A RITMO DE LA MÚSICA

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— Abril, ¿ya estás lista? —quiso saber Gloria, ante la demora exagerada de su amiga.
— Solo espera un momento… no puedo salir como una loca.
— Parece estar tardando más de lo normal —dije.
— Lucas irá —dijo Gloria, con una sonrisa—. Debe de estar echándose una veintena de maquillajes.

Después de quince minutos más de espera y de que Gloria fuera en busca de Abril a su cuarto, por fin, esta salía. Se miró una vez más en el espejo y de nuevo, Gloria, tuvo que halarla.

— Si hoy no me dice que se sea su novia… lo mato —sentenció Abril.

Salimos a toda prisa, pues ya estábamos con media hora de retraso. Tomamos el subterráneo y luego de una hora de viaje, llegamos a la estación de San Martín; Abril, que vio que los muchachos que nos esperaban ya estaban a punto de partir, corrió y desde la baranda, alzando los brazos, exclamó:

— ¡Hey chicos… ya llegamos! —el grito surtió efecto, pues Abril, con un ademan, nos indicó que bajáramos.

Un grupo de siete jóvenes, amigos del colegio de Gloria y Abril, nos esperaban impacientes; todos, montados en sus bicicletas, armados con sus cascos y vestidos con sudadera. Entre saludos, risas y bromas, pasaron unos veinte minutos, hasta que por fin, unos de los muchachos, atinó a decir:

— No nos iremos a quedar aquí, ¿o sí? —todos reímos—. Vinimos a montar en bici y a disfrutar de esta hermosa mañana.
— Paolo tiene razón —dijo ahora, una de las chicas.
— Dense prisa a alquilar sus bicicletas, muchachos —dijo Paolo, refiriéndose a nosotros.

Narrative, Essay
muerte.
cuento corto
narrativa
vida

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Eder Vidinick Melo Torres
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Title A RITMO DE LA MÚSICA
— Abril, ¿ya estás lista? —quiso saber Gloria, ante la demora exagerada de su amiga.
— Solo espera un momento… no puedo salir como una loca.
— Parece estar tardando más de lo normal —dije.
— Lucas irá —dijo Gloria, con una sonrisa—. Debe de estar echándose una veintena de maquillajes.

Después de quince minutos más de espera y de que Gloria fuera en busca de Abril a su cuarto, por fin, esta salía. Se miró una vez más en el espejo y de nuevo, Gloria, tuvo que halarla.

— Si hoy no me dice que se sea su novia… lo mato —sentenció Abril.

Salimos a toda prisa, pues ya estábamos con media hora de retraso. Tomamos el subterráneo y luego de una hora de viaje, llegamos a la estación de San Martín; Abril, que vio que los muchachos que nos esperaban ya estaban a punto de partir, corrió y desde la baranda, alzando los brazos, exclamó:

— ¡Hey chicos… ya llegamos! —el grito surtió efecto, pues Abril, con un ademan, nos indicó que bajáramos.

Un grupo de siete jóvenes, amigos del colegio de Gloria y Abril, nos esperaban impacientes; todos, montados en sus bicicletas, armados con sus cascos y vestidos con sudadera. Entre saludos, risas y bromas, pasaron unos veinte minutos, hasta que por fin, unos de los muchachos, atinó a decir:

— No nos iremos a quedar aquí, ¿o sí? —todos reímos—. Vinimos a montar en bici y a disfrutar de esta hermosa mañana.
— Paolo tiene razón —dijo ahora, una de las chicas.
— Dense prisa a alquilar sus bicicletas, muchachos —dijo Paolo, refiriéndose a nosotros.
Work type Narrative, Essay
Tags muerte., cuento corto, narrativa, vida

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Identifier 1711234917581
Entry date Nov 23, 2017, 11:06 PM UTC
License Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0

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Author. Holder Eder Vidinick Melo Torres. Date Nov 23, 2017.


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