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PARTE 7 de la novela: "Flor y música para el funeral de Elisa". Novela llena de emoción, intriga , amor y suspense.
Cinco minutos más tarde, Genoveva salió a la calle, buscó una joyería de compras y ventas de oro y plata. Se le acercó un hombre mayor.
“Hola, buenas tardes, ¿Qué desea?
“Hola, quisiera vender algunas joyas” Genoveva sacó de su bolso dos pulseras de oro, un cordón, tres anillos, incluida la alianza de casada y unos pendientes.
“El precio de todo su oro dependerá de su peso”, dijo el joyero.
“Lo comprendo, pese las joyas y dígame cuanto me puede dar por ellas”.
“Mil seiscientos euros”, dijo el hombre.
“De acuerdo, las vendo” dijo Genoveva decidida.
“Las joyas permanecerán quince días en depósito, si usted viene con este tique, con los mil seiscientos euros más el quince por ciento, puede usted llevarse sus joyas, si no es así las joyas se pondrán en venta” el joyero le explicó sus condiciones.
“Estoy de acuerdo señor, muchas gracias”. Genoveva cogió el dinero y salió de la joyería.
No quería andar por la calle con el dinero en el bolso, pero a la vez, quería pasar por aquella calle, donde estaba la consulta aquel psiquiatra tan raro. Genoveva llegó hasta el portal, se quedó mirando hacia a riba, no alcanzaba a ver nada. Se marchó hacia la pensión, mejor olvidar lo ocurrido, pensó Genoveva.
Ya era las dos menos cuarto, cuando llegó al hostal, Genoveva se acercó hasta la cocina y saludó a Montse.
“Huele muy rico Montse”
“Sí, y muy sano, de primer plato hay sopa de mariscos, de segundo merluza con patatas asadas, y ensalada”.
“De lujo Montse. Subo y enseguida bajo a comer, hoy tengo prisa Montse, he quedado con Fabrizia”.
Genoveva ya estaba a punto de salir de la habitación, cuando llamaron a la puerta. Era Jorge, el camarero del hostal.
“Señora Genoveva, le llaman por teléfono”.
“Oh, voy en seguida Jorge, gracias”
“Será fabrizia, espero que no se anule la cita que tenemos para ver el piso a las cuatro”, iba comentando al chico mientras se acercaba al teléfono”.
“No sé quién está al teléfono, doña Montserrat me ha mandado avisarla”.
“Gracias Jorge”.
“Hola, dígame, hola”.
Después de unos segundos de silencio, una voz masculina contestó.
“Hola Genoveva, que tal estás”.
“Quien es usted, no le conozco”.
“Sí me conoce, yo la conozco, nosotros nos conocemos”
El corazón de Genoveva empezó a latirle cada vez más fuerte. Aquella voz era la del psiquiatra, sin dudas. Estaba loco.
“¿Estás ahí, Genoveva?”
“¿Quién le ha dado este número de teléfono?”
“Pero, como no voy a tener el teléfono de mi paciente, no sería profesional, tengo la lista de todos los enfermos mentales que he tratado, y por supuesto, a todos localizados”.
“Yo no soy su paciente, y no me vuelvas a llamar”.
“Tranquilízate Genoveva, te he llamado porque me preocupa tu salud. Te atenderé el jueves de la semana próxima, a las siete y media de la tarde”.
“Le he dicho que yo no soy su paciente, no me molestes más o me veré obligada a llamar a la policía. ¡Déjeme en paz!”.
“¡No cuelgues!” gritó el individuo.
Genoveva colgó el teléfono, y se fue para la mesa de siempre, Les temblaban las piernas, se sentó. Apenas podía hablar, su garganta estaba seca. El camarero se acercó a ella, le pregunto qué iba a tomar. Pidió agua. Genoveva, marcharse a la habitación, pero no quería faltar a la cita con Fabrizia, tenía que ver el apartamento, ahora le urgía marcharse de allí. Aquel asesino tenía el teléfono del hostal, sabía que ella estaba ahí. Pero, como había averiguado todo eso, y con qué intención. Se preguntaba Genoveva y no obtenía respuestas.
El camarero le trajo el agua y el cestito con el pan y los cubiertos. Bebió un trago del agua, miró a su alrededor, en el comedor había pocas personas, en la barra una pareja tomando unos vinos, en la mesa de al lado dos obreros vestidos de azul y marrón, tomando cervezas y comiendo el menú.
Genoveva, estaba pensativa, la llamada que recibió le preocupada.
Montse se acercó a la mesa con el plato de sopa, Genoveva se sobresaltó.
“¿Todo va bien Genoveva, noticia del pueblo?”, preguntó la mujer al verla preocupada.
“No son noticias del pueblo. Todo está bien, Montse”.
“Que aproveche, en un momento te sirvo el segundo plato”
“Gracias, Montse, pero con este plato será suficiente”.
“El postre no me lo rechaces”, le dijo sonriendo la dueña del hostal.
“¿Y Qué hay de postre?” le preguntó con una breve sonrisa.
“Crema catalana, y es mi especialidad”
“Estoy deseando probarla”
Eran las tres cuando Genoveva acabó de comer, le daba tiempo para subir a la habitación, lavarse los dientes y marcharse para encontrarse con su amiga la italiana. Así lo hizo.
CONTINUA...
Autor Lola Barea
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Title PARTE Siete de la novela
PARTE 7 de la novela: "Flor y música para el funeral de Elisa". Novela llena de emoción, intriga , amor y suspense.
Cinco minutos más tarde, Genoveva salió a la calle, buscó una joyería de compras y ventas de oro y plata. Se le acercó un hombre mayor.
