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FINAL 2
— ¡Comisario, Renke, alumbre en ese panteón! El perro ladra hacia abajo —pidió Camille al comisario jefe.
— ¡Agente, abra bien la alcáncela del panteón! —le ordenó el comisario.
— ¡William, estás ahí! ¡William, contesta muchacho! —gritaba Camille con rodillas en el suelo y metiendo su cabeza por el agujero.
— ¡Señora, tenga cuidado, todo esto está en ruina y es peligroso! —le advertía el comisario jefe a la mujer.
— ¡Ya has oído al señor, Camille! Todo está en ruina—le repetía las mismas palabras su marido Philip.
— ¡No estoy sorda, Philip! —contestó Camille a la vez que vigilaba los movimientos del perro, marcando donde estaba William, su dueño.
— ¡ahí está, comisario, ya le veo, es él, William! —gritaba Camille al ver a su amigo.
— ¡Sí, ya le veo! —le contestó el comisario a Camille.
— ¡Jefe, habrá que quitar todo el mármol, para hacer el agujero más grande, y así poder sacarlo mejor!
—Estoy de acuerdo con usted, agente Troy, trae la pala y el pico para dejar la salida libre.
— ¿William, me escuchas? te vamos a sacar de ahí ¡Contéstame, William! ¿Estás bien?
Los dos agentes, Philip y Camille, despejaron la salida. Le echaron una escalera hecha de soga.
—Su cuerpo está tendido en el suelo, no se mueve, ¿cree usted que está muerto, jefe? —preguntó el agente Troy alumbrándolo con su linterna.
—Sí, creo que está muerto —le contestó el comisario Renke.
— ¡No, no sabemos si está muerto o solo está desmayado! Ya otra vez, mi marido decía lo mismo que vosotros y al final, lo encontré y le salvé la vida. Ahora será igual. ¡Volveré a salvar a William! —le decía Camille a la policía.
—Déjelo, señora. Está muerto —repitió el comisario.
— ¿Y la ambulancia, cuando llega? —Preguntaba Camille con sus palabras angustiadas.
—Llegaran pronto. Nosotros no tenemos los preparos necesarios para sacarlo de ahí. Tendremos que pedir refuerzos, a especialistas que están preparados para casos como estos, aunque, casos como este hay pocos —decía el comisario intentando convencer a Camille, la médium.
—Usted y yo, sabemos que no hay tiempo, los refuerzos llegarán mañana, si lo dejamos ahí, hasta que la ayuda llegue, será demasiado tarde. Por favor, yo puedo bajar, pongo su cuerpo en la escalera de soga, y vosotros tres le sacáis —decía Camille dispuesta a salvar la vida de William.
— ¡cuando mi mujer dice algo, lo dice y lo hace! —dijo Philip reforzando las palabras y la decisión de su mujer.
— Agente Troy, baje y compruebe el cuerpo, y rápido. No vamos a estar toda la noche aquí —le ordenó el comisario.
— ¡William, despierta, van a bajar para sacarte de ahí! ¡Se fuerte! —le gritaba Camille.
— ¡Está muerto! —gritó el agente Troy.
— ¡Acerque su oreja a la boca del chico y compruebe que respira! Aunque, es mejor que lo suba —recomendó Camille enfadada con el agente, cuando le escuchó dar un diagnostico tan rápido y seguro.
El agente puso el cuerpo de William en la camilla, los dos hombres y Camille, desde arriba fueron tirando de la soga. El agende Troy, desde abajo, fue ayudando todo lo que pudo. El cuerpo de William, estaba fuera de aquel agujero mortal. En ese momento llegó la ambulancia. Subieron el cuerpo en ella, lo cubrieron con mantas térmicas. Camille se sentó al lado de William, intentando darle calor, el médico la apartó del cuerpo, necesitaba espacio para examinarlo.
Mientras tanto, Philip intentó coger al perro y llevarlo con él. Dawn, no se lo puso fácil, el animal se alejó de allí, perdiéndose en la oscuridad. El agente Troy, se sentó al volante y puso el coche en marcha, el comisario se sentó al lado del conductor, Philip se sentó en el asiento de atrás. La ambulancia y el coche policía salieron de aquel horrible lugar.
—Jefe, ¿nos dirigimos a Glasgow? —preguntó el agente.
—Sí. Pero antes esperaremos en Caledonia, hasta que lleguen los médicos forenses. Ellos se encargarán del caso, y decidirán donde llevar el cuerpo—le contestó el comisario.
—Está muerto —dijo el doctor una vez examinado el cuerpo de William.
—No, no puede estar muerto —contestó Camille.
— ¿Señora, es su hijo? —le preguntó el doctor.
—No, doctor, no es mi hijo, pero como si lo fuese —le contestó Camille.
—lo siento, pero ya no se puede hacer nada por él —añadió el doctor.
El médico se pasó a la parte de delante y se acomodó al lado del conductor. Camille se acercó al cuerpo de William, le tocó con sus manos el frío rostro del muchacho.
—Lo siento, William, esta vez he llegado tarde. He colaborado con la policía para encontrarte, yo prefería verte en la cárcel y no muerto. Espero que no te enfades conmigo; yo sabía que los que te acompañaban en tu viaje eran muertos y venían a por ti. Quise advertirte, pero tú estabas empeñado en ese maldito viaje. Adiós William, te deseo un descanso en paz —dijo Camille, depositándole un beso en la frente.
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Title 1 LOS ARCHIVOS DE LOS MUERTOS
FINAL 2
— ¡Comisario, Renke, alumbre en ese panteón! El perro ladra hacia abajo —pidió Camille al comisario jefe.
