interesante, ¿y donde estaba tu novio? – preguntó.
– En la sección de vinos, escogiendo uno para la cena. – le dije.
El caso es que el negro me paró en el pasillo. Llevaba un bote de insecticida en la mano.
– Hola, ¿Qué pone aquí? Es que no sé leer… ¿Es para matar pulgas? – dijo mostrándome el bote.
– Chinches, garrapatas y cucarachas – leí.
– ¿Cucarachas?
– Cucarachas – repetí, y señalé el dibujo que había en el bote.
– ¡Ah! Entonces, sí. Gracias. – dijo.
Se dio la vuelta y se alejó por el pasillo en dirección a la caja. Justo a mi espalda llegó mi novio con dos botellas de vino.
– ¿Cuál cojo?
– No sé, la que quieras… a mí no me apetece vino hoy. –contesté mirando como el negro pagaba el bote de insecticida.
Mi novio se quedó mirando las dos botellas, dudando, al final echó las dos al carro.
– ¿Y eso es todo? – preguntó Raquel.
Asentí.
Work type Literary: Other
Tags relatos, relato breve, microrelatos, poemas y frases

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Registry info in Safe Creative

Identifier 2001152881170
Entry date Jan 15, 2020, 10:00 PM UTC
License Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0

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Author. Holder Maria Nela Escudero Sáenz. Date Jan 15, 2020.


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