“Hola, buenas tardes, ¿Qué desea?
“Hola, quisiera vender algunas joyas” Genoveva sacó de su bolso dos pulseras de oro, un cordón, tres anillos, incluida la alianza de casada y unos pendientes.
“El precio de todo su oro dependerá de su peso”, dijo el joyero.
“Lo comprendo, pese las joyas y dígame cuanto me puede dar por ellas”.
“Mil seiscientos euros”, dijo el hombre.
“De acuerdo, las vendo” dijo Genoveva decidida.
“Las joyas permanecerán quince días en depósito, si usted viene con este tique, con los mil seiscientos euros más el quince por ciento, puede usted llevarse sus joyas, si no es así las joyas se pondrán en venta” el joyero le explicó sus condiciones.
“Estoy de acuerdo señor, muchas gracias”. Genoveva cogió el dinero y salió de la joyería.
No quería andar por la calle con el dinero en el bolso, pero a la vez, quería pasar por aquella calle, donde estaba la consulta aquel psiquiatra tan raro. Genoveva llegó hasta el portal, se quedó mirando hacia a riba, no alcanzaba a ver nada. Se marchó hacia la pensión, mejor olvidar lo ocurrido, pensó Genoveva.
Ya era las dos menos cuarto, cuando llegó al hostal, Genoveva se acercó hasta la cocina y saludó a Montse.
“Huele muy rico Montse”
“Sí, y muy sano, de primer plato hay sopa de mariscos, de segundo merluza con patatas asadas, y ensalada”.
“De lujo Montse. Subo y enseguida bajo a comer, hoy tengo prisa Montse, he quedado con Fabrizia”.
Genoveva ya estaba a punto de salir de la habitación, cuando llamaron a la puerta. Era Jorge, el camarero del hostal.
“Señora Genoveva, le llaman por teléfono”.
“Oh, voy en seguida Jorge, gracias”
“Será fabrizia, espero que no se anule la cita que tenemos para ver el piso a las cuatro”, iba comentando al chico mientras se acercaba al teléfono”.
“No sé quién está al teléfono, doña Montserrat me ha mandado avisarla”.
“Gracias Jorge”.
“Hola, dígame, hola”.
Después de unos segundos de silencio, una voz masculina contestó.
“Hola Genoveva, que tal estás”.
“Quien es usted, no le conozco”.
“Sí me conoce, yo la conozco, nosotros nos conocemos”
El corazón de Genoveva empezó a latirle cada vez más fuerte. Aquella voz era la del psiquiatra, sin dudas. Estaba loco.
“¿Estás ahí, Genoveva?”
“¿Quién le ha dado este número de teléfono?”
“Pero, como no voy a tener el teléfono de mi paciente, no sería profesional, tengo la lista de todos los enfermos mentales que he tratado, y por supuesto, a todos localizados”.
“Yo no soy su paciente, y no me vuelvas a llamar”.
“Tranquilízate Genoveva, te he llamado porque me preocupa tu salud. Te atenderé el jueves de la semana próxima, a las siete y media de la tarde”.
“Le he dicho que yo no soy su paciente, no me molestes más o me veré obligada a llamar a la policía. ¡Déjeme en paz!”.
“¡No cuelgues!” gritó el individuo.
Genoveva colgó el teléfono, y se fue para la mesa de siempre, Les temblaban las piernas, se sentó. Apenas podía hablar, su garganta estaba seca. El camarero se acercó a ella, le pregunto qué iba a tomar. Pidió agua. Genoveva, marcharse a la habitación, pero no quería faltar a la cita con Fabrizia, tenía que ver el apartamento, ahora le urgía marcharse de allí. Aquel asesino tenía el teléfono del hostal, sabía que ella estaba ahí. Pero, como había averiguado todo eso, y con qué intención. Se preguntaba Genoveva y no obtenía respuestas.
El camarero le trajo el agua y el cestito con el pan y los cubiertos. Bebió un trago del agua, miró a su alrededor, en el comedor había pocas personas, en la barra una pareja tomando unos vinos, en la mesa de al lado dos obreros vestidos de azul y marrón, tomando cervezas y comiendo el menú.
Genoveva, estaba pensativa, la llamada que recibió le preocupada.
Montse se acercó a la mesa con el plato de sopa, Genoveva se sobresaltó.
“¿Todo va bien Genoveva, noticia del pueblo?”, preguntó la mujer al verla preocupada.
“No son noticias del pueblo. Todo está bien, Montse”.
“Que aproveche, en un momento te sirvo el segundo plato”
“Gracias, Montse, pero con este plato será suficiente”.
“El postre no me lo rechaces”, le dijo sonriendo la dueña del hostal.
“¿Y Qué hay de postre?” le preguntó con una breve sonrisa.
“Crema catalana, y es mi especialidad”
“Estoy deseando probarla”
Eran las tres cuando Genoveva acabó de comer, le daba tiempo para subir a la habitación, lavarse los dientes y marcharse para encontrarse con su amiga la italiana. Así lo hizo.
CONTINUA...
Autor Lola Barea
Work type Literary: Other
Tags otros., sonetos, antología poética, cuentos, fábulas, relatos
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Registry info in Safe Creative
Identifier 1708153293131
Entry date Aug 15, 2017, 8:39 AM UTC
License Creative Commons Attribution 4.0
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Copyright registered declarations
Author. Holder Lola Barea Barrera. Date Aug 15, 2017.
Information available at https://www.safecreative.org/work/1708153293131-parte-siete-de-la-novela