— ¡Agente, abra bien la alcáncela del panteón! —le ordenó el comisario.
— ¡William, estás ahí! ¡William, contesta muchacho! —gritaba Camille con rodillas en el suelo y metiendo su cabeza por el agujero.
— ¡Señora, tenga cuidado, todo esto está en ruina y es peligroso! —le advertía el comisario jefe a la mujer.
— ¡Ya has oído al señor, Camille! Todo está en ruina—le repetía las mismas palabras su marido Philip.
— ¡No estoy sorda, Philip! —contestó Camille a la vez que vigilaba los movimientos del perro, marcando donde estaba William, su dueño.
— ¡ahí está, comisario, ya le veo, es él, William! —gritaba Camille al ver a su amigo.
— ¡Sí, ya le veo! —le contestó el comisario a Camille.
— ¡Jefe, habrá que quitar todo el mármol, para hacer el agujero más grande, y así poder sacarlo mejor!
—Estoy de acuerdo con usted, agente Troy, trae la pala y el pico para dejar la salida libre.
— ¿William, me escuchas? te vamos a sacar de ahí ¡Contéstame, William! ¿Estás bien?
Los dos agentes, Philip y Camille, despejaron la salida. Le echaron una escalera hecha de soga.
—Su cuerpo está tendido en el suelo, no se mueve, ¿cree usted que está muerto, jefe? —preguntó el agente Troy alumbrándolo con su linterna.
—Sí, creo que está muerto —le contestó el comisario Renke.
— ¡No, no sabemos si está muerto o solo está desmayado! Ya otra vez, mi marido decía lo mismo que vosotros y al final, lo encontré y le salvé la vida. Ahora será igual. ¡Volveré a salvar a William! —le decía Camille a la policía.
—Déjelo, señora. Está muerto —repitió el comisario.
— ¿Y la ambulancia, cuando llega? —Preguntaba Camille con sus palabras angustiadas.
—Llegaran pronto. Nosotros no tenemos los preparos necesarios para sacarlo de ahí. Tendremos que pedir refuerzos, a especialistas que están preparados para casos como estos, aunque, casos como este hay pocos —decía el comisario intentando convencer a Camille, la médium.
—Usted y yo, sabemos que no hay tiempo, los refuerzos llegarán mañana, si lo dejamos ahí, hasta que la ayuda llegue, será demasiado tarde. Por favor, yo puedo bajar, pongo su cuerpo en la escalera de soga, y vosotros tres le sacáis —decía Camille dispuesta a salvar la vida de William.
— ¡cuando mi mujer dice algo, lo dice y lo hace! —dijo Philip reforzando las palabras y la decisión de su mujer.
— Agente Troy, baje y compruebe el cuerpo, y rápido. No vamos a estar toda la noche aquí —le ordenó el comisario.
— ¡William, despierta, van a bajar para sacarte de ahí! ¡Se fuerte! —le gritaba Camille.
— ¡Está muerto! —gritó el agente Troy.
— ¡Acerque su oreja a la boca del chico y compruebe que respira! Aunque, es mejor que lo suba —recomendó Camille enfadada con el agente, cuando le escuchó dar un diagnostico tan rápido y seguro.
El agente puso el cuerpo de William en la camilla, los dos hombres y Camille, desde arriba fueron tirando de la soga. El agende Troy, desde abajo, fue ayudando todo lo que pudo. El cuerpo de William, estaba fuera de aquel agujero mortal. En ese momento llegó la ambulancia. Subieron el cuerpo en ella, lo cubrieron con mantas térmicas. Camille se sentó al lado de William, intentando darle calor, el médico la apartó del cuerpo, necesitaba espacio para examinarlo.
Mientras tanto, Philip intentó coger al perro y llevarlo con él. Dawn, no se lo puso fácil, el animal se alejó de allí, perdiéndose en la oscuridad. El agente Troy, se sentó al volante y puso el coche en marcha, el comisario se sentó al lado del conductor, Philip se sentó en el asiento de atrás. La ambulancia y el coche policía salieron de aquel horrible lugar.
—Jefe, ¿nos dirigimos a Glasgow? —preguntó el agente.
—Sí. Pero antes esperaremos en Caledonia, hasta que lleguen los médicos forenses. Ellos se encargarán del caso, y decidirán donde llevar el cuerpo—le contestó el comisario.
—Está muerto —dijo el doctor una vez examinado el cuerpo de William.
—No, no puede estar muerto —contestó Camille.
— ¿Señora, es su hijo? —le preguntó el doctor.
—No, doctor, no es mi hijo, pero como si lo fuese —le contestó Camille.
—lo siento, pero ya no se puede hacer nada por él —añadió el doctor.
El médico se pasó a la parte de delante y se acomodó al lado del conductor. Camille se acercó al cuerpo de William, le tocó con sus manos el frío rostro del muchacho.
—Lo siento, William, esta vez he llegado tarde. He colaborado con la policía para encontrarte, yo prefería verte en la cárcel y no muerto. Espero que no te enfades conmigo; yo sabía que los que te acompañaban en tu viaje eran muertos y venían a por ti. Quise advertirte, pero tú estabas empeñado en ese maldito viaje. Adiós William, te deseo un descanso en paz —dijo Camille, depositándole un beso en la frente.
Work type Literary: Other
Tags otros., sonetos, relatos, fábulas, antología poética, cuentos
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Registry info in Safe Creative
Identifier 1901029501570
Entry date Jan 2, 2019, 4:50 PM UTC
License Creative Commons Attribution 4.0
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Copyright registered declarations
Author. Holder Lola Román Barea. Date Jan 2, 2019.
Information available at https://www.safecreative.org/work/1901029501570-1-los-archivos-de-los-muertos