About the work
CONTANDO DESDE EL FINAL 10
—Pues pongámonos manos a la obra —dijo el chico mientras quitaba los platos y tazas para limpiarlos.
—Dela los platos en el fregadero, John, y siéntate delante. Te voy a necesitar para que vigiles la carretera y mires el mapa, si fuese necesario.
—Eso está hecho, William, salgamos de aquí.
William apagó de un soplido la vela, y se sentó frente al volante, John hizo lo mismo ocupando el asiento a su lado. Puso en marcha el motor y metió la primera marcha, despacio fue saliendo de allí. La carretera tenía poca visibilidad, causado por una espesa neblina.
—Le temo más a la neblina que a la lluvia; la neblina nos deja cegato —dijo William sin apartar la vista de la carretera.
—Ha dejado de llover, pero se ha levantado una densa neblina. La visibilidad es casi nula. Ni con las luces largas encendidas consigue atravesarla.
—Así es John. Detrás de esta neblina llegará la nieve, por eso quiero conducir toda la noche, y llegar pronto a nuestro destino.
—Estoy deseando llegar, William. Ya me siento feliz, solo con pensar, voy a empezar una nueva vida.
—Llegaremos a nuestro destino, no lo dudes. No es fácil, ¿sabes, John? Salí de España antes de navidad, y estamos a mediados de enero.
— ¿Qué? No puede ser, William. Te fuese dado tiempo de darle la vuelta a medio mundo.
—No te hagas el listo, John. Me han pasado cosas horrendas durante el viaje. ¡Ni te imaginas, chaval!
—Algún día, me contarás todo lo ocurrido, desde que saliste de España.
—Sí, John, algún día te contaré todo mi calvario vivido. He tenido que hacer paradas forzosas, incluso, en un monasterio por enfermedad. He conocido personas maravillosas…y otras, otras te puedo asegurar que eran, horrendas y muy peligrosas.
—Cuéntame primero de las maravillosas —pedía el chico con ganas de saber y curiosidad.
—Una de ellas…fue, cuando conocí a Corinne; la muchacha más bella que, he tenido en mi vida, y entre mis brazos. Fue breve nuestro encuentro, una mujer apasionada, sensual y dulce a la vez. ¡La mujer perfecta!
John escuchaba boquiabierta, impresionado y emocionado con la historia que le estaba contando su amigo.
— ¿No me crees, John? —Le preguntó William para hacer una pausa y darle más emoción al asunto.
— ¡Sí, sí, claro que te creo! Sigue contando William —contestó el chaval sin querer interrumpirlo.
— ¿Te has fijado en el collar que lleva puesto Dawn?
—Sí, y bien bonito que es.
—Ese collar, se lo regaló la bella Corinne.
— ¡Qué suerte tienes, William!
—Camille no pensaba igual que tú. Me contó la historia de la joven, según Camille, Corinne, llevaba décadas muerta —en ese momento, William, se puso melancólico y pensativo.
— ¿Camille? ¿Esa quién es otra hembra? —preguntó John con la curiosidad de saber.
— ¡No, muchacho, Camille es una amiga mía! Ella es médium, una experta en muertos. La mujer puede tener unos cincuenta años arriba o abajo. Es mayor para mí, solo es una buena amiga —le confirmó al joven.
De pronto, algo se atravesó por delante del auto caravana. William, hizo un giro con el volante. Eso provocó, se saliera de la estrecha carretera. Quedando la parte delantera del auto en la carretera, y la parte de atrás fuera de ella.
— ¡Era un enorme ciervo, lo he visto William! ¡Al principio, pensé que era un caballo por su tamaño, pero es un ciervo grandísimo! ¡Ostias, si no lo veo no lo creo!
— ¡Pues nos ha hecho una putada, el ciervo de los cojones! ¡Maldita sea!
—O puede que fuese un gigantesco jabalí, o una vaca de alguna granja cercana. Hemos estado a punto de volcar. Menos mal que no se ha volcado la caravana, William.
— ¡Es igual el bicho que fuese! Por su culpa, nos hemos metido en un hoyo repleto de agua. ¡Estamos atascados, atascados hasta el cuello!
—Saldremos de aquí.
—Pues claro que vamos a salir de aquí John. Le pondremos unos troncos y ramas delante de cada rueda. Eso hará que salgamos del atasco.
—Pues debemos darnos prisa, William. Porque de nuevo empieza a llover —dijo el chico mientras se ponía el impermeable y las botas de agua.
— ¡vamos John, saquemos todas nuestras fuerzas, la vamos a necesitar para sacar el auto del barro! ¡Coge la linterna John!
— ¡ahora mismo voy a por ella!
Los dos se bajaron del auto, para ver donde se había metido las dos ruedas traseras.
Print work information
Work information
Title 1 LOS ARCHIVOS DE LOS MUERTOS
CONTANDO DESDE EL FINAL 10
—Pues pongámonos manos a la obra —dijo el chico mientras quitaba los platos y tazas para limpiarlos.
