LA GRAN CIUDADELA

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— Quiero que todos cierren sus ojos y griten: ¡buenas noches!
— ¡BUENAS NOCHES!
— Muchos se habrán imaginado la luna o el cielo oscuro lleno de estrellas —todos reímos—. Otros, bueno… otros habrán imaginado estar acostados en sus camas y recibiendo el beso de buenas noches de parte de sus mamás —de nuevo, todos reímos. Con esta divertidísima apertura, el profesor nos daba la bienvenida a nuestra primera clase de teatro.

Después de una agitada e intensa semana llena de contratiempos, por fin había llegado el comienzo del curso que la academia bautizaba como: introducción al realismo teatral. Éramos quince jóvenes inscritos y ansiosos de emprender esta travesía que a medida que avanzaría el curso, se convertiría en una experiencia en verdad fascinante.

— Mantengan los ojos cerrados y ahora… —continuó el profesor— quiero que encuentren a su compañero más próximo de sexo opuesto —se escucharon ahora pequeños murmullos que hicieron denotar la dificultad del ejercicio—. Lo sé, apenas se conocen y una vez estuvieron en el salón, les hice cerrar los ojos, pero vamos… traten de recordar.

Algunos lograron encontrar a un compañero, otros ni siquiera pudieron moverse y unos pocos, chocamos y tropezamos, hasta que el profesor, nos ordenó que nos mantuviéramos quietos y nos guío hasta nuestro compañero más cercano.

— Bien, eso estuvo divertido y difícil… ¿cierto?
— ¡SÍ! —gritamos al unísono como niños chiquitos.
— Ahora, pondré a prueba su imaginación —el profesor hizo silencio como procurando darle cierto toque de misterio—. Quiero que toquen el rostro de su compañero… vamos, sin miedo, sin pena… quizás ese compañero se convierta en su… no sé —risas—. Cada uno, describirá a su compañero según lo que haya palpado, eso claro, ayudado de su imaginación… pero, sí… existe un pero —exclamó el profesor, ante el murmullo, que de nuevo anunciaba una nueva ocurrencia llena de dificultad—. Quiero que describan a sus compañeros, como animales —de nuevo, todos reímos.

Todo tipo de animales saltaron de la imaginación de cada uno de nosotros, incluso, hubo varios compañeros que se atrevieron a hacer descripciones basadas en dinosaurios y seres salidos de la televisión. Una vez el profesor nos pidió que abriéramos los ojos, nos llevamos la grata sorpresa de que no solo la señorita Valeria se encontraba entre nosotros, sino también, Ashanti Ferrati. El ejercicio había probado que estábamos tan sumergidos en la expectativa del inicio del curso, que habíamos ignorado la persona que había pasado con cada uno de nosotros por lo menos quince minutos dentro de una oficina preguntándonos sobre nuestras vidas. Ashanti, fue la primera en hablar.

— Les doy la bienvenida, muchachos —dijo con voz casi de tenor: potente, clara e inspiradora—. Yo, al igual que el profesor Héctor, también les estaré impartiendo algunas lecciones. A la gran mayoría de ustedes no los conozco, aunque a uno o dos, ya los he estado observado —en ese momento, sentí su mirada sobre mí y a pesar de que solo fueron unos pocos segundos, aquella fijación de sus ojos en los míos, me parecieron perpetuos—. Espero serles de gran ayuda y que así como deseo que aprendan muchísimo de mí, yo también deseo aprender de ustedes.

Narrative, Essay
narrativa
vida
cuento corto
muerte.

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Eder Vidinick Melo Torres
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Title LA GRAN CIUDADELA
— Quiero que todos cierren sus ojos y griten: ¡buenas noches!
— ¡BUENAS NOCHES!
— Muchos se habrán imaginado la luna o el cielo oscuro lleno de estrellas —todos reímos—. Otros, bueno… otros habrán imaginado estar acostados en sus camas y recibiendo el beso de buenas noches de parte de sus mamás —de nuevo, todos reímos. Con esta divertidísima apertura, el profesor nos daba la bienvenida a nuestra primera clase de teatro.

Después de una agitada e intensa semana llena de contratiempos, por fin había llegado el comienzo del curso que la academia bautizaba como: introducción al realismo teatral. Éramos quince jóvenes inscritos y ansiosos de emprender esta travesía que a medida que avanzaría el curso, se convertiría en una experiencia en verdad fascinante.

— Mantengan los ojos cerrados y ahora… —continuó el profesor— quiero que encuentren a su compañero más próximo de sexo opuesto —se escucharon ahora pequeños murmullos que hicieron denotar la dificultad del ejercicio—. Lo sé, apenas se conocen y una vez estuvieron en el salón, les hice cerrar los ojos, pero vamos… traten de recordar.

Algunos lograron encontrar a un compañero, otros ni siquiera pudieron moverse y unos pocos, chocamos y tropezamos, hasta que el profesor, nos ordenó que nos mantuviéramos quietos y nos guío hasta nuestro compañero más cercano.

— Bien, eso estuvo divertido y difícil… ¿cierto?
— ¡SÍ! —gritamos al unísono como niños chiquitos.
— Ahora, pondré a prueba su imaginación —el profesor hizo silencio como procurando darle cierto toque de misterio—. Quiero que toquen el rostro de su compañero… vamos, sin miedo, sin pena… quizás ese compañero se convierta en su… no sé —risas—. Cada uno, describirá a su compañero según lo que haya palpado, eso claro, ayudado de su imaginación… pero, sí… existe un pero —exclamó el profesor, ante el murmullo, que de nuevo anunciaba una nueva ocurrencia llena de dificultad—. Quiero que describan a sus compañeros, como animales —de nuevo, todos reímos.

Todo tipo de animales saltaron de la imaginación de cada uno de nosotros, incluso, hubo varios compañeros que se atrevieron a hacer descripciones basadas en dinosaurios y seres salidos de la televisión. Una vez el profesor nos pidió que abriéramos los ojos, nos llevamos la grata sorpresa de que no solo la señorita Valeria se encontraba entre nosotros, sino también, Ashanti Ferrati. El ejercicio había probado que estábamos tan sumergidos en la expectativa del inicio del curso, que habíamos ignorado la persona que había pasado con cada uno de nosotros por lo menos quince minutos dentro de una oficina preguntándonos sobre nuestras vidas. Ashanti, fue la primera en hablar.

— Les doy la bienvenida, muchachos —dijo con voz casi de tenor: potente, clara e inspiradora—. Yo, al igual que el profesor Héctor, también les estaré impartiendo algunas lecciones. A la gran mayoría de ustedes no los conozco, aunque a uno o dos, ya los he estado observado —en ese momento, sentí su mirada sobre mí y a pesar de que solo fueron unos pocos segundos, aquella fijación de sus ojos en los míos, me parecieron perpetuos—. Espero serles de gran ayuda y que así como deseo que aprendan muchísimo de mí, yo también deseo aprender de ustedes.
Work type Narrative, Essay
Tags narrativa, vida, cuento corto, muerte.

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Identifier 1709093481923
Entry date Sep 9, 2017, 7:08 PM UTC
License Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0

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Author. Holder Eder Vidinick Melo Torres. Date Sep 9, 2017.


Information available at https://www.safecreative.org/work/1709093481923-la-gran-ciudadela
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