About the work
“Un extraño habitante” (Título provisional)
Durante un largo día lo pasé conduciendo en mi viejo Audi. Solo hice una parada de diez minutos, la urgencia de hacer mis necesidades me obligó a ello. Era principio de un crudo invierno y resultaba muy desagradable salir del auto. Sobre todo por aquel lugar, al noroeste de Inglaterra, donde la pesada niebla, el frio y la soledad son dominantes.
Empezaba a oscurecer cuando las ruedas de mi auto pisaron las tierras del viejo terrateniente, Richard Godoy, mi todavía marido. La verja estaba abierta, como si estuviese ansiosa esperando mi llegada. Reduje la marcha del coche. Miré el estrecho carril de una tierra grisácea. Llevaba las luces largas puestas, las cuales se perdieron a escasos metros de mis ojos. Aquella baja niebla se la engulló como una garganta hambrienta. Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo. Los recuerdos de siete años atrás volvieron hasta mí. Sí, habían pasado siete años cuando me marché de allí. Salí de aquella finca de noche y sin avisar a nadie de mi huida. Mi vida corría peligro.
El motivo por el cual me encuentro de nuevo aquí, ha sido una llamada de Richard. Por su tono de voz supe que estaba enfermo y preocupado por algo grave. Me pedía que fuese a verlo, según él, era muy urgente hablar conmigo en persona y no por teléfono. Yo le propuse que él viniese a un hotel de Londres y hablaríamos. Me dijo que le era imposible viajar, eso corroboró mi sospecha, él estaba enfermo. Richard me pidió mi dirección para mandar su chofer a recogerme. Yo le contesté que mi dirección no la daba a nadie. Por mi seguridad. De malas ganas accedí al encuentro, pero se haría a mi manera. Yo conduciría hasta su finca, me dijese lo que me tenía que decir y volver de nuevo a Londres, a mi casa.
Frené el coche en la última curva antes de llegar al cortijo. La espesa niebla había disminuido, eso hizo que desde allí pudiese divisar la casona. Las luces de la planta de arriba estaban encendidas. Bajé la ventanilla, contemplé el nefasto paisaje. No me gustaba aquel escenario. Mi mente empezó a traer viejos recuerdos, los cuales me costó mucho tiempo olvidarlos, y en un momento los tenia frescos en mi memoria. Mi relación con Richard duró tres años y siete meses. Los dos primeros, fueron los más bellos de mi vida, en aquella misma finca, la que tenía frente a mis ojos, allí fui feliz. El resto de mi relación, un año y siete meses fueron horrendos, los peores de toda mi vida. Richard contaba treinta y cuatro años mayor que yo, eso no fue ningún problema en nuestra relación, al contrario, yo era su chica consentida, la mujer que le daba vida a su vida. Así me solía decir muchas veces. Me amaba con locura y yo también a él. Todo se torció cuando llegó su hija. Karley, hija única, éramos de la misma edad, por aquel entonces contábamos con treinta y dos años, eso me hacía ilusión, pensaba que íbamos hacer muy buenas amigas. Cosa imposible, con una psicópata como era Karley, y lo peor fue, su padre, mi marido, nunca se percató ni me creyó del peligro que corríamos con su hija dentro de casa.
Autores: Lola Román. Lola Barea
Print work information
Work information
Title Un extraño habitante
“Un extraño habitante” (Título provisional)
Durante un largo día lo pasé conduciendo en mi viejo Audi. Solo hice una parada de diez minutos, la urgencia de hacer mis necesidades me obligó a ello. Era principio de un crudo invierno y resultaba muy desagradable salir del auto. Sobre todo por aquel lugar, al noroeste de Inglaterra, donde la pesada niebla, el frio y la soledad son dominantes.
Empezaba a oscurecer cuando las ruedas de mi auto pisaron las tierras del viejo terrateniente, Richard Godoy, mi todavía marido. La verja estaba abierta, como si estuviese ansiosa esperando mi llegada. Reduje la marcha del coche. Miré el estrecho carril de una tierra grisácea. Llevaba las luces largas puestas, las cuales se perdieron a escasos metros de mis ojos. Aquella baja niebla se la engulló como una garganta hambrienta. Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo. Los recuerdos de siete años atrás volvieron hasta mí. Sí, habían pasado siete años cuando me marché de allí. Salí de aquella finca de noche y sin avisar a nadie de mi huida. Mi vida corría peligro.
El motivo por el cual me encuentro de nuevo aquí, ha sido una llamada de Richard. Por su tono de voz supe que estaba enfermo y preocupado por algo grave. Me pedía que fuese a verlo, según él, era muy urgente hablar conmigo en persona y no por teléfono. Yo le propuse que él viniese a un hotel de Londres y hablaríamos. Me dijo que le era imposible viajar, eso corroboró mi sospecha, él estaba enfermo. Richard me pidió mi dirección para mandar su chofer a recogerme. Yo le contesté que mi dirección no la daba a nadie. Por mi seguridad. De malas ganas accedí al encuentro, pero se haría a mi manera. Yo conduciría hasta su finca, me dijese lo que me tenía que decir y volver de nuevo a Londres, a mi casa.
Frené el coche en la última curva antes de llegar al cortijo. La espesa niebla había disminuido, eso hizo que desde allí pudiese divisar la casona. Las luces de la planta de arriba estaban encendidas. Bajé la ventanilla, contemplé el nefasto paisaje. No me gustaba aquel escenario. Mi mente empezó a traer viejos recuerdos, los cuales me costó mucho tiempo olvidarlos, y en un momento los tenia frescos en mi memoria. Mi relación con Richard duró tres años y siete meses. Los dos primeros, fueron los más bellos de mi vida, en aquella misma finca, la que tenía frente a mis ojos, allí fui feliz. El resto de mi relación, un año y siete meses fueron horrendos, los peores de toda mi vida. Richard contaba treinta y cuatro años mayor que yo, eso no fue ningún problema en nuestra relación, al contrario, yo era su chica consentida, la mujer que le daba vida a su vida. Así me solía decir muchas veces. Me amaba con locura y yo también a él. Todo se torció cuando llegó su hija. Karley, hija única, éramos de la misma edad, por aquel entonces contábamos con treinta y dos años, eso me hacía ilusión, pensaba que íbamos hacer muy buenas amigas. Cosa imposible, con una psicópata como era Karley, y lo peor fue, su padre, mi marido, nunca se percató ni me creyó del peligro que corríamos con su hija dentro de casa.
Autores: Lola Román. Lola Barea
Work type Literary: Other
Tags otros., relatos, fábulas, sonetos, cuentos, antología poética
-------------------------
Registry info in Safe Creative
Identifier 1902139941089
Entry date Feb 13, 2019, 5:28 PM UTC
License Creative Commons Attribution 4.0
-------------------------
Copyright registered declarations
Author. Holder Lola Román Barea. Date Feb 13, 2019.
Information available at https://www.safecreative.org/work/1902139941089-un-extrano-habitante