No tiene precio.
No.
No tiene precio sentarse en el duelo pero reconfortante suelo de la terraza
Leyendo un buen libro de tu autor favorito
Mientras la brisa cálida del atardecer un día cualquiera te acaricia la cara.
El campanario de la iglesia a lo lejos con sus campanas deseosas de tañer.
Las farolas hambrientas de luz.
Los molinos moviendo veloces en sus aspas.
Las ventanas emanan esa luz que es propia del calor familiar.
Los tejados lúgubres que se tragan la oscuridad previas a la