1 LOS ARCHIVOS DE LOS MUERTOS
01/02/2019
1901029501952

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FINAL 6
Tenía que resistir, se repetía una y otra vez. Solo le quedaban unas cuantas de horas. Estaría en la finca de Eliot, antes que llegase el amanecer. La tos y la fiebre hacia que William tiritase de frío y de dolor en su pecho. Un olor a barro y sangre le llegó del asiento del copiloto. Aquello hizo que William girase su cabeza. No podía creer lo que estaba viendo.
— ¡No, no, no! Por los clavos de cristo y los cuernos del diablo, no. No me hagas esto, John, tú no. Estás muerto, ¡márchate, estás muerto! —suplicaba temblando William, cuando vio al joven John envuelto en barro y sangre, sentado a su lado y mirándolo.
— «A mí no me tengas miedo, William, estoy aquí para advertirte, debes tenle miedo a ellos, vienen a por ti»
La figura del joven John (ya muerto) desapareció de la vista de William.
— ¡John, donde estás, John! ¡No te tengo miedo, por favor vuelve! Dime, ¿de quién me tengo que cuidar? ¿De la policía? ¡Maldita sea, John, dime!
William escuchó gruñir a Dawn. El perro salió de su acogedor rincón y se fue con su amo. Metió su cabeza entre los dos asientos, para tener contacto físico con su dueño. William le invitó a que se pusiese en el asiento del copiloto. Dawn se puso delante, pero eso no evitaba que mirase hacia la parte detrás y ladrase, una y otra vez. William conocía muy bien a su perro. Él sabía que, aquel ladrido era para avisarle de algún peligro.
— ¿A quién le ladras Dawn? Dawn, acabo de ver al joven John, donde estás sentado tú, ahí, ahora. ¿Tú también le has visto? ¿Le ladras a él? ¿Sabes lo que me ha dicho? que le tenga miedo a ellos, vienen a por mí. Y te juro que no ha sido efecto de la fiebre que tengo, le he visto y le he oído tan real como te estoy viendo a ti. ¡Te lo juro, Dawn, créeme!
El perro no dejaba de ladrar a la vez que miraba hacia la parte de atrás del auto.
William, levantó un poco la cortina, la cual separaba la parte de atrás con la del conductor. Dentro estaba oscuro. Encendió la pequeña luz lateral. Solo se colaba un hilo de claridad, intuyó que detrás había alguien. Cogió la linterna que tenía a su lado. La encendió y alumbró la parte de atrás. No podía creer lo que sus ojos estaban viendo. Tragó saliva, se pasó su mano por sus asustados ojos. Un frío estremecedor recorrió todo el cuerpo de William. Se volvió a refregar sus dedos por sus ojos. Allí estaban ellos, mirando y en silencio. Le echó la luz de la linterna a una figura. Era la de Aixa, las facciones de su cara, estaban descompuestas y pálida, sus ojos de vidrios opacos, puestos en los aterrorizados de William. Nervioso y asustado, miró hacia delante, estuvo a punto de salirse de la estrecha carretera.
— ¡Dios mío, Dawn! ¡Son ellos y vienen a por mí! Era lo que John vino a decirme. ¡No permitas que me hagan daño, Dawn, atácale, atácale, échalos de aquí!
El perro ladraba sin parar.
William perdió el control del auto-caravana, dando un giro involuntario hacia la derecha, el auto dio media vuelta y quedó volcado en la cuneta.
— ¡Dawn, tenemos que salir de aquí! ¡Corremos peligro!
Como pudo, William cogió su mochila y el mapa. Logró salir por la ventanilla del copiloto, Dawn salió detrás de su dueño. Intentó tranquilizarse, necesitaba orientarse, para caminar hacia el sitio adecuado. No estaba lejos de su destino. Solo debía tomar la dirección correcta, la cual lo llevaría hasta la finca del viejo escocés. Se alejó de la caravana unos metros, se detuvo para coger aire en sus pulmones. Una punzada dolorosa le atravesaba el pecho y la espalda. El perro permanecía al lado de su dueño, dirigiendo sus ladridos hacia la caravana. William sacó de su mochila la linterna, echó su luz hacía donde estaba la caravana volcada. Allí estaban ellos, ahilados, Germán, Aixa, Rachel y la niña Abigail. Todos ellos estaban muertos, ¡muertos! Todos ellos con sus rostros demacrados y en silencio, perseguían al asustado y enfermo William.