—Dela los platos en el fregadero, John, y siéntate delante. Te voy a necesitar para que vigiles la carretera y mires el mapa, si fuese necesario.
—Eso está hecho, William, salgamos de aquí.
William apagó de un soplido la vela, y se sentó frente al volante, John hizo lo mismo ocupando el asiento a su lado. Puso en marcha el motor y metió la primera marcha, despacio fue saliendo de allí. La carretera tenía poca visibilidad, causado por una espesa neblina.
—Le temo más a la neblina que a la lluvia; la neblina nos deja cegato —dijo William sin apartar la vista de la carretera.
—Ha dejado de llover, pero se ha levantado una densa neblina. La visibilidad es casi nula. Ni con las luces largas encendidas consigue atravesarla.
—Así es John. Detrás de esta neblina llegará la nieve, por eso quiero conducir toda la noche, y llegar pronto a nuestro destino.
—Estoy deseando llegar, William. Ya me siento feliz, solo con pensar, voy a empezar una nueva vida.
—Llegaremos a nuestro destino, no lo dudes. No es fácil, ¿sabes, John? Salí de España antes de navidad, y estamos a mediados de enero.
— ¿Qué? No puede ser, William. Te fuese dado tiempo de darle la vuelta a medio mundo.
—No te hagas el listo, John. Me han pasado cosas horrendas durante el viaje. ¡Ni te imaginas, chaval!
—Algún día, me contarás todo lo ocurrido, desde que saliste de España.
—Sí, John, algún día te contaré todo mi calvario vivido. He tenido que hacer paradas forzosas, incluso, en un monasterio por enfermedad. He conocido personas maravillosas…y otras, otras te puedo asegurar que eran, horrendas y muy peligrosas.
—Cuéntame primero de las maravillosas —pedía el chico con ganas de saber y curiosidad.
—Una de ellas…fue, cuando conocí a Corinne; la muchacha más bella que, he tenido en mi vida, y entre mis brazos. Fue breve nuestro encuentro, una mujer apasionada, sensual y dulce a la vez. ¡La mujer perfecta!
John escuchaba boquiabierta, impresionado y emocionado con la historia que le estaba contando su amigo.
— ¿No me crees, John? —Le preguntó William para hacer una pausa y darle más emoción al asunto.
— ¡Sí, sí, claro que te creo! Sigue contando William —contestó el chaval sin querer interrumpirlo.
— ¿Te has fijado en el collar que lleva puesto Dawn?
—Sí, y bien bonito que es.
—Ese collar, se lo regaló la bella Corinne.
— ¡Qué suerte tienes, William!
—Camille no pensaba igual que tú. Me contó la historia de la joven, según Camille, Corinne, llevaba décadas muerta —en ese momento, William, se puso melancólico y pensativo.
— ¿Camille? ¿Esa quién es otra hembra? —preguntó John con la curiosidad de saber.
— ¡No, muchacho, Camille es una amiga mía! Ella es médium, una experta en muertos. La mujer puede tener unos cincuenta años arriba o abajo. Es mayor para mí, solo es una buena amiga —le confirmó al joven.
De pronto, algo se atravesó por delante del auto caravana. William, hizo un giro con el volante. Eso provocó, se saliera de la estrecha carretera. Quedando la parte delantera del auto en la carretera, y la parte de atrás fuera de ella.
— ¡Era un enorme ciervo, lo he visto William! ¡Al principio, pensé que era un caballo por su tamaño, pero es un ciervo grandísimo! ¡Ostias, si no lo veo no lo creo!
— ¡Pues nos ha hecho una putada, el ciervo de los cojones! ¡Maldita sea!
—O puede que fuese un gigantesco jabalí, o una vaca de alguna granja cercana. Hemos estado a punto de volcar. Menos mal que no se ha volcado la caravana, William.
— ¡Es igual el bicho que fuese! Por su culpa, nos hemos metido en un hoyo repleto de agua. ¡Estamos atascados, atascados hasta el cuello!
—Saldremos de aquí.
—Pues claro que vamos a salir de aquí John. Le pondremos unos troncos y ramas delante de cada rueda. Eso hará que salgamos del atasco.
—Pues debemos darnos prisa, William. Porque de nuevo empieza a llover —dijo el chico mientras se ponía el impermeable y las botas de agua.
— ¡vamos John, saquemos todas nuestras fuerzas, la vamos a necesitar para sacar el auto del barro! ¡Coge la linterna John!
— ¡ahora mismo voy a por ella!
Los dos se bajaron del auto, para ver donde se había metido las dos ruedas traseras.
Work type Literary: Other
Tags sonetos, relatos, antología poética, otros., fábulas, cuentos
-------------------------
Registry info in Safe Creative
Identifier 1901029502164
Entry date Jan 2, 2019, 5:39 PM UTC
License Creative Commons Attribution 4.0
-------------------------
Copyright registered declarations
Author. Holder Lola Román Barea. Date Jan 2, 2019.
Information available at https://www.safecreative.org/work/1901029502164-1-los-archivos-de-los-muertos