—¡Cuánto tiempo sin verte! ¡Estás perdida!
Miro mi teléfono y compruebo que hay línea.
—¡Qué susto! Pensaba que se me había roto el teléfono. Y resulta que es que tú tampoco llamas.
Se alejó de mí como alma que lleva el diablo. Me puse mi sombrero rojo y empecé a andar en sentido contrario.