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Mi tierno latido.
(Primera parte)
Érase una vez, en un reino muy lejano en el cielo, un “tierno latido” que le pidió a Dios ser libre para conocer la tierra. Sorprendido Dios le pregunto porque deseaba conocer a la humanidad, si demostrado estaba que eran tan inhóspitos y fríos, a lo que el “tierno latido” le respondió- la humanidad solo necesita volver a sus orígenes, olvidarse que tienen manos y palpar con el corazón, cerrar los ojos y ver la esencia que implantaste en lo profundo de cada ser, dejar de pensar como maquinas biológicas y dejarse dominar por la compasión, por favor, déjame libre y te lo demostrare.
Dios al ver a ese “tierno latido” tan entusiasmado, puso su mano en el corazón asintiendo con unas palmadas… solo le hizo una advertencia; debes encontrar un gran corazón para morar en él, de lo contrario languidecerás. Dios retiró la mano de su corazón sujetándolo y colocándole en la tierra.
Al llegar a la tierra, se asombró al ver que la humanidad lo veía como una cosa extraña, pues Dios en su inmensa sabiduría, decidió no darle forma; para Dios las formas y la materia no importan; Dios es esencia, era incoloro; todos sabemos que Dios no distingue colores de piel, y a pesar de ser un latido, no emitía ningún sonido; pues Dios es silente y su voz es nuestra inspiración.
El tiempo paso y el “tierno latido” no encontraba un ser que le prestara su corazón para morar y poco a poco iba languideciendo. Entonces, Dios al ver su gran nobleza, decidió buscar un vientre que tuviera el dulzor suficiente para albergar un alma provista de una gran compasión y a su vez, estuviese contaminada con el deseo de crear vida y así fue como después de tanto buscar, Dios encontró un vientre, en el cual previamente, en un frío invierno un Ángel busco alojo, sembrando en él, aquella delicada alma. Después, Dios solo tuvo que tomar al desfallecido “latido” que había extraído de su corazón y lo ubico en el delicado corazón del Ángel.
Instantáneamente aquel “tierno latido” tuvo color, forma y sonido, además de la esencia de Dios y cuando el Ángel decidió dejar aquel placentero universo acuoso, el “latido” extendió sus ecos en su dulce corazón, entonando una melodía con agudos y graves tonos sístoles y diástoles, ahuyentando la nostalgia de aquel otoño cobrizo y floreciendo una bella sonrisa, aun sin ser primavera, en la persona que presto su vientre.
Pasaron los años y aquel bello Ángel, inspirado por el alma pura y el “tierno latido” que Dios coloco en su corazón, sembró 12 bellas sonrisas, a las que regó con mucho amor, y acaricio con los ecos del “tierno latido” que habitaba en su corazón. De esas sonrisas, cosecho alegrías con las que nutrió su alma y corazón y cuando se sentía abatido por las adversidades del destino, se escondía en todas esas emociones bellas, que fluían de recuerdos anegados de sonrisitas, que florecían en inéditos amaneceres.
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Title Mi tierno latido.-primera parte.
Mi tierno latido.
(Primera parte)
Érase una vez, en un reino muy lejano en el cielo, un “tierno latido” que le pidió a Dios ser libre para conocer la tierra. Sorprendido Dios le pregunto porque deseaba conocer a la humanidad, si demostrado estaba que eran tan inhóspitos y fríos, a lo que el “tierno latido” le respondió- la humanidad solo necesita volver a sus orígenes, olvidarse que tienen manos y palpar con el corazón, cerrar los ojos y ver la esencia que implantaste en lo profundo de cada ser, dejar de pensar como maquinas biológicas y dejarse dominar por la compasión, por favor, déjame libre y te lo demostrare.
Dios al ver a ese “tierno latido” tan entusiasmado, puso su mano en el corazón asintiendo con unas palmadas… solo le hizo una advertencia; debes encontrar un gran corazón para morar en él, de lo contrario languidecerás. Dios retiró la mano de su corazón sujetándolo y colocándole en la tierra.
Al llegar a la tierra, se asombró al ver que la humanidad lo veía como una cosa extraña, pues Dios en su inmensa sabiduría, decidió no darle forma; para Dios las formas y la materia no importan; Dios es esencia, era incoloro; todos sabemos que Dios no distingue colores de piel, y a pesar de ser un latido, no emitía ningún sonido; pues Dios es silente y su voz es nuestra inspiración.
El tiempo paso y el “tierno latido” no encontraba un ser que le prestara su corazón para morar y poco a poco iba languideciendo. Entonces, Dios al ver su gran nobleza, decidió buscar un vientre que tuviera el dulzor suficiente para albergar un alma provista de una gran compasión y a su vez, estuviese contaminada con el deseo de crear vida y así fue como después de tanto buscar, Dios encontró un vientre, en el cual previamente, en un frío invierno un Ángel busco alojo, sembrando en él, aquella delicada alma. Después, Dios solo tuvo que tomar al desfallecido “latido” que había extraído de su corazón y lo ubico en el delicado corazón del Ángel.
Instantáneamente aquel “tierno latido” tuvo color, forma y sonido, además de la esencia de Dios y cuando el Ángel decidió dejar aquel placentero universo acuoso, el “latido” extendió sus ecos en su dulce corazón, entonando una melodía con agudos y graves tonos sístoles y diástoles, ahuyentando la nostalgia de aquel otoño cobrizo y floreciendo una bella sonrisa, aun sin ser primavera, en la persona que presto su vientre.
Pasaron los años y aquel bello Ángel, inspirado por el alma pura y el “tierno latido” que Dios coloco en su corazón, sembró 12 bellas sonrisas, a las que regó con mucho amor, y acaricio con los ecos del “tierno latido” que habitaba en su corazón. De esas sonrisas, cosecho alegrías con las que nutrió su alma y corazón y cuando se sentía abatido por las adversidades del destino, se escondía en todas esas emociones bellas, que fluían de recuerdos anegados de sonrisitas, que florecían en inéditos amaneceres.
Work type Narrative, Essay
Tags poesias.
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Registry info in Safe Creative
Identifier 1810098686630
Entry date Oct 9, 2018, 2:08 AM UTC
License Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike 4.0
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Copyright registered declarations
Author 100.00 %. Holder Juan Hernandez. Date Oct 9, 2018.
Information available at https://www.safecreative.org/work/1810098686630-mi-tierno-latido-primera-parte-