Literary: Other
otros.
sonetos
fábulas
antología poética
cuentos
relatos

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Lola Román Barea
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Title 1 LOS ARCHIVOS DE LOS MUERTOS
FINAL 6
Tenía que resistir, se repetía una y otra vez. Solo le quedaban unas cuantas de horas. Estaría en la finca de Eliot, antes que llegase el amanecer. La tos y la fiebre hacia que William tiritase de frío y de dolor en su pecho. Un olor a barro y sangre le llegó del asiento del copiloto. Aquello hizo que William girase su cabeza. No podía creer lo que estaba viendo.
— ¡No, no, no! Por los clavos de cristo y los cuernos del diablo, no. No me hagas esto, John, tú no. Estás muerto, ¡márchate, estás muerto! —suplicaba temblando William, cuando vio al joven John envuelto en barro y sangre, sentado a su lado y mirándolo.
— «A mí no me tengas miedo, William, estoy aquí para advertirte, debes tenle miedo a ellos, vienen a por ti»
La figura del joven John (ya muerto) desapareció de la vista de William.
— ¡John, donde estás, John! ¡No te tengo miedo, por favor vuelve! Dime, ¿de quién me tengo que cuidar? ¿De la policía? ¡Maldita sea, John, dime!
William escuchó gruñir a Dawn. El perro salió de su acogedor rincón y se fue con su amo. Metió su cabeza entre los dos asientos, para tener contacto físico con su dueño. William le invitó a que se pusiese en el asiento del copiloto. Dawn se puso delante, pero eso no evitaba que mirase hacia la parte detrás y ladrase, una y otra vez. William conocía muy bien a su perro. Él sabía que, aquel ladrido era para avisarle de algún peligro.
— ¿A quién le ladras Dawn? Dawn, acabo de ver al joven John, donde estás sentado tú, ahí, ahora. ¿Tú también le has visto? ¿Le ladras a él? ¿Sabes lo que me ha dicho? que le tenga miedo a ellos, vienen a por mí. Y te juro que no ha sido efecto de la fiebre que tengo, le he visto y le he oído tan real como te estoy viendo a ti. ¡Te lo juro, Dawn, créeme!
El perro no dejaba de ladrar a la vez que miraba hacia la parte de atrás del auto.
William, levantó un poco la cortina, la cual separaba la parte de atrás con la del conductor. Dentro estaba oscuro. Encendió la pequeña luz lateral. Solo se colaba un hilo de claridad, intuyó que detrás había alguien. Cogió la linterna que tenía a su lado. La encendió y alumbró la parte de atrás. No podía creer lo que sus ojos estaban viendo. Tragó saliva, se pasó su mano por sus asustados ojos. Un frío estremecedor recorrió todo el cuerpo de William. Se volvió a refregar sus dedos por sus ojos. Allí estaban ellos, mirando y en silencio. Le echó la luz de la linterna a una figura. Era la de Aixa, las facciones de su cara, estaban descompuestas y pálida, sus ojos de vidrios opacos, puestos en los aterrorizados de William. Nervioso y asustado, miró hacia delante, estuvo a punto de salirse de la estrecha carretera.
— ¡Dios mío, Dawn! ¡Son ellos y vienen a por mí! Era lo que John vino a decirme. ¡No permitas que me hagan daño, Dawn, atácale, atácale, échalos de aquí!
El perro ladraba sin parar.
William perdió el control del auto-caravana, dando un giro involuntario hacia la derecha, el auto dio media vuelta y quedó volcado en la cuneta.
— ¡Dawn, tenemos que salir de aquí! ¡Corremos peligro!
Como pudo, William cogió su mochila y el mapa. Logró salir por la ventanilla del copiloto, Dawn salió detrás de su dueño. Intentó tranquilizarse, necesitaba orientarse, para caminar hacia el sitio adecuado. No estaba lejos de su destino. Solo debía tomar la dirección correcta, la cual lo llevaría hasta la finca del viejo escocés. Se alejó de la caravana unos metros, se detuvo para coger aire en sus pulmones. Una punzada dolorosa le atravesaba el pecho y la espalda. El perro permanecía al lado de su dueño, dirigiendo sus ladridos hacia la caravana. William sacó de su mochila la linterna, echó su luz hacía donde estaba la caravana volcada. Allí estaban ellos, ahilados, Germán, Aixa, Rachel y la niña Abigail. Todos ellos estaban muertos, ¡muertos! Todos ellos con sus rostros demacrados y en silencio, perseguían al asustado y enfermo William.
Work type Literary: Other
Tags otros., sonetos, fábulas, antología poética, cuentos, relatos

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Identifier 1901029501952
Entry date Jan 2, 2019, 5:24 PM UTC
License Creative Commons Attribution 4.0

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Author. Holder Lola Román Barea. Date Jan 2, 2019.


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