Una práctica más o menos habitual en el mundo del tarot es limpiar y consagrar la baraja de tarot. Se limpia por la creencia de que las láminas de cartón se cargan con la energía de los consultantes que se deduce es negativa en algunos casos. Luego se consagran como una forma de calibrar su energía para que así ellas nos hablen de forma prístina y concisa.
En cualquiera de los dos casos el motor fundamental de estas prácticas es la superstición, entendiendo con ello la existencia de una idea n