TIEMPO DESPUÉS

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Gloria entró al apartamento y yo me quedé inmóvil, justo en la entrada de la habitación que había sido dispuesta para mí; ella dejó sus cosas en el sillón y dio un suspiro, en señal de cansancio. Cuando dio media vuelta, su mirada se cruzó con la mía y no creí posible, dar un paso sin hacer el ridículo. Ella esbozó una enorme sonrisa y el cansancio que segundos antes parecía querer vencerla, quedó a un lado. Entretanto, yo seguía inmóvil. Aún no creía que estuviera en su ciudad, frente a ella. Enseguida, las 19 horas de idas y venidas, llegaron a mi mente y me dije: ¡idiota… claro que estás frente a ella! ¿O es que acaso no la reconoces? Mira su rostro… su cabello y su bonita sonrisa, ¡claro que es ella… tonto! ¡Ve y dile algo… no te quedes como un tontarrón ahí de pie! ¡Vamos… vamos, Artur, rápido! Le correspondí también con una sonrisa y aunque no había visto el gesto de mi cara, sabía que la cara de idiota había salido a flote. Caminé hacia Gloria, pensando en ese breve espacio de tiempo, qué le diría. ¡Qué estúpido soy… Ana, tenía razón! No encontraba las palabras ni siquiera una frase aparente para corresponder a su llegada. Mi mente ahora estaba en blanco; mi corazón se aceleró, pues Gloria, también comenzó a caminar hacia mí, pero ella, se mostraba más decidida. La tomé de la mano y le hice una suave caricia, para luego, posar con suavidad mis manos sobre sus pómulos y darle un tierno beso —nuestro primer beso—, que ella correspondió con la misma ternura.

— Te extrañé —dijo ella.
— Yo también —dije—. Extrañaba esa hermosa sonrisa en tu rostro —Gloria, sonrió.
— Me siento apenada contigo por no haber podido ir a recogerte… debes disculparme —dijo Gloria, con desmesurada ternura.
— La culpa ha sido del mal tiempo —repliqué riendo—; además, tenías que estar presente en esa reunión.
— Qué pena, mi amor… pero ni siquiera he preguntado si has comido algo.
— Si lo hizo —dijo Abril, desde la entrada de su cuarto y que con la puerta entreabierta parecía haber estado mirando desde hacía un rato. Gloria y yo, echamos a reír.
— Sí, es verdad —me limité a decir.
— Pero tranquila Goga, no lo llevé a comer carne —replicó Abril, que sonrió; de nuevo, nosotros reímos—, ese privilegio desde luego, lo tendrás tú —añadió.

Narrative, Essay
narrativa
vida
cuento corto
muerte.

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Eder Vidinick Melo Torres
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Title TIEMPO DESPUÉS
Gloria entró al apartamento y yo me quedé inmóvil, justo en la entrada de la habitación que había sido dispuesta para mí; ella dejó sus cosas en el sillón y dio un suspiro, en señal de cansancio. Cuando dio media vuelta, su mirada se cruzó con la mía y no creí posible, dar un paso sin hacer el ridículo. Ella esbozó una enorme sonrisa y el cansancio que segundos antes parecía querer vencerla, quedó a un lado. Entretanto, yo seguía inmóvil. Aún no creía que estuviera en su ciudad, frente a ella. Enseguida, las 19 horas de idas y venidas, llegaron a mi mente y me dije: ¡idiota… claro que estás frente a ella! ¿O es que acaso no la reconoces? Mira su rostro… su cabello y su bonita sonrisa, ¡claro que es ella… tonto! ¡Ve y dile algo… no te quedes como un tontarrón ahí de pie! ¡Vamos… vamos, Artur, rápido! Le correspondí también con una sonrisa y aunque no había visto el gesto de mi cara, sabía que la cara de idiota había salido a flote. Caminé hacia Gloria, pensando en ese breve espacio de tiempo, qué le diría. ¡Qué estúpido soy… Ana, tenía razón! No encontraba las palabras ni siquiera una frase aparente para corresponder a su llegada. Mi mente ahora estaba en blanco; mi corazón se aceleró, pues Gloria, también comenzó a caminar hacia mí, pero ella, se mostraba más decidida. La tomé de la mano y le hice una suave caricia, para luego, posar con suavidad mis manos sobre sus pómulos y darle un tierno beso —nuestro primer beso—, que ella correspondió con la misma ternura.

— Te extrañé —dijo ella.
— Yo también —dije—. Extrañaba esa hermosa sonrisa en tu rostro —Gloria, sonrió.
— Me siento apenada contigo por no haber podido ir a recogerte… debes disculparme —dijo Gloria, con desmesurada ternura.
— La culpa ha sido del mal tiempo —repliqué riendo—; además, tenías que estar presente en esa reunión.
— Qué pena, mi amor… pero ni siquiera he preguntado si has comido algo.
— Si lo hizo —dijo Abril, desde la entrada de su cuarto y que con la puerta entreabierta parecía haber estado mirando desde hacía un rato. Gloria y yo, echamos a reír.
— Sí, es verdad —me limité a decir.
— Pero tranquila Goga, no lo llevé a comer carne —replicó Abril, que sonrió; de nuevo, nosotros reímos—, ese privilegio desde luego, lo tendrás tú —añadió.
Work type Narrative, Essay
Tags narrativa, vida, cuento corto, muerte.

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Registry info in Safe Creative

Identifier 1710274657747
Entry date Oct 27, 2017, 3:22 AM UTC
License Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0

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Author. Holder Eder Vidinick Melo Torres. Date Oct 27, 2017.


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